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01/02/2019 07:20 CET | Actualizado 01/02/2019 07:20 CET

Al anónimo que vinculó un vídeo pornográfico con mi nombre

Getty Images

Querido anónimo:

Quiero que sepas que esta carta no es por ti, esta carta es por mí, porque quiero seguir quitando ese peso innecesario que pusiste en mi espalda.

Me dirijo a ti así porque no sé tu nombre, porque no sé si eres hombre o mujer, si eres conocido o desconocido, si te he visto o si hemos cruzado palabra siquiera. Te escondes en el sucio mundo de la cobardía, bajo el anonimato para hacer el mal.

Decidiste vincular un vídeo pornográfico conmigo y reenviarlo en el infinito de Whatsapp.

Al principio hasta pensé que era broma. Me reí cuando mi mejor amiga me contó el rumor, y no me pasó por la cabeza el nivel al que llegaría tu gran obra o momento de ocio.

Cuando llegué a la escuela el día 27 de agosto —imposible olvidar la fecha— me cambiaste por completo. Para mí era un día normal, iba de buen humor y feliz, y eso lo cambiaste en tres segundos.

Me enteré que un vídeo estaba circulando con mi nombre. Primero no le di la mínima importancia porque yo nunca he hecho algo así y, honestamente, no dimensionaba lo que esto implicaría en mi salud mental, en mi paz y en mi entorno social.

Pero el chisme y el morbo lograron esparcir la conversación como espuma. En cuestión de minutos me convertí en la plática y la crítica del momento. Para la gente es muy fácil creer cada palabra dicha en las redes. Para la gente es muy fácil hablar, señalar, agredir. No miden el impactoque puedan tener esas palabras en los demás.

Con tal de que un vídeo tenga tu nombre, ¿lo hace tuyo? Anónimo, déjame decirte que no. Lo que tú intentaste con esto fue tirarme al piso y hacer que nunca me levantara; que no lo hablara, que no lo denunciara.

Quizás no he sido tu primera víctima. Crees que esconderte atrás de una pantalla te hace valiente. Crees que te da poder.

Creaste tu plan y muchos se unieron a tu causa para destruir, reír, humillar, juzgar, y así, alimentar el alma de personajes simplemente vacíos. Esas personas que vieron, compartieron o guardaron el vídeo, conociéndome o sin conocerme, son tus cómplices.Igual de cobardes que tú.

Te alegrará saber que ese día fue terrible para mí, probablemente de los peores de mi vida. Hablar con mis papás, conseguir ver el vídeo... porque por irónico que suene, parece ser que fui de las últimas en verlo.

Tengo que admitir que le echaste ganas, muchas ganas. Un vídeo en el que la niña que aparece no se le ve la cara, sino que solo se deja ver el pelo güero... ¿Y qué decir de los espectadores? Bastó con que agregaras mi nombre para que creyeran que era yo. Lo más increíble, pienso, es que buscaban y ansiaban que la persona del vídeo fuera yo.

Pánico, lágrimas, enojo, frustración, humillación, tristeza y hasta un ataque de pánico... Todos esos sentimientos los viví ese día al máximo nivel. Te pensé mil veces. ¿Quién eres? ¿Por qué haces esto? ¿Cómo lo hiciste? ¿Me conoces? ¿Es una broma?

No. Esto era un secuestro. No sabía de dónde venía, ni qué hacer. Solo quería recuperar mi nombre, mi dignidad y mi paz.

Días después, mis papás informaron al colegio y me llevaron con un abogado penalista.

Aquí empiezan las cosas buenas que me dejaste.

Eduardo Amerena escuchó mi historia con gran interés. Me habló de los derechos que tengo como niña de 17 años, así como las diferentes opciones que hay para poder escoger la mejor.

Claro y preciso, pero sobre todo humano y comprometido. Era un caso de difamación, de cyberbullying, pero también era yo: una niña con voz que puede ser escuchada.

Me alentó, me empoderó y me ayudó a estar aquí parada. Me informó de los muchos casos de gente que sufre difamación o cyberbullying, y de cómo no logran salir adelante, ya que la depresión, la ansiedad y hasta el suicidio tristemente ganan.

Ahora, junto con su equipo de trabajo vamos a pelear contra personas como tú y todas aquellas involucradas, y entonces la Ley determinará las consecuencias para ustedes.

No fue un proceso nada fácil, es la verdad, fue muy largo, doloroso y cansado. Esto no se arregla ni se soluciona en dos días, toma varios meses, pero si de algo estoy segura es que vale la pena.

Y no, no creo en el rencor porque eso nos lleva a sentirnos inseguros y con miedo. Y eso es lo que necesito que se vaya.

Pero no te confundas, no te tengo miedo a ti Anónimo, sino a revivir lo que sentí ese día. Por eso tengo que ponerme de pie ante ti y ante todo lo que tú significas y así enfrentarte.

Decidí que no voy a ir por la vida diciendo que el vídeo no es mío, porque no le debo a nadie una explicación. Lo que sí puedo cambiar, y es lo que hice, es alzar la voz y defenderme de ti por vincular un vídeo pornográfico con mi nombre.

Y no lo hago solo por mí, querido anónimo, lo hago por todas esas personas que se quedan estancadas y no salen, por la gente que no tiene acceso a un abogado, por los que no tienen la confianza o el valor de contárselo a alguien; por la gente que no lo logró y hasta los perdimos en el camino.

He aprendido que nadie nunca está solo y que cada persona es increíble, porque todos tenemos una voz, un nombre y una dignidad que nadie nos puede quitar. Y menos alguien como tú, alguien cobarde y sin valores.

Y al final sí, sí te quiero dar las gracias anónimo. ¿Qué crees?No estoy en el piso tirada. Estoy parada y con tacones, con la cabeza en alto y mucho más fuerte que ese día, con ganas de luchar por lo que no se vale, y por enseñarte que no puedes contra mí, ni contra nadie.

Aplaudo a esos caballeros que al saber del vídeo no le dieron importancia y me ayudaron en este proceso, por las mujeres que siempre me enseñaron su apoyo y respeto, por la gente que llegó a mi vida en el momento indicado, y que a pesar de lo difícil y duro que fue, siguen y van a seguir a mi lado.

Gracias por la gente que nunca creí que iba a estar para mí cuando más necesitaba a alguien, y apareció y estuvo cada día y cada segundo. Y gracias por la gente que creí que iba a estar y no estuvo porque ahora sé con quién cuento SIEMPRE y con quién no, que pase lo que pase hay gente que sigue teniendo ese corazón grande lleno de cosas buenas y por eso es que no se deja guiar por lo que tú Anónimo creíste tener bajo control.

Gracias a ti aprendí a distinguir quién sí, quién no y quién nunca.

Así que de pie, firmes y a levantar la voz. Nadie nos puede hacer caer nunca ni hacernos sentir solos. Somos mucho más fuertes que toda esa gente que nos quiere ver abajo. Todos vamos para arriba y sí, estoy agradecida con la vida. Si durante esto nunca olvidé quién era, siempre voy a estar segura de quién soy y todavía más segura de lo que puedo hacer y lograr.

A diferencia tuya, que vives recóndito en la oscuridad; a diferencia de ti que me atacaste sin razón y por la espalda, yo sí te doy la cara, yo sí firmo esta carta.

Me llamo Ana Grebe.

PD. Y no te preocupes, que no se me va a olvidar saludarte cuando logre llegar a la cima.

Este post se publicó originalmente en el HuffPost México.