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13/06/2018 07:25 CEST | Actualizado 13/06/2018 07:25 CEST

Yoga para cuerdos

Getty Images

Ejercicio físico y mental apto para personas cabales.

Yoga sin trascendencia

Talasana: el yoga siempre me ha atraído, como muchas otras actividades, aunque recelo de aquellas que apestan a espiritualidad y de todas las que introducen con calzador las pseudociencias. Yo, que he leído y disfrutado a Alejandro Jodorowsky, y que me he divertido en bodas donde suena Enya de fondo, no estoy por limpiarme el aura ni por someterme al martillo pilón de la Nueva Era. Comprenderán, entonces, que nunca me haya querido apuntar a yoga, por muy recomendable que sea para el estrés y por muy mal que haya gestionado mis ansiedades. Sin embargo, mi amigo Juanmi, un Sensei de aikido que no teme al enemigo, pero sí a mi pluma (y eso que este artículo se lo dedicaría a mi amigo Michael, no a él), me permitió entrenar en su dojo. Por cuestiones de horario, preferí asistir a las clases de yoga antes que al arte marcial que él imparte.

Y ahí descubrí a nuestra formidable monitora de yoga, a la que agradezco su profesionalidad y que no se haya dejado hechizar por palabras tan bellas como chakra (da igual si hay seis o siete chakras en el cuerpo humano porque su valor científico seguirá siendo nulo). Practicar yoga sin sentirme gilipollas me ha dado serenidad; no hablo de una serenidad espiritual, sino de la tranquilidad de contar lo que hago sin pensar que estoy fomentando el reiki o alguna otra terapia alternativa. El yoga sin trascendencia que practicamos es una actividad física pausada que viene acompañada de estiramientos y de ejercicios relajantes. Nada más. Esto debería ser obvio, pero a mí no me lo parecía al principio y estoy convencido de que hay practicantes de yoga que impregnan sus rutinas físicas con conceptos más elevados (más vaporosos y contraproducentes a la hora de aclarar la mente) y con una filosofía de vida que a mí me da alergia (hablo en sentido figurado, por supuesto).

Así, hay un yoga para cuerdos y otro para flipados. Si las huestes del llamado "crecimiento personal" vienen a asediarnos con su terraplanismo ampliado, contraataquemos con infiltrados en sus actividades y hagamos que estas solo tengan éxito cuando sean prácticas mundanas, sin sugestiones esotéricas.

Yoga para flipados

Balasana: El tapping ha llegado a la psicoterapia (sí, a esos profesionales que se ríen de Freud). Los antivacunas resisten a fuerza de conspiranoia. Y hay muchas medicinas alternativas (léase placebos) que circulan por un mundo occidental que se presume avanzado. Descabalguemos al yoga de ese conjunto de prácticas irracionales. Sometamos a una dura crítica, si es que no es denunciable, a quienes relacionan el yoga con la cura del cáncer. En definitiva, empecemos a hablar con mucha cautela de la ciencia del yoga y abandonemos toda esperanza salvífica porque así ahorraremos dinero a la sanidad y un ingente dolor a los pobres descarriados de espíritu.

Esta es la elección crucial frente a la meditación profunda y otras artes: yoga [ponga aquí lo que sea pertinente] para cuerdos o Savasana (la postura del cadáver), que es como terminará más de un chiflado en brazos de las pseudociencias.

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