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14/03/2019 07:23 CET | Actualizado 14/03/2019 07:23 CET

El alcalde de Málaga no tiene quien le escriba

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Cómo hacer oídos sordos sin dejar de aparentar que escuchas al ciudadano.

La sordera de mi alcalde

Francisco de la Torre, alcalde de Málaga, ha querido demostrar su cercanía y compromiso con los ciudadanos con un anuncio directo y amigable: "Quiero conocer tus propuestas para hacer Más Málaga. Las analizaremos y, si son viables, las incluiré en el programa de Gobierno 2019-2023". De la Torre ha facilitado un número de teléfono a través de la aplicación Whatsapp y ha anunciado este servicio ciudadano a los cuatro vientos (Twitter, Instagram, etc). Yo, ni corto ni perezoso (e ingenuo como quien más), "guasapeé" al alcalde para pedirle un esfuerzo más ambicioso en la peatonalización de la ciudad, que proteja y amplíe las zonas verdes... y por último, le animaba a impulsar una auténtica smart city, una etiqueta que no pasa necesariamente por gastarse casi doce mil euros en un paso de peatones "inteligente". ¿Adivinan qué me ha respondido el alcalde? O su equipo de colaboradores, que seguramente trabajará sin descanso para "escuchar" a los ciudadanos. Ahí va:

...

El alcalde no me ha respondido nada. Rien de rien. Esperaba un eufemismo que escondiera el siguiente mensaje: "Vamos a limpiarnos el culo con sus propuestas, pero gracias por participar". Ni eso. Aspiraba a ver un doble check azul en Whatsapp. ¡Qué va! Quizás sus ayudantes han sufrido tal bombardeo de propuestas que aún no han tenido tiempo de responderme; quizás están tan atareados con las obras del metro (se les echa la Semana Santa encima) que no han podido entrar en Whatsapp para que pueda ver el ansiado doble check azul. O quizás es lo que ya intuía: esa cercanía con el ciudadano es la impostura de moda porque el marketing político exige "proximidad" en estos tiempos turbulentos.

Cómo mueren las democracias

Lo que me preocupa y me duele de este ninguneo es que en todas partes están jugando con fuego. Macron propuso recientemente un gran debate nacional ("escuchar las inquietudes de la ciudadanía") para sofocar las protestas de los chalecos amarillos y combatir los populismos con más democracia. ¿Cómo se pretende calmar a los indignados si se ríen de ellos? ¿Con qué autoridad moral se juzgan los diversos populismos cuando todos se apuntan a esta irresponsable mascarada? ¿Cómo esperan dignificar los referéndum tras el denominado "problema catalán"? ¿Qué se puede esperar de las consultas si Pablo Iglesias solo se acuerda de las bases para que se pronuncien sobre la casa que decidió comprar? Así es como mueren las democracias.

Se ríen de la de la democracia directa, de la representativa y de la deliberativa, se cachondean de las dinámicas asamblearias, se chotean con la frustración ciudadana y se mean encima de quienes intentan reinventar los términos y límites de la política. Hay algo más doloroso (y peligroso) que el menosprecio: fingir aprecio y atención.

Para redondear la guasa pseudodemocrática, solo falta la guinda del pastel. Si el Consistorio lee este artículo, quizás se anime a fingir una vez más y me escriba vía Whatsapp: "Siento la tardanza. He leído tu propuesta y me parece muy interesante. La consideraremos para incluirla en el programa electoral. Atentamente, tu alcalde, el alcalde de todos los malagueños".

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