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15/03/2016 07:38 CET | Actualizado 15/03/2016 11:39 CET

Los abuelos de Podemos y la hora menos de Canarias

La hora menos que tiene Canarias con respecto al resto de España tiene cosas malas y buenas. Malas, por ejemplo, que el golpe de Estado de Franco empezó una hora antes; buenas, que Franco murió una hora antes, y que la Transición también empezó una hora antes. Una hora en el sentido que la Biblia da a los días.

La hora menos que tiene Canarias con respecto al resto de España tiene cosas malas y cosas buenas. Malas, por ejemplo, que el golpe de Estado de Franco empezó una hora antes; buenas, que Franco murió una hora antes, y que la Transición también empezó una hora antes. Una hora en el sentido que la Biblia da a los días; cada día de la Creación, de acuerdo con la ciencia moderna, tuvo unos 2.000 millones de años.

En 1981, el rebumbio nacionalero era tan sonoro en las islas que, a instancias del Movimiento por la Autodeterminación e Independencia del Archipiélago Canario (Mpaiac) de Antonio Cubillo, un títere movido por Argelia en el contexto de la Guerra fría, en junio de ese año visitó el archipiélago en viaje de inspección el Secretario General de la OUA, Ednen Kodjo.

Él creía que iba a encontrarse con una población mayoritariamente árabe y negra, y no salía de su asombro al comprobar que sus ciudades eran pujantes urbes cosmopolitas nítidamente europeas, islas habitadas por europeos blancos y con un potente turismo y comercio internacional.

Al terminar el agotador tour, y ya en Madrid, confesó en lenguaje diplomático arabesco: "Las respuestas han sido mayormente homogéneas y minoritariamente heterogéneas". "La opinión de todos los interlocutores -se había entrevistado con todas las instituciones, partidos, asociaciones, organismos y personas a título individual-, sin excepción, ha sido que el Mpaiac carece de existencia como fuerza política". Fin.

El problema, para llegar a esta situación, no fue solamente la insolación inducida del Mencey loco; fue aquél invento de la Unión del Pueblo Canario (UPC), una evolución de Pueblo Canario Unido (PCU) que, de acuerdo con el ADN de sus fundadores comunistas, trastocó los componentes del nombre para no cambiar nada y conseguir, sin embargo, compañeros de viaje que pudieran convertir una amalgama de activistas en un movimiento que rascara poder.

Aquél invento de la Unión del Pueblo Canario, de acuerdo con el ADN de sus fundadores comunistas, trastocó los componentes del nombre para no cambiar nada y conseguir convertir una amalgama de activistas en un movimiento que rascara poder.

En 1979 se crea la UPC y consigue un resultado sorprendente: gana la principal ciudad canaria, Las Palmas de Gran Canaria, coloca un diputado en el Congreso, Fernando Sagaseta, y alcanza la tercera fuerza en la provincia de Las Palmas. Fue un nombre apropiado, una idea oportuna en un momento adecuado. La descolonización del Sahara, Canarias como primera posición europea en la frontera africana, el ingreso en la OTAN, propenso a todo tipo de tremendismos, la crisis económica, el paro galopante, la comprobación de que la clase política no tenía una varita mágica...

Tomen nota, que vienen ondas gravitacionales: fundaron UPC el Partido Comunista Canario (provisional) -esto de provisional es muy frecuente en el proceso de unidad por partenogénesis-, luego renombrado Partido de la Revolución Canaria; las Células Comunistas, con mayúsculas; el clásico Partido de la Unificación Comunista de Canarias (PUCC), más tarde, "o tempora o mores"; el Movimiento de Izquierda Revolucionaria; la Asamblea Canaria; el PSC, un grupito socialista autonomista desgajado del PSP por estar disconformes con la unidad con el PSOE; la organización Cristianos de Base, bendecida por el vasco obispo Echarren ...

Y como "lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible", que dicen que decía Talleyrand, la UPC desapareció en 1986.

Desde el principio, como pasa ahora en Podemos, personajes relevantes o excéntricos de la vida social que, a pesar de tener una posición, no habían encontrado un destino manifiesto, fueron los primeros en abandonar el cayuco, casi en el inicio de su singladura; otro grupo vagó sin rumbo y sus miembros se convirtieron en profesionales de la melancolía -muchos reaparecen con casi 70 años, sin olvidarse del pastillero para el reuma y la hipertensión, en la que creen una segunda oportunidad.

Como pasa ahora en Podemos, personajes relevantes o excéntricos de la vida social que, a pesar de tener una posición, no habían encontrado un destino manifiesto, fueron los primeros en abandonar el cayuco, casi en el inicio de su singladura.

La mayor parte encontró un hueco en Coalición Canaria, que sustituyó el pintoresco nacionalismo de jaima por el europeísmo, y el independentismo por el pragmatismo del toma y daca, según el magisterio pujoliano. Otros se abarloaron al PSOE, y los ha habido que, al cabo de los cabos de las tormentas y la frustración, son pareja de hecho con el PP.

Era una corte de los milagros condenada al fracaso. No solamente por la contradicción de sus partes sino por la mezcolanza de personalidades y la lucha de egos, unida a los inmutables principios de Peter.

Y por si fuera poco, algo después, en noviembre de 1989, se les cayó encima el Muro de Berlín. Otra vez la hora menos.

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