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16/10/2018 07:13 CEST | Actualizado 16/10/2018 07:13 CEST

“No sean imbéciles” con Venezuela

Imagen de Archivo de José Luis Rodríguez Zapatero y Nicolás Maduro durante un encuentro en Caracas.
Carlos Jasso / Reuters
Imagen de Archivo de José Luis Rodríguez Zapatero y Nicolás Maduro durante un encuentro en Caracas.

La vida es una sucesión de casualidades, sarcasmos, justicias poéticas nada poéticas y malditas coincidencias. Por ejemplo, el mismo día, domingo 14 de octubre, un periódico, El País, publica dos noticias sobre Venezuela que deberían sacar los colores a Pedro Sánchez. Una, la rotunda afirmación de Felipe González, en una entrevista de su directora, Soledad Gallego, en la que el expresidente socialista dice, sin ambages, que "lo de Maduro es un golpe de Estado que se desarrolla en el tiempo".

No es, sin embargo, una revelación extraordinaria que suscite el asombrado ¡aaah! u ¡oooh! de la comunidad internacional, o el más castizo ¡Dios bendito! Como mínimo eso es lo que piensan los casi tres millones de venezolanos que han huido y que ya constituyen un serio problema de acogimiento en los países limítrofes, y hasta en los más alejados. No se han marchado por capricho, sino por hambre y por miedo. Todo se agravó cuando el régimen bolivariano –diseñado por el golpista coronel Chávez, luego blanqueado varias veces por las urnas- decidió, en el mandato madurista, cortocircuitar el resultado adverso de las urnas que le dieron la Asamblea Nacional a la oposición mediante la creación de una inconstitucional charada Constituyente que usurpó el poder del voto. A la falta de pan se sumó la falta de libertades y un crecimiento exponencial de la represión.

Pues bien, la otra noticia, que reflejan casi todos los medios de comunicación, es que el Gobierno español, es decir, el del dirigente socialista Pedro Sánchez, decide cambiar de repente el rumbo del apoyo a la democracia venezolana y anuncia –por boca del ministro de Exteriores Josep Borrell- que pedirá a la Unión Europea que se cambie la estrategia – sin que hayan cambiado las circunstancias- y que las sanciones al régimen dictatorial de Nicolás Maduro, inepto y pintoresco a pesar de lo dramático, se sustituya por un diálogo con ese mismo régimen que sólo concibe el diálogo desde la rendición incondicional y ovejuna de los discrepantes e insumisos.

El cambio de marea del ejecutivo sanchista se produce, casualmente, cuando mayor es el arrinconamiento mundial de la dictadura bolivariana

La rectificación sanchista es tanto más incomprensible cuando, a) la gente sigue huyendo masivamente de su patria; b) cuando la represión no sólo no cesa, sino que incluso se destierra a jóvenes activistas, como en el franquismo; c) cuando varios estados hispanoamericanos (Chile, Perú, Paraguay, Colombia, Argentina...) con la adhesión de Canadá, han decidido firmar una carta conjunta dirigida a la Corte Penal Internacional de la Haya, para que ésta inicie una investigación sobre los 'crímenes de lesa humanidad' del chavismo. La denuncia se apoya en sendos informes de la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos y de la Organización de Estados Americanos (OEA). Ni es caprichosa ni demagógica.

Por cierto, el 20 de septiembre, hace un mes, el secretario general de la OEA Luis Almagro, en un momento de hartazgo y arrebato perdió la compostura diplomática y aconsejó al 'mediador' Rodríguez Zapatero que "no sea imbécil" después de acusarle de favorecer a la dictadura venezolana y de actuar como su "ministro de Relaciones Exteriores". Hasta los obispos, casi siempre componedores por si las moscas, se han radicalizado ante las evidencias.

La intervención de ZP se ha saldado con un serio fracaso. No ha obtenido ningún resultado constatable que reponga las prácticas democráticas y el respeto a los derechos humanos, más allá de autogolpes, decisiones oportunistas y manifestaciones cosméticas. No se ha repuesto, y eso es sustancial, la devolución de los poderes constitucionales a la Asamblea legislativa válidamente elegida.

La Moncloa se acerca peligrosamente a la estrategia de mirar para otro lado como forma de apoyar a Caracas, que es un clásico de Podemos

El cambio de marea del Ejecutivo sanchista se produce, casualmente, cuando mayor es el arrinconamiento mundial de la dictadura bolivariana –cuántas veces se ha dicho en vano el nombre del caudillo libertador, igual que el nombre de la libertad-. Es en ese instante, que coincide, no por casualidad, con el pacto de legislatura y presupuestario entre el PSOE y Podemos cuando, como si fuera un acuerdo secreto Ribbentrop-Molotov, La Moncloa se acerca peligrosamente a la estrategia de mirar para otro lado como forma de apoyar a Caracas, que es un clásico de Podemos.

La formación morada, que no oculta sus vínculos ideológicos, sentimentales y profesionales y de consultoría, nunca ha condenado la deriva del régimen bolivariano, excepto, quizás, con alguna consideración puntual y generalista del tipo equidistante y pérfido de 'condenamos todas las represiones...' que siguen la teoría y la práctica de los ambiguos y aliados de ETA cuando condenaban la violencia 'venga de donde venga', si bien todo el mundo sabía qué gallina había puesto el huevo.

También el núcleo de mando del podemismo ejerce esta hipocresía mefistofélica en Cataluña: en el Parlamento regional ha votado con los independentistas una moción de reprobación al Rey y Jefe del Estado, Felipe VI, y contra la monarquía, con los falsos y simplones argumentos de que quien sea monárquico nunca podrá ser un buen demócrata. Y es una estupidez porque no se puede decir desde una inteligencia aunque sea microscópica que la monarquía británica, danesa, holandesa o española sea menos demócrata que las repúblicas de Irán, Venezuela, Guinea Ecuatorial, Rusia, China, Egipto o Turquía. Como decían Carrillo y Felipe González tras la aprobación por las Cortes de la Constitución en 1978: "Juan Carlos ya no es el heredero de Franco; es el Rey de la democracia". Palabras que fueron respaldadas abrumadoramente en un referéndum nacional.

Puede deducirse que la repentina mutación de la estrategia del ejecutivo español obedece a sus compromisos con Podemos

Pues, por las apariencias, y por la aplicación de la propiedad transitiva que dice que si 'a' es igual a 'b' y 'b' es igual a 'c' pues lógicamente 'a' es igual a 'c', puede deducirse que la repentina mutación de la estrategia del ejecutivo español obedece a sus compromisos con Podemos. Lo cual introduce una variante preocupante: ¿puede separarse el concepto 'Venezuela' de la realidad de los venezolanos? ¿Puede esa marea de venezolanos que huye del 'paraíso' -cosa muy rara, escapar del Edén- y los que no han podido marcharse, por edad o por temor, esperar a un chau chau que hasta ahora se ha demostrado que es una pérdida de tiempo y que no resuelve la situación?

Los españoles tenemos un compromiso histórico con los venezolanos, aunque no siempre todos los venezolanos hayan entendido cabalmente las razones de la emigración española hacia esa nación. Pero cientos de miles son españoles, o descendientes de españoles. De hecho, muchos están regresando a su tierra de origen con lo puesto, que no siempre es suyo sino prestado por familiares o amigos, después de haber sido confiscadas a lo bruto sus propiedades. ¿No recuerdan a aquél trastornado Chávez en una plaza, rodeado de pelotas, apuntando con el dedo a pequeños comercios y pronunciando, como quien dispara ráfagas de ametralladoras, "¡exprópiese!".

Una sola palabra, cargada de desdén y odio que convertía en nada toda una vida de trabajo, sacrificios y ahorro. Esa política 'expropiatoria' ha sido tercamente defendida por Iglesias y su corte más servil. Todavía, y ojalá que por decenios, ronda por las redes ese vídeo donde dice que expropiar es democrático, y que la 'okupación' es un derecho. Pero como una cosa piensa el borracho y otra el bodeguero, esas miles de personas que han visto invadidas, saqueadas y destrozadas sus viviendas, porque de todo hay en los lúmpenes de Dios, porque están de viaje con el Imserso o en casa de sus hijos o en un geriátrico, no piensan, desde luego, que eso sea democrático, ni legal, ni decente.

Una patada en la puerta es igual de perversa e injusta si la da un policía amparado por una ley mordaza o un okupante irregular.

Comprenderá Sánchez que los matrimonios por conveniencia tienen a veces graves efectos secundarios

Si el Gobierno español, forzado o no por Podemos, persiste en romper la unidad de acción de la OEA y la UE, en ignorar los informes de la ONU, y ese definitivo informe con patas que abandona a toda prisa el paraíso bolivariano... estará ayudando a la dictadura incompetente, analfabeta, trasnochada y cruel que se ha apoderado de Venezuela, la ha arruinado y esquilmado, y la ha humillado y degradado, yendo directamente contra los que gritan libertad y contra las ansias de futuro de los que huyen... y de los que han tenido que quedarse.

Comprenderá Sánchez que los matrimonios por conveniencia tienen a veces graves efectos secundarios. De momento, gracias a esta política entreguista, acomplejada o deudora, España está rompiendo su 'compromiso iberoamericano', que tantos esfuerzos ha costado restaurar a base de las cumbres ideadas por Felipe González en el V Centenario, y alejándose irresponsablemente de la navegación continental hacia la democracia, tan acosada por el resurgimiento de los fantasmas del pasado: nacionalismo, populismo, radicalismo embaucador....

El CNI tiene un 'departamento de lecciones aprendidas', según dijo en un foro sobre ciberseguridad de la Asociación de Periodistas Europeos el director del Centro Nacional de Inteligencia, general Sanz Roldán. Pues bien, Sánchez debería crear al menos una Subsecretaría para que entienda la gran verdad que encerraban las palabras de Santayana: "El pueblo que no aprende del pasado está condenado a repetirlo".

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