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18/04/2016 06:59 CEST | Actualizado 18/04/2016 07:00 CEST

Los 'huevos fritos' del ex ministro Soria

soriaSolo la estupidez altanera del Ministerio de Industria soriano y de un Gobierno displicente puede explicar una política que ha disparado los beneficios de los monopolios de facto y ha sembrado la pobreza energética en los contribuyentes exprimidos y la incertidumbre en el tejido industrial.

EFE

Mientras escribo, el precio del barril de crudo Brent ronda los 38 dólares USA. Consultados expertos en bolsa me afirman que el 'barril de aire' sigue a cero dólares, una tendencia que se mantiene en los últimos cincuenta o sesenta siglos, al menos, desde que egipcios, fenicios, luego los griegos y los romanos, basaron el comercio marítimo en un mix de vela y remos.

La primera conclusión elemental es que si la materia prima de la producción eléctrica no tiene precio pues el producto será mucho más barato cuando llegue al enchufe de los consumidores. Siendo esto así, resulta incomprensible en 'buena' lógica que el gobierno español no haya apostado decididamente por impulsar las energías renovables, como sí han hecho países tan poco sospechosos de socavar la economía con ocurrencias tontas y locas como EE.UU. y la mayor parte de la UE.

En marzo pasado, el viceconsejero de FP del País Vasco Jorge Arévalo, confesaba a un grupo de profesores de Canarias que el mayor problema para la competitividad industrial de Euskadi no eran los salarios altos, ni la innovación, ni la calidad... sino el precio de la energía española, un 40% más cara que la de los competidores directos, Alemania, Francia, Italia... Por estas razones, y por otras menos conocidas por el gran público pero de enorme trascendencia, el abastecimiento estratégico y la seguridad nacional, el freno a las renovables aparte de una insensatez debe de tener truco y trato. Como una sociedad opaca en Panamá, Jersey o Suiza.

Solo la estupidez altanera del Ministerio de Industria soriano y de un Gobierno displicente puede explicar una política que ha disparado los beneficios de los monopolios de facto y ha sembrado la pobreza energética en los contribuyentes exprimidos y la incertidumbre en el tejido industrial. La RFA tuvo que tomar una decisión valerosa cuando confluyeron dos señales de alerta nivel 5, separadas por miles de kilómetros. Una en Japón, cuando un encadenamiento de circunstancias provocó la catástrofe nuclear de Fukusyma.

Angela Merkel quiso despejar para siempre una amenaza semejante. Y otra fue el chantajismo de 'guerra fría' que empezó a hacer Putin con el gas ruso que suministraba a la UE. Sus maniobras de acoso a Ucrania tuvieron graves efectos colaterales en el centro de Europa. La ficha que se movió fue básica: aumentar la independencia con renovables. Por razones obvias de climatología el norte frío tiene más nubes que el desierto africano. La mejor alternativa actual es el viento.

Un buen neoliberal ve enseguida un serio problema en el beneficio de los usuarios, porque ese beneficio sale del beneficio de los casi monopolios y carteles de la energía.

Los expertos militares españoles fueron unos adelantados en esta cuestión. En los años 80 del siglo pasado, más de doscientos expertos civiles y de los ejércitos participaron en unos seminarios conjuntos organizados por las dos universidades canarias y la Capitanía General.

Una de las conclusiones más importantes revelaba que el Archipiélago (hoy el dato puede extrapolarse a todo el país) dependía peligrosamente de una sola fuente de abastecimiento, y encima finita, el petróleo, y que cualquier cambio geopolítico o en los canales de aprovisionamiento podría provocar una hecatombe económica. Y señalaban la dirección obligatoria: ir decididamente hacia las renovables, y sobre todo, a la eólica. Ello, a su vez, produciría un beneficio notable al bolsillo del consumidor.

Claro que un buen neoliberal ve enseguida un serio problema en el beneficio de los usuarios, porque ese beneficio sale del beneficio de los casi monopolios y carteles de la energía. Todo ahorro en los hogares implica menos dividendos. Ante la avalancha del autoconsumo en Europa, el Ministerio de Industria tuvo una ocurrencia que asombró al mundo mundial: poner un 'impuesto al sol' y al viento para evitar la competencia de los pequeños a los grandes. El abanico de disculpas es como las varillas de un abanico, pero hubo un argumento que pasó casi desapercibido: que si se multiplicaban los molinos de autoconsumo podría ponerse en riesgo la estabilidad financiera de las grandes empresas.

Aaaaamigo. Por la misma regla de tres del ya ex ministro Soria, que puede decir una cosa y sus contrarias con igual solemnidad y el mismo tieso dedo índice, habría que poner un impuesto a los huevos fritos, porque si usted los fríe en su casa, y encima con patatas, objetivamente afecta al negocio de las cafeterías. Y el marisco lo mismo. Sumen esto a la excesiva dependencia fósil del exterior y a la incierta estabilidad y evolución integrista en el norte de África... Por cierto, un comisario europeo reconoció en marzo de 2015 en Madrid a un grupo de periodistas que la Comisión tenía en marcha una adaptación de la política energética, y que, ante la incertidumbre del integrismo islámico y otros riesgos, Europa situaría depósitos para una reserva estratégica de gas licuado en aguas seguras situadas al sur de Europa.

Y el Ministerio de Industria, condicionando la Estrategia Nacional de Seguridad, la de la OTAN y la UE, la competitividad de las empresas y la economía ciudadana a las cuentas de resultados de las eléctricas, inventando candados al viento. Pero las cosas caen por su propio peso. Como Soria López, José Manuel.

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