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15/01/2019 07:18 CET | Actualizado 15/01/2019 07:18 CET

La política elástica

Santiago Abascal, líder de Vox.

Desde pequeñito, en el colegio de los padres claretianos Inmaculado Corazón de María, luego simplemente 'Claret', los curas me enseñaron con su ejemplo que no hay que creerse ni los sueños ni las propias trolas. Esto es importante, y se echa en falta en una 'red' llena de desvaríos y agónicas duermevelas en espera impaciente de la resurrección de los muertos, la revancha de los zombis y la vida eterna, amén.

Son tantas las mentiras, las intoxicaciones, la desinformación, la mala fe y la ignorancia más enciclopédica, que Internet se ha convertido en una gran fábrica de frustraciones y de "esto se tiene que acabar sea como sea".

Los bulos son la adrenalina de los amargados que buscan un destino, de los envidiosos que sienten celos hasta de la mascota mil leches del vecino y de los que, finalmente, se sienten realizados si pudieran meter en la cárcel a todos los políticos, todos los jueces, todos los ricos, todos los pobres, todos los inmigrantes (eso sí, que no sean futbolistas o, en un gesto de gran generosidad, Premios Nobel, millonarios o sabios del copón) y, con un cierto factor de corrección, pero no demasiado, a todo aquél que no comulgue con sus ideas, las únicas verdaderas y merecedoras del general respeto y adoración. ¡Aleluya hermanos!, dicen por las cadenas de wassap, la reconquista ha comenzado.

Esa gran barra de bar que son las redes sociales, en las que no hay suficiente serrín para tanto escupitajo y vomitadura, está llena de desestabilzadores encubiertos y de intoxicadores profesionales, sean a sueldo, que los hay, y muy organizados en 'brigadas' de demolición cerebral, o sencillamente conversos al nuevo nihilismo de extrema izquierda o de extrema derecha. Los extremos se tocan, y a veces se aman en secreto.

Y es que el extremismo vende más que el centrismo; el sensacionalismo tiene más poder de sugestión que la ilustración y el método científico. La astracanada, la obscenidad, la tragedia inminente, la paparrucha, la revelación, las soluciones milagrosas, sea la astrología, el tarot la homeopatía, o que la tierra es plana y como una rueda de camión pero a lo bestia...atraen más a los propensos a la 'conspiranoia' que el rigor o que la realidad contrastada, incluso en la modalidad leasing, que se va adquiriendo despacito, despacito, sin que uno se de cuenta.

En ese reino de las tinieblas y la engañifa nadie quiere pasar por engañado. Y así, la mentira es como una bola de nieve rodando cuesta abajo.

El extremismo vende más que el centrismo; el sensacionalismo tiene más poder de sugestión que la ilustración y el método científico.

Aunque ya está suficientemente documentado y acreditado que Rusia intervino en el Brexit, y en la campaña electoral norteamericana en la que machacó a la inteligente, hábil y profesional política que es Hillary Clinton para dar cancha al infantiloide y engreído 'millonetis' caprichoso Donald Trump, los estadounidenses timados siguen empecinados en creer que Santa Claus, sus renos y su flota de trineos voladores viven, por fin, en la Casa Blanca.

Susana Vera / Reuters
El líder de Ciudadanos, Albert Rivera.

Lo cierto es que el ricachón vanidoso e iletrado que ganó la Presidencia de la superpotencia mundial, ante la estupefacción planetaria, se benefició de la trama rusa, y la trama rusa, cuya investigación por la fiscalía le tiene desquiciado, se ha beneficiado de él: Estados Unidos se ha enemistado con sus aliados tradicionales, y por lo tanto, ha agrietado el bloque de las democracias occidentales, abriéndole camino a la Rusia de Putin y a la China de Xi Xiamping.

Merkel y Macron ya han dicho que Washington ha dejado de ser, con el trumpismo (y la deriva del Partido Republicano, ojo, y sobre esto son importantes las opiniones de los Nobel de Economía USA Stiglitz y Krugman, que pueden leerse en la sección de economía de El País, para entender las consecuencias del salvajismo de la extrema derecha echada al monte, que ha llevado la brecha social a extremos insoportables) en un socio confiable para Europa, y que la UE debe aprender a valerse por sí misma para mantener un adecuado grado de influencia y capacidad defensiva y de seguridad en el concierto mundial.

En otro nivel, en España también el tremendismo y la intoxicación en las 'redes sociales' –aparte de otros efectos que ya se están notando, como la transferencia del ámbito personal y los secretos individuales a los grandes monopolios que han privatizado la intimidad universal, que tanto ha costado garantizar en denodada lucha contra los tic autoritarios y las dictaduras- está copando el 'mercado' de las legiones de desnortados y resentidos; o de los que aún no tienen, como me han dicho algunos, "elementos de juicio" para llegar a conclusión alguna. Esperan una palomita que les susurre al oído.

Mientras tanto la actual derecha nacional española –que siempre ha tenido varias almas- trata de edulcorar la existencia de la extrema derecha encarnada en Vox, igual que antes había camuflado esa misma tentación en el contenedor del partido conservador. La emisora de los obispos, verbi gratia (aquí emplear el latín no viene mal) se empeña en predicar que el 'centro derecha' ganó las elecciones en Andalucía. Lo cierto es que en número de votos por formación, quien las ganó fue el PSOE; y que fue la conjunción del centro derecha, con Ciudadanos más al centro, el PP, en un espectro más conservador, y la extrema derecha de Abascal quien, con ese 'tres en uno' se impuso a la suma del centro izquierda socialista con la que técnicamente sería la extrema izquierda integrada por el podemismo, los antisistemas, y el comunismo fluorescente de raíz anguitiana (y 'califal') que ha roto con el eurocomunismo de la Transición representado últimamente por el atormentado pero siempre dispuesto asturiano Gaspar Llamazares...

Así es que nos encontramos con una derecha elástica, o derecha chicle, que abarca todo el espectro, y también a los espectros de una organización con voluntad túrmix o maxipimer (las minipimer no serían suficientes para no dejar grumos).

Quizás, en los asuntos económicos, no haya tanta diferencia entre las recetas básicas de los Casado y los Rivera; pero eso puede tener un cierto componente de apariencia. El PP de Mariano Rajoy parecía monolítico, pero estaba partido en dos: a estas alturas parece indiscutible, por la selección de las especies, que había un ala moderna, más progresista al menos en lo civil, encarnada por Soraya Sáenz de Santamaría, y otra 'tradicionalista' en la senda de los Siete Magníficos en la que formaban José María Aznar y su FAES, con gran poder de infectación por añoranza; María Dolores de Cospedal; el joven y prometedor Casado, y otros cachorros (y cachorras) que añoran el desenfado del discurso sin complejos.

Las masas parecen haber arrinconado, por ahora, el raciocinio en beneficio del populismo.

Excepto algunos dirigentes llenos de dudas, tanto de forma como de fondo, la mayor parte de la dirigencia habla de que el 'cambio andaluz' lo ha asumido el centro derecha. Es decir, la derecha centrista se quiere descentrar y actuar de blanqueadora de los ultras, para no perder ni un solo voto. Pero ni una doble ración de 'blanco nuclear' quita esa mancha de moho.

El autoengaño es peligroso; porque si Vox es centro derecha para el casadismo, a pesar de lo que opina y advierte el centro derecha liberal y europeo, la alianza de facto con el movimiento cangrejo de Abascal, eso implica que el PP está dispuesto a explorar ese camino... y a darle presencia y poder a Vox en ayuntamientos, diputaciones, y autonomías. Un camino que le aislaría de la Europa liberal de raíz cristiano-demócrata, para meterse en la gruta de lo peligros donde hibernan los osos.

Si una vez más a pesar de las enseñanzas de la historia el fin justifica los medios, que no se sorprendan los brujos, druidas y chamanes de los resultados de un mejunje lleno de escherichias colis.

Reuters
El líder del PP, Pablo Casado.

También el sanchismo practica una variable flexible del socialismo –que puede acabar como el chicle después de mascado, que se pega en las suelas- con sus devaneos con los que quieren romper el país y doblegar a las instituciones. El argumento oficial es conseguir apoyos para la aprobación de los presupuestos más sociales... y despejar de camino el horizonte del gobierno 'provisional' hasta 2020.

La táctica de domesticar al tigre con solomillos con salsa de miel tiene efectos secundarios. El principal: dar tiempo y nuevas oportunidades para las emboscadas de los enemigos de la democracia y la Constitución.

Las masas parecen haber arrinconado, por ahora, el raciocinio en beneficio del populismo. El hombre orquesta está sustituyendo peligrosamente al conjunto sinfónico.

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