BLOGS
07/08/2018 07:32 CEST | Actualizado 07/08/2018 12:16 CEST

Analistas y profetas de barra de bar

Donald Trump.
Leah Millis / Reuters
Donald Trump.

Antes de entrar en materia hay que precisar que nadie conocido tiene el récord absoluto de mentiras en la red que posee Donald Trump, cuadragésimo quinto presidente de los EE UU , y prueba viviente de que una parte importante de la población del gigante norteamericano no está actualmente en sus cabales, tiene una formación deficiente, una información sesgada que es incapaz de discernir el bien del mal, la verdad de la mentira, o sencillamente que tiene tendencias suicidas.

Según el 'mentirómetro' del The Washington Post, Trump, el megalómano millonario tuitero, ha mentido un total de 4.229 veces en sus primeros 558 días de mandato. Pero a pesar de sus denodados, psicóticos e irracionales intentos, la democracia, tal como la conocemos, resiste en EE UU. La arquitectura diseñada por los Padres Fundadores y los grandes presidentes 'constructores' se engrandece con la prueba de resistencia frente al trumpismo. Hay puentes que se habrían hundido con tantos camiones cargados de insidias y envidias.

Vayamos al grano que toca hoy. Tenía un amigo, hace muchos años, Javier F., que era un mentiroso compulsivo. Yo había leído en el bachillerato Las aventuras del barón de Münchausen, (recopiladas por un autor anónimo en 1781) y enseguida le puse cara conocida al trolista alemán. Acodado en la barra del bar del Náutico contaba los cuentos más inverosímiles. Un día que estaba pidiendo su acostumbrado Johnny Walker etiqueta roja, con voz de ajado jefe sioux después de tratar con los 'comancheros', no paraba de limpiar, con rítmicos movimientos del pie, la suela de sus zapatos.

Hay que ver la cantidad de crédulos que pican, y que se convierten en meras correas de transmisión de burla colectiva y estrategias de descrédito

Mis compañeros, mayores que yo, me advirtieron divertidos que era un ritual parecido al que usan algunos animales para el apareamiento para llamar la atención. Como los pavos reales. Pero en este caso para contar una historieta disparatada al primero que se le acercara.

Desoí el consejo, deseoso de ganar una experiencia que contar después –sin imaginar que sería material al cabo de cincuenta y tantos años para un blog en El HuffPost- , y le pregunté que qué le pasaba. "¿Es un tic?", inquirí. "¿Está muy ajustado el mocasín Martinelli?"... "¿No se nota?", me repreguntó. "Es que acabo de llegar de Londres de ver a la Reina y me estoy limpiando la nieve de los pies". Así era aquél pobre hombre. Y conste que, en efecto, vio a Isabel II, pero como miles de turistas. Otra vez dijo que vio al Papa, pero ésa es otra historia.

Sus mentiras morrocotudas no hacían daño, ni tuvieron serias consecuencias; excepto la vergüenza de sus familiares y el cabreo de un piloto de Iberia cuando llegó a sus oídos que nuestro aventajado discípulo del personaje germano había dicho que en tal vuelo, el piloto había sufrido un mareo y él tuvo que coger los mandos y aterrizar el DC-8.

Algunos aprovechan las grietas que aparecen en una legislación ideada para antes de internet, para perpetrar delitos de odio con total impunidad

La 'hazaña' no llegó a mayores, porque en el Náutico todos le conocíamos y los presentes, y los ausentes también, convencieron al piloto de que nadie le hacía caso a quién todos teníamos por enfermo y pintoresco cuentacuentos.

El problema es que ahora cualquier odiador profesional, o esquizofrénico que ve visiones y sueña con conspiraciones, o anormal o mentiroso o sinvergüenza, ha dado el salto del controlado mostrador del bar y sus taburetes, con un público reducido dispuesto a entretenerse un rato y sacarle plusvalía al 1.20 euros del cortado, a la enorme barra que son las redes sociales, llenas de desconocidos ansiosos de sangre, que convierten una bobada limitada a un grupo de oyentes en un fenómeno 'viral', al que la gente, por ese hálito de seriedad que da lo escrito, convierte en noticia creíble con marchamo de veraz. "Ya te lo decía yo...".

Hay que ver la cantidad de crédulos que pican, y que se convierten en meras correas de transmisión de burla colectiva y estrategias de descrédito. Sean éstas de personas, empresas, instituciones o más ampliamente, de la propia democracia que trata de perfeccionarse como reflejo más o menos fiel de la opinión pública ampliando sin cesar el terreno de la libertad de expresión y el derecho de opinión. Algunos, así y todo, entienden restrictivo el abanico y aprovechan las zonas de sombra, las grietas que aparecen en una legislación ideada para antes de internet, para perpetrar delitos de odio con total impunidad.

Ahora lo habitual es camuflar las insidia y los insultos y las malévolas sospechas prefabricadas con ladrillos de rumores con pseudónimos de una gran creatividad. Lo cual lleva a la impunidad

'Antes', los directores de medios, o los redactores jefes, comprobaban el DNI, o los teléfonos de contacto de los lectores que enviaban cartas o colaboraciones para evitar daños a las personas e instituciones y líos con la justicia. Ahora lo habitual es camuflar las insidia y los insultos y las malévolas sospechas prefabricadas con ladrillos de rumores con pseudónimos de una gran creatividad. Lo cual lleva a la impunidad.

Y la conciencia de impunidad casi siempre acaba en agresión. En delito. Poco a poco, pero muy poco a poco, los legisladores de la UE tratan de conseguir que los derechos establecidos por el Parlamento Europeo, o por las Constituciones de los Estados Miembros rijan, por igual, en la prensa en papel, en la radio o la televisión tradicional, y en la 'nube' llena de antifaces, pañuelos en boca y nariz como en los pistoleros y atraca diligencias del far-west, encapuchados, disfrazados ....

De toda la vida, desde que Gütemberg inventó oficialmente en 1440 la imprenta en su taller de Maguncia, o incluso desde los jeroglíficos egipcios, empleados desde 3.300 años a.C., lo que dice un grabado, en piedra, arcilla, bronce, lo que sea, o su evolución, el periódico, goza de un plus de rigor, aunque sea una manipulación o una interpretación muy particular. Pero la marca, el nombre, la firma, al cabo de un tiempo adquiere una determinada imagen. Quien lee El País sabe cuál es su línea editorial y a qué público se dirige; lo mismo que el que lee El Mundo, o los seguidores del ABC o de La Razón... Lo mismo sucede con las televisiones, y con las radios...

Nadie sabe exactamente quién diablos – porque son como demonios sedientos de sangre y heces- está detrás de muchos productos digitales

Pero en internet no rigen estos principios 'establecidos' . Nadie sabe exactamente quién diablos – porque son como demonios sedientos de sangre y heces- está detrás de muchos productos digitales, y, sobre todo, nadie sabe de dónde proceden cierto rumores y presuntas noticias que huelen a falsas y resultan falsas, enviadas no se sabe por qué a determinados 'suscriptores' crédulos y propensos a las teorías conspiratorias.

Así como se saben los métodos para averiguar los gustos de los lectores a la hora de enviarles la publicidad adecuada, coches, viajes, lecturas, mascotas, personalidad sexual... también debe de haber un truco para averiguar quién está predispuesto a comulgar con ruedas de molino, y poder engañarle con científica facilidad.

Las manipulaciones más manifiestas vienen de serie, siempre agazapadas en la madriguera del anonimato.

Alguien ha sacado a pasear de nuevo, por ejemplo, la leyenda negra del famoso 'oro de Moscú' en versión franquista de los años 40

Cada cierto tiempo vuelven a circular cosas viejas como si fueran de última hora. Es una gran fábrica de idiotización y frustración colectiva. Alguien ha sacado a pasear de nuevo, por ejemplo, la leyenda negra del famoso 'oro de Moscú' en versión franquista de los años 40 y de nada vale la historiografía especializada, los documentos encontrados, las explicaciones sobre la exigencia política y estratégica de poner a salvo la reservas por las necesidades militares... Los 'rojos' sencillamente robaron el oro del Banco de España para su enriquecimiento personal y para vivir del cuento como reyes en el exilio.

Toda historia tiene sus claroscuros; la II República los tuvo. La Guerra los tuvo. La paz los tiene; la vida es un compendio de tonos. El scanner ofrece varias fórmulas para copiar una foto en blanco y negro: la mejor, hacer clic en 'escala de grises'.

La ultraderecha por su parte, la extrema izquierda por la suya coinciden: ya aparecen las palabras 'rojos' y 'franquistas'.

Un 'gran hermano' con mucha mala hostia, probablemente, sabe a quién dirigir toda esta intoxicación, que sigue las más viejas técnicas del lavado de cerebro

Hay una nueva enfermedad o tara de destrucción neuronal masiva: esa gente con 'fe de carbonero' que a fuerza de mentiras fabricadas para enfurecer y crear sentido de grupo, hablando claro, de clima de guerra civil, lleva a muchos a los terrenos del nihilismo y la acracia. O a la dictadura con mano de hierro. O Arcadia o Infierno.

Antes de encender el ordenador hay que tener claro que alguien nos quiere engatusar. Un 'gran hermano' con mucha mala hostia, probablemente, sabe a quién dirigir toda esta intoxicación, que sigue las más viejas técnicas del lavado de cerebro. Se usan desde la más remota antigüedad. La guerra, cualquier guerra – incluso las que no necesitan armas de fuego, como la rebelión separatista en Cataluña- se basa en mentiras e invenciones que se hacen pasar como indiscutibles verdades. Los judíos se comían a los niños crudos. "Crucificaron a Cristo – nos decían en los ejercicios espirituales los curas más carcas y rabiosos - y eso indica su maldad original". Y leña al manzano hasta que caigan nísperos.

La mejor receta sigue siendo la duda y el empleo incansable de la razón. Es la única defensa de las sociedades ante el trumpismo global. Si fracasamos, que Dios o quien corresponda nos coja confesados.

Síguenos también en el Facebook de El HuffPost Blogs

NOTICIA PATROCINADA