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12/03/2019 07:27 CET | Actualizado 12/03/2019 07:27 CET

Cofradía de trastornados y conspiranoicos

ASSOCIATED PRESS
Monumento a las víctimas del 11-M en Atocha.

La noche del 11 de marzo de 2004 muchos periodistas teníamos ya claro que los atentados de Madrid eran obra del yihadismo; no hacía falta tener muchas luces. También es verdad que en los primeros momentos, minutos en realidad, fue inevitable pensar en ETA, porque ETA estaba ahí; ETA solo desapareció años más tarde con el gobierno de Rodríguez Zapatero, la 'bicha' de la derecha nacional que nunca le ha perdonado que alcanzara La Moncloa tras aquél atentado.

Sin embargo, muchos analistas ya tenían la sospecha de que el PSOE estaba remontando y saliendo de la ciénaga en que se hundió por la avalancha de escándalos –unos reales, y otros en grado presunto y difuso, al modo de los peces parásitos de los grandes mamíferos marinos- de corrupción ocurridos en el último mandato de Felipe González, con el agravante del hipócrita 'descubrimiento' por el juez Garzón de la guerra sucia a cargo del GAL, o de los GAL.

En el PP había dudas, pese a las apariencias impostadas. Está escrito. Los asesores de campaña observaban con preocupación que por primera vez en muchos años los mítines del PSOE volvían a ser multitudinarios y con espíritu de victoria, que la izquierda dispersa se unía al partido del puño y la rosa. "La ola cambia de sentido", presentía un periodista de La Provincia en su crónica cuando ZP llenó a rebosar el pabellón de deportes –de baloncesto, en verdad- de Las Palmas de Gran Canaria, y cientos de personas se quedaron en la Avenida Marítima sin poder entrar, agitando sus banderolas.

Uno de los que cogieron carretera y manta en 'la noche triste de Otumba' comentaba que "el viento está a nuestro favor". De locales semivacíos y público de abnegados militantes se pasó al fenómeno social de masas. Los sondeos indicaban una victoria por la mínima de Mariano Rajoy pero, también, un mayor índice de confianza en Zapatero. No era disparatado pensar que en semejante trance pudiera imponerse la confianza a la creencia... y variar la tendencia. Los resultados siempre tienen, en democracia, un coeficiente de imprevisibilidad. En eso consiste el juego.

Por cierto, pueden observarse algunas 'intrigantes', o no, coincidencias: a José Luis Rodríguez Zapatero los perdedores le negaron la legitimidad de la victoria y le acusaron de okupa; lo mismo que a Pedro Sánchez, por haber desplazado a Rajoy mediante una moción de censura plenamente constitucional; y como harán, con toda probabilidad, si las piruetas del líder socialista le dan la victoria: seguirá siendo un okupa por haberse 'rendido' a etarras y separatistas y otras gentes de mal vivir...

Utilizar los muertos como mercadería siempre ha estado ahí, sin ningún pudor, para una parte de la derecha nacional – conocida como derechona-.

Ya Casado y Rivera y Abascal preparan el ambiente... aunque Albert Rivera pueda volver a dar una muestra de su desenfadado pragmatismo: el llamamiento a un gran pacto de Estado entre el PSOE y Ciudadanos y el PP hecho por su aliado en Cataluña y ex primer ministro francés son el socialista Françoise Hollande, Manuel Valls, es un dato que puede ser clave en el momento de elegir: si PSOE y C's suman una mayoría suficiente, y entre lo prioritario figura sacar adelante una adaptación constitucional, el PP podría sumarse, dentro o desde fuera, a ese proyecto, para no quedar 'desconstitucionalizado'. Quien se aísla pierde fuerza, y fuelle.

Pero según transcurrían los minutos aquél 11 de Marzo todos los indicios apuntaban hacia la nube de Al Qaeda: se rescataban las amenazas a España en las que se advertía de la reconquista de Al Andalus, la tierra prometida arrebatada – todos los fanáticos tienen una 'tierra prometida' sustraída por infieles, sean los musulmanes radicales, los judíos ortodoxos o los separatistas catalanes abducidos por las fake news hiladas para descerebrar, desde antes de que se éstas se inventaran en su modalidad moderna- , se armaba el cubo de Rubick hecho con la cadena de atentados en otros países, con los informes de inteligencia, con el análisis del explosivo empleado, con el modus operandi, y con la lógica de las evidencias de los acontecimientos.

Al final, quedaría demostrado, más allá de las dudas más o menos razonables, que aquellos atentados fueron obra de una célula yihadista. Los datos aportados por los servicios secretos de Marruecos, por los de otros países europeos, por los de Estados Unidos, por el CNI español (Centro Nacional de Inteligencia), que había adquirido una alta especialización en el tema, y naturalmente por la Policía Nacional y la Guardia Civil fueron rasgando las tinieblas que parecían envolver a la operación.

Hoy, todo el mundo mundial, toda la comunidad internacional de inteligencia ¡y todos los yihadistas!, coinciden en que el 11-M de hace quince años en Madrid es uno de los hitos del terrorismo islamista radical. Un escalón más de una escalada del terror que había tenido en el 11-S, con el empotramiento de dos aviones de pasajeros en las torres gemelas de Nueva York, otro contra el Pentágono y otro abortado por el pasaje contra la Casa Blanca, una cumbre del horror que marcó un antes y un después.

Y sin embargo, se mueve. La teoría de la conspiración que nació del laboratorio de ideas locas del PP monclovita y de los espiritistas que añoran el pasado aún colea. El comisario y jefe de los Tedax en aquél día, Juan Jesús Sánchez Manzano, ha declarado que un asesor advirtió a Aznar que si el atentado lo había cometido ETA "barremos" en las elecciones de horas más tarde; pero que si fueron los yihadistas "ganará el PSOE". (El País, lunes 11 de marzo 2019). Por consiguiente, y como las encuestas daban un empate técnico, y la izquierda se había movilizado, y Zapatero concitaba en los sondeos un grado de confianza más alto que el de Rajoy, todos los indicios apuntan a que la solución táctica que se adoptó fue diseñar un escenario provisional en el que ETA apareciera como culpable, para 'barrer'.

La idea de aprovechar el terrorismo como arma política la había adoptado José María Aznar en cuanto fue ungido como presidente del PP, y así se lo hizo llegar al entonces ministro del Interior José Luis Corcuera, como éste me confesaba años después, aún asombrado, en una entrevista en Maspalomas. La estrategia la siguió Mariano Rajoy en cuanto llegó al poder. Recuérdese aquella acusación insensata y a Zapatero cuando le acusó nada menos que de traicionar a los muertos por haber establecido líneas de contactos con ETA, en la línea de todos sus antecesores en el cargo: Adolfo Suárez, Felipe González, José María Aznar...

Han vuelto a resucitar las dudas y a sembrar la sospecha y la cizaña con gran virulencia, porque el engaño y la astracanada también venden.

Utilizar los muertos como mercadería siempre ha estado ahí, sin ningún pudor, para una parte de la derecha nacional – conocida como derechona-. Últimamente Pablo Casado, la nueva generación de dirigentes populares, horneada en FAES con masa madre, ha recuperado el tic hasta el punto de que la presidenta de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, Consuelo Ordóñez, hermana del dirigente popular vasco Fernando Ordóñez, asesinado por un comando etarra mientras almorzaba en San Sebastián el 23 de enero de 1995, ha estallado ante la irresponsable locuacidad populista del nuevo presidente del PP por haber comparado las negociaciones con ETA con el diálogo con los separatistas catalanes y le ha llamado la atención con crudeza. Le ha pedido que deje de "banalizar" (...) "cosas que nada tienen que ver". Pero 'mezclar cosas que nada tienen que ver' posee una gran tradición política popular, aunque no exclusivamente; lo mismo que hablar de la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio.

Incapaces de pasar página y de aceptar los propios errores esta fraternidad de empecinados conspiranoicos, iluminados y trastornados, siguen erre que erre. Otra vez tratan de desenterrar los restos putefractos de la conjura mental y utilizar la mentira como munición. La corte de periodistas de cámara, muy en su papel y en sus ondas de intrépidos buscadores de la verdad revelada y hasta de los 'verdaderos' orígenes del Nilo, han vuelto a resucitar las dudas y a sembrar la sospecha y la cizaña con gran virulencia, porque el engaño y la astracanada también venden. Intransigentes ante el separatismo, ellos son acreditados e intransigentes separadores.

Además, algo hay que hacer, pensarán, para no caer en el ridículo, que se agranda conforme demoran la autocrítica, y no han encontrado otro camino, el más resbaladizo, que coger con pinzas los versos del Tenorio, esos tan famosos del "sostenella y no enmendalla". Y para liarla más aparece la inevitable 'villamierda' del excomisario corrupto en un nuevo episodio de un clásico: el chantaje al Estado de los aliados en el odio y el resentimiento.

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