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06/03/2018 07:31 CET | Actualizado 06/03/2018 07:31 CET

En busca del hombre que me violó

AOL

La perturbadora historia de la periodista Joanna Connors.

Daré contigo, cabrón

No se confundan, el titular es equívoco: nadie me ha violado. A Joanna Connors sí. Te encontraré es su historia, el relato de sus miedos, del trauma de la violación. Los hechos son lo suficientemente escabrosos como para no querer escribir sobre ellos, pero cada vez que escucho a un tontopollas decir que los hombres sufrimos los mismos maltratos y abusos que ellas (solo que nadie da cuenta de ello porque hay una conspiración contra nosotros), me veo en la obligación de contrarrestar esa narrativa victimista con alguna historia verdadera.

Por supuesto que hay hombres que han sufrido agresiones y he ahí la trampa: el tontopollas de turno le dará la vuelta a la denuncia social y lo convertirá todo en una biografía paranoide sobre el acoso y el riesgo que sufrimos los tíos. Vayan a una charla adolescente sobre violencia de género. Siempre hay un listillo (o una listilla, pues me temo que las mujeres no se libran de esto) que saca a colación, desafiante, la cifra negra de los hombres muertos a manos de las mujeres. ¿Qué le enseñarán en casa? Siempre habrá un trol (venga, lo diré por tercera vez: un tontopollas) dispuesto a reventar una charla sobre el miedo de las mujeres a morir asesinadas con una queja sobre cómo su padre tuvo que pagar la manutención después de un doloroso divorcio.

Te encontraré, en busca del hombre que me violó es la tormentosa investigación de una mujer que intenta dar sentido a la horrible experiencia que nunca podrá borrar de su memoria.

La cultura del miedo y de la violación

Como habrá hombres (y mujeres) que dediquen su tiempo a negar la cultura de la violación, el patriarcado y el sexismo, yo emplearé esta entrada en todo lo contrario. No creo que la virtud esté, en este asunto, en el término medio, pues la equidistancia entre la negación y la aceptación no es otra cosa que la confusión, la duda y el escepticismo en el peor sentido de la palabra. El feminismo tendrá que contar mejor su lucha y refinar sus argumentos, pero no veo por qué debería retractarse (¿para someterse al hombre de nuevo?).

Joanna Connors cuenta la experiencia de su violación cuando tenía treinta años desde una sensación total de irrealidad: "Miré hacia abajo, al escenario de un pequeño teatro en el que estaba arrodillada frente a un hombre que blandía un cuchillo grande y oxidado a la altura de mi cuello, y me obligaba a chupársela". Pensó que moriría. Aunque sobrevivió, el miedo nunca la abandonó. Tenía miedo a volar en avión, a ir en coche con otra persona, a atravesar un puente, a los ascensores, a los espacios cerrados, a la oscuridad, a las multitudes... miedo, sobre todo, a no tener a sus hijos a la vista. Llegó a pensar que su marido abusaba de sus hijos. Por otra parte, David Francis (el violador) murió en prisión en el 2000, dieciséis años después de la violación. Tranquilos, no les he destripado nada importante, ahí empieza la historia.

Me encontraste y no soy de los tuyos

Seguro que algún hombre se ha indignado y ha preferido dedicar su tiempo al relato del psicólogo clínico de moda, Jordan Peterson. Me parece bien. No seré yo quien impida que los hombres hablen de la crisis de la masculinidad, aunque me parezca una completa frivolidad sacar ese tema como respuesta a un debate público en torno al acoso y las agresiones sexuales. Tampoco veo pertinente ni exacto hablar de puritanismo sexual o de caza de brujas en el contexto actual. No me parece justo y esa posición, por más que la sostengan algunos intelectuales, no es ir a contracorriente. Es ir a favor de la corriente de dominación masculina de toda la vida.

Ya saben, en el Huff pueden encontrarme y comprobar que no soy uno de los vuestros.

Hambre de historias

Para terminar, recomiendo otra lectura: Hambre, memorias de mi cuerpo de Roxane Gay, donde la autora conocida por el libro Mala feminista cuenta cómo su obesidad mórbida se entiende mejor al contar la violación en grupo que sufrió a los doce años.

Luego podemos seguir engordando nuestra autocomplacencia con los relatos hiperbólicos de hombres destrozados por pérfidas mujeres a los que violan en las cárceles... ah, no, que eso también es cosa de hombres.

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