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21/02/2018 07:44 CET | Actualizado 21/02/2018 07:44 CET

Malinchismo cinéfilo

Fotograma de 'Bosque de sombras' (2006) con Gary Oldman.
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Fotograma de 'Bosque de sombras' (2006) con Gary Oldman.

Papanatas con apego al cine extranjero que desprecian las producciones españolas.

La Malinche acude en socorro de los españolitos

Dicen que los franceses son chovinistas y creo que los españoles somos más bien todo lo contrario. ¿Cuál es el antónimo de chovinista? Nunca doy con un término exacto. ¿Extranjerismo? ¿Internacionalismo? Al parecer, en México se usa malinchismo para referirse a la actitud de quien muestra apego a lo extranjero con menosprecio de lo propio. Hasta la vetusta RAE lo recoge. El vocablo viene de la esclava y concubina de Hernán Cortés, que fue una pieza importante en la conquista de América. La Malinche, traidora (versión machista) o madre de la cultura mestiza (versión cosmopolita), ha parido una palabra que los españoles necesitábamos. Una extranjera nos proporciona algo que nosotros no sabemos darnos. ¡Menudo malinchismo!

Papanatas del cine extranjero

El malinchismo en el cine es descarado. Se ha convertido en uno de los grandes lugares comunes de nuestro provinciano país. El malinchista proclama sin pudor: "El cine español es una mierda". Ese supuesto cinéfilo que putea las pelis españolas y se come tan gustosotelefilmes estadounidenses en la sobremesa del domingo. Entendidos del cine que no ven películas francesas ni cine italiano. Esos haters del séptimo arte no saben diferenciar entre el cine inglés y el de Hollywood (igual que no saben diferenciar entre Coca Cola o Pepsi, aunque creen poder hacerlo con los ojos cerrados). Su película alemana favorita es Good Bye, Lenin! o El hundimiento porque no han visto otras. ¿Cine iraní? Menuda pedantería. ¿Y japonés? ¿Acaso hay algo que no sea Kurosawa, Kitano o Miyazaki? El cine español es un gran truño para aquellos que en realidad solo ven cine estadounidense. Es como si alguien despreciara el "plátano de Canarias" por su falta de sabor y nuncaprueba otros plátanos, ni manzanas, peras, fresas, sandíaso melocotón. Lo que no le gusta es la fruta. La analogía frutícola está muy clara, pero en el ámbito del cine se negarán los cargos (amparándose en pelis judiciales hollywoodienses, faltaría más).

Malinchismo extremo

En el cine español hay tantos prejuicios que se puede llegar a la conclusión extrema de que los malinchistas no quieren oír las voces originales españolas. Si alguien ve una película doblada al español, se le da más crédito porque significa que la película es extranjera. Los extranjeros se reirán de lo falso que es cualquier doblaje, pero aquí, como ciertamente tenemos grandes dobladores, agradeceremos la reconfortante recompensa de inyectarnos una peli de fuera sin tener que leer o aprender otro idioma. En el fondo, el director José Luis Garci, al que tanto habré criticado por su cine, es el gran genio español del séptimo arte porque doblaba a algunos de sus actores (españoles) al español. Quizás pensó que los malinchistas se tragarían que es una película extranjera y entonces no la putearían tanto. ¡Jugada maestra la de Garci!

Terapia contra el malinchismo

Empecemos tratando a los malinchistas con cine semiespañol, es decir, producciones españolas rodadas en otro idioma o coproducciones. Buried, Lo imposible, Un monstruo viene a verme o La librería serían las primeras que tendrían que digerir. Luego, series como Merlí (serie catalana que puede verse en Netflix doblada al castellano). Si funciona, se podría pasar a Mar adentro, donde hablan en gallego a veces y con acento gallego cuando hablan en castellano. Bosque de sombras también valdría, ya que intercalan el español con el inglés y sale Gary Oldman. El cine latinoamericano no cuenta porque el malinchista suele ser, para colmo, bastante imperialista. Finalmente, si todo este proceso cuela, sería el momento ideal para ver una película española donde hablen nuestro idioma. ¡Voilà!

¿Nos volveremos unos chovinistas del cine? Lo dudo, y espero que no nos vayamos al otro extremo. En cualquier caso, el mal del malinchismo está muy arraigado.

Entretanto, yo trato de aprovechar la coyuntura publicando en el Huffington Post. Si este diario digital se llamara El Correo o tuviera algún otro nombre en español, puede que no lo leyera ni El Tato...ni Perry Mason, quise decir.

Me despido al modo cinéfilo (y en otro idioma, claro, aunque sea totalmente ridículo):

¡Sayonara, baby!

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