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05/04/2018 07:27 CEST | Actualizado 05/04/2018 07:27 CEST

Capitalismo canalla no, lo siguiente

Getty Images/fStop

Tres anécdotas independientes sobre las lindezas del libre mercado.

Turismoestafa

Primera anécdota: en Semana Santa nos hemos ido de viaje a Tenerife. Hemos usado esa plataforma tan maravillosa llamada Booking para reservar una noche en un apartamento bastante barato. Después de haber hecho la reserva, el apartamento nos manda (a través de Booking) un email donde nos dice que la reserva no se ha podido realizar y que se cancelará automáticamente si no la volvemos a hacer en un plazo máximo de veinticuatro horas. Nos parece extraño, nadie atiende el teléfono y cometemos el gran error de reservar otro hostal... con la sorpresa de que el apartamento finalmente nos cobra. Y no solo nos cobra el precio de la habitación, sino un gasto extra (la famosa letra pequeña) de treinta euros en concepto de limpieza de una habitación que no hemos usado (lo que además le sirve para aparecer en Booking a un precio irreal y competir con otros lugares más baratos).

A partir de ahí, reclamamos a Booking y la plataforma nos devuelve los gastos de limpieza. De la noche que nos cobra el apartamento no nos reembolsa nada, ya que no había cancelación gratuita y supuestamente el email que recibimos era solo informativo. A Booking le comentamos nuestra insatisfacción. Saben que hemos protestado desde el principio, no que nos hayamos arrepentido de reservar una habitación dos semanas después. Toleran la letra pequeña de los treinta euros de más y también saben que los responsables del apartamento nunca atienden al teléfono y que ni siquiera responden los emails en español. Hay indicios de que es un negocio que roza lo fraudulento (conservamos el email que nos mandaron de la cancelación automática) y Booking no se ha planteado cambiar las condiciones tramposas de aquellos a los que anuncian en su web.

Hemos reclamado en el banco y a FACUA. Nuestra confianza está depositada en ellos. No por recuperar el dinero, que es lo de menos, sino porque como consumidores nos sentimos totalmente vulnerables. Lo fácil que es pagar con tarjeta de crédito y que te cobren de más y lo lento y complicado que es que te devuelvan algo que cobraron por error o por avaricia.

Sanidad gratuita y universal

Segunda anécdota: una compañera de trabajo es extranjera y se pone enferma. Acude a un hospital público, la atienden, le hacen un chequeo y le recetan ibuprofeno. La cuenta por ese pedazo de consejo médico: más de sesenta euros. Sé que la atención sanitaria y los medicamentos tienen un coste y me consta que no siempre se valora adecuadamente, pero no sé en qué momento pasamos de ser una nación conocida por sufrir el turismo médico a un país en el que clavamos a un extranjero que vive y trabaja en España con todos los permisos en regla. Puede que otros lo vean como una simple descortesía administrativa o como un mal menor económico. A mí me parece un ejemplo típico de lo mucho que se perdió a partir de la crisis. Y si ese trato es el que damos desde antes de la crisis, cosa que dudo, habría que revertirlo hasta el momento en el que actuábamos con decencia y solidaridad.

Los variables

Tercera anécdota: me entero de que existe una modalidad de salario variable que ni se me había pasado por la cabeza. Para mí el variable era el suplemento salarial que podías obtener en una empresa si vendías más productos del mínimo fijado. Ese extra se suma a tu salario fijo y se premia tu buen hacer como trabajador. Pues bien, lo que descubro es que se empieza a implantar un variable que no está relacionado con los beneficios, sino con los costes. Parte de tu salario depende de que pagues menos a aquellos que trabajan contigo (externalizados, tercerizados o subcontratados). ¡La imaginación capitalista al poder!

Capitalismo canalla no, lo siguiente

Tres anécdotas independientes, puede que todas algo intrascendentes, pero sintomáticas del sistema capitalista del que tanto se vanaglorian algunos. Ese concepto del capitalista como aventurero empresarial puede ser cierto y no seré yo quien destruya una imagen tan idílica, siempre y cuando no nos olvidemos de ese otro capitalismo, el del canalla que te estafa y se alimenta de un sistema que tolera la inmoralidad y la mala fe. Lo dicho, un capitalismo canalla no, lo siguiente... un capitalismo de verdaderos cabronazos encantados de pisar todo lo que se ponga bajo sus pies.

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