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06/11/2018 07:13 CET | Actualizado 06/11/2018 07:13 CET

Hechos probados, cuentos aparte

Imagen de archivo de Oriol Junqueras.
Agencia EFE
Imagen de archivo de Oriol Junqueras.

¿Hubo o no hubo rebelión en Cataluña? Puede que sí y puede que no 'exactamente'. Puntillosamente hablando. Sin embargo hay una serie de hechos probados que son, y no solo parecen, indiscutibles: hubo un huevo que se parecía como un huevo a otro huevo; es decir, hubo lo que en esencia fue un intento de golpe de Estado, con todo lo que eso conlleva.

Un grupo de sediciosos se rebeló o se alzó contra el Estado y atacaron a la Constitución Española - refrendada en su día por todos los españoles y con particular entrega por los catalanes- a la que declararon sin vigor en Cataluña, junto con el Estatuto de Autonomía, enviado asimismo a la papelera.

Valiéndose de la circunstancia de que el sistema D'Hont da más escaños a menos votos, los que perdieron las autonómicas en papeletas pero la ganaron en sillones en el Parlamento, hicieron una proclamación de la República Catalana, libre, independiente, bien parecida y feliz, que luego consideraron que era solo una cosa simbólica, como simbólicas suelen ser otras cosas como las sentencias judiciales, que simbolizan la seriedad con que hay que tomar a las leyes. Y, además, celebraron o concelebraron, un referéndum ilegal que fue como el pistoletazo de salida.

Es posible que no fue muy acertada la gestión de la respuesta policial, y que se le hizo el juego a los separatistas al proporcionales la foto de las porras para su propaganda victimista; pero en todas las naciones democráticas el respeto a las leyes suele tener en el porrazo de los antidisturbios la necesaria respuesta disuasoria a los que rompen las normas en las que se basa el 'contrato democrático'.

Mientras tratan de ocultar el verdadero motivo de la insumisión, tapar las vergüenzas de una corrupción sistémica

Quedamos en que al menos en intencionalidad hubo un golpe de Estado; pero fue tan chapucero y aislado de la realidad, ignorante de los sabios consejos que dejó por escrito el prudente y escaldado Josep Tarradellas, que el fracaso provocó una gran frustración. Fue un fracaso -otro, sí- por la importancia de un episodio que no se quiso ver cuando las empresas medianas y grandes empezaron a huir en manada: la connivencia entre la burguesía catalana, los ladrones de Convergencia, los republicanos de Esquerra y los antisistema de la CUP encendieron todas las alarmas en Europa.

Por eso, y por el efecto contagio en unos tiempos en que ya se anunciaban los vientos huracanados y las tormentas que están llegando. Igual que hay un cambio en el clima, hay un cambio climático en la política mundial. Las empresas que salieron huyendo no lo hicieron impulsadas por el Estado; al contrario, pidieron ellas al Estado que aligerara la burocracia para tomar decisiones en el seno de sus consejos de administración.

Y no han vuelto, señal de que siguen apreciando la existencia de una rebelión de la mitad de las masas, dirigida por unos separatistas talibanizados, lo cual no es bueno para el negocio. Y los catalanes tienen fama, y provecho, claro, de ser unos estupendos y avispados comerciantes. Tienen un refrán que dice algo así como que "de mal paño no puede salir buen traje", o "de mala lana no puede salir buen paño", que viene a ser lo mismo.

Que hubo rebelión, o sedición; que todo se planificó desde una Generalitat tomada por quienes representaban en ese instante espumoso a menos de la mitad de la ciudadanía, y que utilizaron a su vez la conjura como un rodillo que encharcaba la letra de las leyes, y por supuesto su espíritu, y que despreciaba las advertencias de sus funcionarios, de los órganos autonómicos de consulta y control, etc., está profundamente documentado. Aquí, o sea, allí en Cataluña, y más en la era de Youtube, Tuiter, Wassap, las otras redes y los selfies, no cabe la estricta presunción de inocencia: todos los acusados se han declarado reiteradamente culpables, digan lo que digan una vez trincados in fraganti, porque también las leyes les dan a los imputados el derecho a mentir para su defensa de mentiras se manejan.

Cada día nuevos dirigentes y militantes históricos van sumándose a la disidencia y al PSOE insumiso

Mientras tratan de ocultar el verdadero motivo de la insumisión, tapar las vergüenzas de una corrupción sistémica –por cierto, Rodrigo Rato ya entró en la cárcel, ¿qué pasa con el clan Pujol y con los otros vividores y sanguijuelas del 'tres per cent'?- con el chorro espeso de la tinta de calamar del 'España nos roba', y de la España franquista -¿y los altos cargos catalanes del franquismo, ministros incluidos; y los miles de alcaldes devotos de la dictadura; y el caudaloso río de millones del INI del 'Caudillo' en Cataluña, en detrimento y promoción de la miseria de la España pobre, desde Galicia a Andalucía?- los jueces empezaron a tomar las riendas ante la comisión de un montón de delitos.

Se puso en movimiento la maquinaria de la justicia, y, como en casos de incluso menor interés, se dictaron órdenes de búsqueda y captura. Dirigentes como Artur Mas se pusieron de perfil para salvar su patrimonio; otros como Carles Puigdemont eligieron el camino de la fuga, confiados en que, ya puestos, vivirían como príncipes republicanos pagados por el dinero público gracias a las trampas que podrían hacer en sus cuentas las instituciones catalanas. Otros optaron por entrar en prisión; primero, porque creyeron que con este gesto las masas se iban a echar a la calle y los sacarían en volandas como héroes, ante el presunto achantamiento del gobierno de la Nación y de las Cortes, y que con ello mejorarían sus posiciones electorales para una tercera vuelta....

Esto también se ha visualizado en los enfrentamientos puramente mercantiles de votos entre la corte de los milagros de Puigdemont y ERC. Y la decisión de la CUP de volver a las cuevas de su Atapuerca para ver como se destrozan sus adversarios.

En los nacionalistas de esta clase, supremacistas y secesionistas convencidos no se puede confiar

Como el tiempo pasa, irremediablemente, el procés ha entrado en el territorio del procesamiento; los tribunales desarrollan su trabajo, y la Fiscalía ha pedido penas por los delitos de rebelión, aunque la Abogacía del Estado, presionada por el gobierno de Sánchez, las rebaja y las pide 'solamente' por el de secesión, como si la secesión fuera calderilla. Algunos, no sólo desde la derecha sino también desde la izquierda más constitucional, consideran un peligro 'de muerte' que alguien crea que el tigre puede alimentarse de donuts y galletitas Oreo, y que se trate de apaciguar a los golpistas...

Pese a todo, como estaba previsto, los rebeldes, insumisos, alzados (chamalle burro a o cabalo, dicen los gallegos en gallego) dicen que no se conforman sino con la absolución total y con la inmediata puesta en libertad, y con disculpas incluidas.

Es más o menos en este contorno donde entra la peligrosa deriva del sanchismo en su podríamos llamar obsesión, o delirio, o perreta, de agotar como sea y a cualquier precio la legislatura. En primer lugar en los nacionalistas de esta clase, supremacistas y secesionistas convencidos –luego hay regionalistas, que son otra cosa- no se puede confiar. Por su propia naturaleza son desleales y traidores, como lo es el alacrán de la fábula del río. Pedro Sánchez se equivoca gravemente si cree que puede contar con ellos, o que los va a engañar con su táctica de apaciguamiento.

La última gamberrada argumental de Pablo Iglesias: compara los 9 años para los miembros de 'La Manada' con los 25 o los 18 que se piden para Oriol Junqueras

Y la esperanza de un indulto, que no ha sido desmentida sino, al contrario, fomentada por el silencio y las medias tintas, es hasta e fase de posibilidad otra burla a la Constitución; y una cuña en el propio PSOE, que por algo tiene una E de España en sus siglas, y cuyo interior ideológico ya hierve como una olla a presión cuando empieza a soltar gas por el pitorro. Cada día nuevos dirigentes y militantes históricos van sumándose a la disidencia y al PSOE insumiso.

La última gamberrada argumental de Pablo Iglesias bis (que parece haber adquirido la condición de barón de Sánchez) contra la petición de Fiscalía o de la Abogacía del Estado para los golpistas es de nota: compara los 9 años para los miembros de 'La Manada' que violó grupalmente a una chica en Pamplona, con los 25 o los 18 que se piden para Oriol Junqueras y las demás también elevadas para los otros dirigentes del alzamiento. No considera que Puigdemont y sus cómplices o comparsas violaron la Constitución, el Estatut, y los derechos de millones de personas. Son dos violaciones que no admiten una comparación torticera para embaucar a los cándidos.

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