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07/03/2018 07:32 CET | Actualizado 07/03/2018 07:32 CET

Aquí y ahora, dentro de mí

Getty Images

Me mandó un amigo hace unos días una charla Ted de esas que te hacen pensar más de un rato y, sobre todo, te hacen volver a conectarte, también más de un rato, con el sentir. Una conferencia tan intensa como emotiva sobre cómo tenemos dentro de cada uno de nosotros la posibilidad de elegir la manera de estar y de relacionarnos en y con el mundo.

La impartía una científica estudiosa del cerebro, neuroanatomista, que trabaja en el departamento de Psiquiatría de la Universidad de Harvard, Jill Bolte Taylor, que decidió cursar sus estudios para comprender la diferencia entre su cerebro y el de su hermano, esquizofrénico; para entender cómo podía ella vincular sus sueños con el mundo que la rodea, para hacerlos realidad; sin embargo esa conexión era imposible para su hermano.

Es especialmente emocionante escucharla expresar con vehemencia su comprobación de que estamos completos, lo tenemos todo dentro y somos perfectos, parte de un mismo Todo

'El derrame de la iluminación' es el título de su charla en la que cuenta su experiencia al sufrir, bueno, más bien gozar, una hemorragia en el hemisferio izquierdo del cerebro; el encargado del pasado y del futuro, el que se comunica a través del lenguaje, el que categoriza, el que nos hace resolutivos, nos permite hablar y leer y escribir, el que recuerda que hay que poner una lavadora o comprar plátanos antes de volver a casa. Todo eso quedó prácticamente inutilizado para Jill Bolte Taylor durante cuatro horas.

En ese tiempo se dedicó al aquí y ahora, fue solo energía diluida con el resto de energía que la circundaba, un todo con el universo, sin separación, sin identidad propia. Solo veía imágenes, así se comunica el hemisferio derecho, y era capaz de sentir el olor, el sabor, el sonido, los colores del momento que estaba viviendo. Estaba en medio de una explosión de sinestesia. Se difuminaron los límites de su cuerpo y se reconoció en el nirvana. Con la mente en silencio, en paz, maravillada por la magnificencia de la situación. Con dificultad para salir de la ducha, pero sin sentir que esto fuera realmente un problema.

Los ramalazos que de vez en cuando le llegaban del hemisferio izquierdo, no del todo anulado, fueron los que la movieron a pedir ayuda. Así, salvó la vida, para su sorpresa, y después de ocho años logró recuperarse del todo, empujada por la necesidad de compartir con el mundo el regalo vital que el derrame había supuesto para ella.

No hay necesidad de vivir un trauma para ser conscientes del potencial que nos acompaña y explotarlo para nuestro bienestar diario

Es especialmente emocionante escucharla expresar con vehemencia su comprobación de que estamos completos, lo tenemos todo dentro y somos perfectos, parte de un mismo Todo. Afirma con rotundidad, tras haberlo sentido en plenitud, que los seres humanos somos hermanos y estamos aquí para hacer de este un lugar mejor para vivir. Estas sensaciones están dentro de nuestros cuerpos, en el hemisferio derecho de nuestros cerebros, y tenemos la posibilidad de elegirlas.

No hay necesidad de vivir un trauma para ser conscientes del potencial que nos acompaña y explotarlo para nuestro bienestar diario.

Desde la autoridad que le da su conocimiento científico y su experiencia, Jill Bolte Taylor nos invita a disfrutar de nuestro hemisferio derecho, pues "cuánto más tiempo pasemos eligiendo utilizar los circuitos de profunda paz interior, más paz proyectaremos en el mundo y más pacífico será nuestro planeta".

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