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12/12/2017 07:25 CET | Actualizado 12/12/2017 07:25 CET

El peligro es la roca, idiotas

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Independentistas catalanes se manifestaron el pasado 7 de diciembre en Bruselas.

Lo peor de esta ya dramática historia, porque el pasado es tan reciente que es imposible ignorarlo, y mucho menos olvidarlo, y el mal provocado es tan hondo, en lo moral, lo social y lo económico, que aún duelen sus efectos, no es que el separatismo haya ignorado uno de los más conocidos consejos de Albert Einstein, uno de los grandes cerebros de la humanidad: "Locura es hacer las mismas cosas una y otra vez, y esperar obtener resultados diferentes". No está enunciada en forma de ecuación, como E=mc2, pero es la quintaesencia de la lógica.

Lo verdaderamente peligroso para Cataluña es que el separatismo y el poder alucinógeno del odio a España no vea la enorme, inmensa roca, que tienen a proa

Lo verdaderamente peligroso para Cataluña es que el separatismo y el poder alucinógeno del odio a España no vea la enorme, inmensa roca, que tienen a proa, y en la que encallarán, primero, y naufragarán de inmediato, si no cambian el rumbo.

Parecido al 'Titanic'. Pero el capitán del trasatlántico no habría hecho la noche infausta del 14 al 15 de abril de 1912 lo que hizo si antes hubiera chocado varias veces en el mismo sitio con un iceberg.

Hay un suceso naval que vale perfectamente como metáfora de cuando, por muy poderoso que sea el navío, y por muy determinado que esté su capitán para mantener el rumbo, cuando la geografía hace una de las suyas, colocar un obstáculo en el camino, aceptar la evidencia es el método más seguro para no hundirse y de paso evitar el ridículo.

El hoy Almirante de la Armada, Juan Luis Sobrino, jefe del Mando Naval de Canarias, citó un episodio cierto sobre esta cuestión en su discurso de apertura del curso académico 2012/2013 en la Academia Naval Militar de Marín (Pontevedra), de la que, siendo Capitán de Navío, era Comandante-Director. Relató una experiencia narrada por un ex oficial de la marina americana, Frank Koch, en la conocida revista 'Proceedings' del 'United States Naval Institute' , "que cuenta que dos acorazados habían estado realizando ejercicios en la mar con temporal durante varios días. El oficial que relata la experiencia estaba destinado en el buque insignia y estaba de guardia en el puente cuando caía la noche. La visibilidad era pobre, había niebla, de modo que el Comandante permanecía en el puente supervisando las actividades.

Ya después del ocaso el serviola informó 'luz a estribor'. ¿Cierra o abre?, preguntó el Comandante. El serviola al cabo de unos instantes informó "cierra, Comandante", lo que significaba que ambos barcos se encontraban a rumbo de colisión. El Comandante ordenó entonces al señalero transmitir el siguiente mensaje: "Estamos a rumbo de colisión, recomiendo que cambie 20 grados rumbo". Al momento se recibe la señal de respuesta: "Recomiendo que usted cambie el rumbo 20 grados". El Comandante empezaba a estar inquieto, y le ordenó de nuevo al señalero: "Transmítale lo siguiente: Soy el Comandante, cambie su rumbo 20 grados". "Soy marinero de segunda- respondieron- mejor cambie su rumbo 20 grados". El Comandante, ya hecho una furia dijo: "Conteste. Soy un acorazado. Cambie su rumbo 20 grados". Se recibió la que sería la última respuesta: "Yo soy un faro". Y evidentemente, cambiaron de rumbo".

Desde el trastornado Carles Puigdemont, sin duda por el mal de altura, tanto subió desde una alcaldía que le tocó en una tómbola nacionalista, pasando por Oriol Junqueras, que no se termina de creer que haya tenido tanta suerte y que pueda ser presidente en lugar del presidente, hasta acabar con la tropa antisistema capitaneada por Anna Gabriel, 'mater tremendísima' de las CUP, y todo el arco social que los respalda, aún tienen muy reciente la dolorosa experiencia de haber cometido la insensatez de desafiar al Estado y a Europa, y a la razón pura, desde la mentira como ideología y la obcecación tramposa como razonamiento.

El 'proceso' ha creado un clima social de enfrentamiento civil; han paseado el fantasma del rencor por Europa; más de 3.000 empresas han huido; ha crecido el paro por encima de la media nacional... como profetas son el hazmerreir mundial.

El resultado de estas 'hazañas bélicas' es demoledor: han dividido en dos mitades antagónicas a la sociedad catalana, haciendo añicos el sueño de Tarradellas de una sociedad vertebrada, unida en un catalanismo con 'seny' que no pusiera en peligro, como en tantas otras ocasiones históricas, la relación con España.

El 'proceso' ha creado un clima social, por ahora solo moteado de violencia blanda, de enfrentamiento civil; el odio ha traspasado las alfombras de las 'repúblicas independientes' de las casas, han paseado el fantasma del rencor por Europa, que no olvidará; más de 3.000 empresas han huido, asustados sus accionistas por la inseguridad jurídica; cada día crece el número de las compañías que tras mudar su sede social, han mudado también la fiscal; como crece la congelación de inversiones, como ha crecido el paro por encima de la media nacional, como se ha reducido el turismo.... Desde luego, como profetas son el hazmerreir mundial.

La gente confiaba en los charlatanes y mentirosos que les dijeron que Europa los envidiaba y los iban a apoyar, que no se irían ni los bancos ni las industrias, sino que, muy al contrario, habría un imparable 'efecto llamada'. Y la verdad es que lo hubo: pero las llamadas fueron al 112, a emergencias.

La respuesta ha sido amenazar a los 27 de la UE. Considerar que la Unión es obsoleta y está desacreditada. Y para demostrar su fuerza, sin darse cuenta de que hay fuerzas malignas que lo que traen consigo es un cinturón sanitario para evitar el contagio, han diseñado la misma estrategia de teatrillo de varietés con decorado de cartón piedra que ensayaron en España. Sin faltar la habitual coreografía de alcaldes cometiendo una alcaldada colectiva con la vara en alto, las esteladas con la estrella cada día más solitaria, el victimismo profesionalizado y sufragado directa e indirectamente por fondos públicos, y manifestaciones.

El nacionalismo catalán parecía haber superado definitivamente todo su largo y traumático historial de fracasos. Es lo que tienen los espejismos.

Es como si después de pintar un trampantojo – una pintura que imita la realidad y que 'engaña' a los ojos, de ahí su nombre- quieran pasar por una falsa puerta abierta hacia un paraíso... tras el que en verdad solo hay una pared de bloques de hormigón, que no se va a agrietar por muchos cráneos que se destrocen dando cabezazos.

Los dos acorazados de la historia que contaba el entonces CN Juan Luis Sobrino tuvieron que variar su rumbo en cuanto un humilde marinero de segunda les contestó que no estaba a bordo de ningún barco, sino en un faro.

El nacionalismo catalán, nacido de un conjunto de mentiras, que ya se habían arrinconado en el exilio, de la mano de los catalanistas sensatos, pareció afortunadamente muerto y sepultado cuando el pueblo español aprobó la Constitución en referéndum. Parecía haber superado definitivamente todo su largo y traumático historial de fracasos. Es lo que tienen los espejismos.

Lo cual nos lleva a otra consideración de la mayor importancia: para que un mentiroso lo sea en grado de consumación, hace falta, como decía Nicolás Maquiavelo, que haya gente que quiera ser engañada. Y que persista en ello, tal ha sido el lavado de cerebro. Pues hay en Cataluña muchos que esperan que quien desvíe el rumbo sea el faro y no los barcos que disparatadamente se dirigen a ellos a pesar de las advertencias, y de las heridas que deja confundir los gigantes con molinos y lanzarse locamente contra los aerogeneradores lanza en ristre.

Como resumió Anatole France, un disparate repetido por 60 millones de personas sigue siendo un disparate.

Unos barcos que ni siquiera son acorazados, sino barquichuelas de cartón que se diluye en el agua, mucho antes de encallar. A pesar de las chifladuras pablistas de montar una 'constituyente' a la caraqueña, la reforma de la Constitución Española ni puede saltarse los trámites previstos en la misma para su reforma, con las mayorías reforzadas, para alejarlas de los caprichos del 'prêt- a –pòrter', ni el resultado puede desvirtuar el sistema democrático según los estándares europeos.

Es cierto que Europa vive tiempos inciertos, que se ha pasado de una época de certezas, a una de incertidumbres; pero, precisamente, ante los ataques a la unidad europea y a un modelo que, con los altibajos propios del pluralismo y las circunstancias, define una civilización, los Estados están más vigilantes y más determinados para librar otra de las guerras silenciosas que se han venido librando, 'a la chita callando'. De cara al exterior, y de cara al interior extremista.

Hay un principio inmutable proclamado por muchos filósofos y estadistas, y que resume Anatole France: un disparate repetido por 60 millones de personas sigue siendo un disparate.

Los catalanes son libres para votar lo que quieran; pero si una mayoría vota lo mismo que votó en las anteriores regionales o en las urnas de la trampa de la 'desconexión' previa al 1 de Octubre de 2017, un día internacional de la vergüenza catalana, la consecuencia no será distinta: esperando a la vuelta de la esquina seguirá estando la Constitución, el Estado, Europa... y el 155 o lo que proceda en ese momento. Atentos, pues.

Por muy buena que sea una cárcel, siempre será peor que un hotel de cinco estrellas, o que una casa hecha con el 3%.

Y así debe de ser.

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