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28/02/2018 07:41 CET | Actualizado 28/02/2018 07:41 CET

El techo de hormigón de los 'sin techo'

Getty Images

Una vergüenza social que nadie va a solucionar.

Ensayo sobre la invisibilidad

Seamos cínicos: 40.000 personas "sin techo" no son demasiadas desde un punto de vista electoral. Por eso nadie va a solucionar el problema. Aunque algunos partidos tengan más sensibilidad social que otros, ninguno se lo tomará verdaderamente en serio. Si todos los indigentes votaran en una misma circunscripción y lo hicieran al mismo partido, ni siquiera llegarían a conseguir un escaño. Necesitarían ser unos veinte mil sin techo más. Seamos asquerosamente cínicos: ¡Tiempo al tiempo!

La pobreza energética y los desahucios han entrado en la agenda política, y eso es un avance, pero las personas sin hogar siguen siendo invisibles. En Ensayo sobre la lucidez, el premio Nobel de Literatura José Saramago narraba en clave política y filosófica lo que ocurriría si la mayoría de los electores votara en blanco. Falta un Ensayo sobre la invisibilidad donde las personas sin hogar fueran tantas que tuvieran poder para tumbar gobiernos en unas elecciones. Eso, de momento, no ocurrirá, y seguiremos mirando hacia otra parte sin reparar en los desposeídos, los parias sociales de este sistema tan poco humano, los excluidos cuyo ascensor social solo baja a la beneficencia.

Techos de cristal y techos de hormigón

Hay que romper el techo de cristal de las mujeres, una injusticia que rara vez se visibiliza. Y habría que romper el techo de hormigón de las personas sin hogar, una infamia que se deja ver en cada calle, aunque parezca tan transparente (invisible) como el susodicho techo de cristal. A los partidos políticos constitucionalistas se les llena la boca hablando de la Constitución, siempre y cuando no tengan que hablar de una vivienda digna. Se ponen nombres pintorescos a las calles de las ciudades y se olvidan del único nombre que reivindican las ONG dedicadas a ayudar a los sin techo: "Calle de Nadie debería vivir en la calle".

Hace unos años murió un periodista intentando retratar la vida de los sin techo. Aquella fatídica noticia no estimuló el periodismo de denuncia, tan solo permitió a su autor postularse como candidato al premio Darwin (la muerte más tonta del año). Teresa Gowan escribió un libro de sociología sobre los sin techo de California y ni siquiera en los círculos sociológicos se habla de ese estudio etnográfico. ¿Cómo mantener con vida la esperanza social? ¿Cómo entregar la caña y no el pescado cuando las personas sin hogar no tienen una cosa ni la otra? Nuestra falta de solidaridad y nuestra indiferencia es otro tipo alarmante de indigencia.

Un techo (durante una noche) como donativo

Acabo de hacer una donación a una fundación dedicada a las personas sin hogar. Sé que no servirá de mucho. Este oprobio no se soluciona con los pequeños donativos de cuatro altruistas de clase media. Ni con cuatrocientos. El problema de las personas sin hogar es estructural y requiere soluciones políticas verdaderamente ambiciosas.

Para romper el techo de hormigón de los sin techo, necesitamos un martillo... esperemos que la hoz no sea necesaria.

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