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04/09/2018 07:24 CEST | Actualizado 04/09/2018 07:24 CEST

¿Qué podemos hacer con Maduro y la 'dictamadura'?

Nicolás Maduro.
Reuters
Nicolás Maduro.

Ya sé, ya sé que Venezuela es un Estado soberano, que Nicolás Maduro fue elegido en sucesivas 'elecciones', de esas 'de aquella manera'; ya sé que Podemos y sus franquicias y falansterios siguen considerándole un héroe, un modelo a seguir impasible el ademán; ya sé que Pablo Iglesias, Irene Montero, Íñigo Errejón, Pablo Echenique, Juan Carlos Monedero, Carolina Bescansa, derramaron lágrimas, desde lagrimitas a lagrimones, cuando el exgolpista Hugo Chávez dejó de darles la tabarra a los vivos para estar con los muertos; ya sé que el imperialismo no duerme –los venezolanos tampoco- maquinando mil maneras de deshacerse de este 'bolivarianismo' que hunde bolívares.

Todo eso lo sabemos. Es el 'conductor' oficial del Estado (no en vano fue camionero). Pero en estos momentos hay más de 2.500.000 poderosas razones 'personales' para preguntarnos qué puede hacer la gente sensata de todo el mundo para parar la locura que se ha apoderado in crescendo de un régimen "que ha perdido la chaveta".

Gran paradoja política: en estos tiempos todos los que escapan, en todo el planeta, del hambre, la miseria y la persecución política son recibidos en España con gran sentido humanitario, como es natural. Con una sola excepción, o tres: los que por los mismos motivos huyen de algunos paraísos, que lo son por decreto: por ejemplo, del paraíso venezolano y del paraíso cubano, y últimamente del nicaragüense.

Igual que la homeopatía y las medicinas alternativas no remedian el cáncer, los cinco ceros de Maduro y sus tontainas de cabecera no solucionan el drama venezolano

Pero mientras el post castrismo evoluciona hacía una cierta sensatez y realismo 'de mercado', un poco a la china firma, Caracas se empeña en perfeccionar las técnicas del desastre.

Algunas demuestran el predicamento de los chalados en una camada a la que ya solo le queda la ayuda de magos, charlatanes, aprovechados y timadores, cuyas soluciones esotéricas mantengan la ilusión en que es posible un gobierno en permanente combate contra la cordura, siendo la cordura la tozuda realidad. El método científico de prueba y error.

Pero no hay nada que hacer. El último invento, visto y no visto, ha sido quitarle cinco ceros a los billetes para reducir la inflación. Los discursos de Maduro y los suyos alabando este "impresionante descubrimiento" que, no es coña, aseguran que va a revolucionar la ciencia económica mundial, han estado a la altura de las payasadas del Circo Toti.

El descojone, con perdón, ha sido histórico. 'Transversal', que se dice ahora. Quien primero lo rebatió con muy sólidos argumentos fue, en una crónica de El País, un sabio tendero caraqueño: "Pues yo le quito cinco ceros al precio del pollo". Plaf.

Hasta los aliados cubanos, que muy pragmáticos por interés y por el qué dirán trocaron ayuda médica por petróleo, los han ido abandonando

Igual que la homeopatía y las medicinas alternativas no remedian el cáncer, ni los horóscopos ayudan a la ciencia a profundizar en los misterios del Universo, los cinco ceros de Maduro y sus tontainas de cabecera no solucionan el drama venezolano, porque el drama venezolano no es cuestión de ceros ni de la fantasmada digital de la 'petromoneda', sino de neuronas; no es cuestión de varitas mágicas sino de un régimen déspota, iluminado, dirigido por embaucadores y fanáticos ignorantes, apoyado por instituciones serviles, altamente incompetentes y, al parecer según informes policiales y de inteligencia, vinculados con el narcotráfico.

El resultado de la 'revolución' ha sido el que ha sido, como diría Rajoy en una de sus creaciones de filosofía mariana. "Por sus obras los conoceréis", dice la Biblia. Y las obras acumuladas por Chávez y Maduro son de un enorme dramatismo. No es una variante del realismo mágico de Gabo, sino una secuencia desgraciada más del realismo dramático de un grupo de desalmados ajenos a la miseria y el dolor que provocan en su pueblo.

Hasta los aliados cubanos, que muy pragmáticos por interés y por el qué dirán trocaron ayuda médica por petróleo, los han ido abandonando. No los han criticado, porque muy en línea con este marxismo irredento, nostálgico de las viejas glorias, la URSS, el Muro, los Gulag, el Ché, eso sería reconocer su fracaso. Este comportamiento es también el de Podemos. Como casi todo el mundo sabe, o debería saberlo, sus dirigentes no han sido solamente admiradores devotos, sino colaboradores y cómplices del movimiento. Busquen vuestras mercedes en YouTube y verán.

Quizás si la plana mayor podemita hiciera este sacrificio, Maduro y su núcleo duro corregirían el rumbo

Ha sido tanta y tan pertinaz la admiración incondicional de Podemos por el chavismo-madurismo, que su reconocimiento del desastre, su acto de arrepentimiento y contrición, sus consejos, serían un gran alivio para los venezolanos, y sobre todo, para los propios españoles.

Podemos no es cualquier cosa. Es un partido que ya está presente en muchas instituciones y en muchas televisiones, que ya toca poder y presupuestos, que puede estar en el gobierno de la Nación, si antes sus socios y amigos no ayudan a partirla, y que, por lo tanto, tiene influencia para que su voz sea atendida por Caracas. "Paren ya; nos hemos equivocado; este no es el camino...".

Quizás si la plana mayor podemita hiciera este sacrificio, Maduro y su núcleo duro corregirían el rumbo; o no, pero sería una ventana de oportunidad. Su fracaso indicaría que ya no serían suficientes meras soluciones políticas.

En verdad, desde el punto de vista marxista, el análisis concreto de la realidad concreta en el momento concreto (simplificando), el camino político estaría cegado. La verdad retroactiva es que lo cegó Nicolás Maduro en el instante en que diseñó un golpe de Estado desde el Estado contra el Parlamento libremente elegido por voto universal en las urnas, en el que la oposición ganó por una rotunda mayoría. La convocatoria inconstitucional de una Asamblea del Poder Popular formalmente instauró una Dictadura en toda regla que tiene como apéndices a los tres poderes clásicos: el ejecutivo, que es el primus inter pares, y el que parte y reparte, el legislativo y el judicial, que viene a ser el palanganero de los anteriores.

El éxodo es de tal magnitud que está provocando graves problemas no sólo en los países colindantes sino en casi toda América del Sur

Entre dos millones y medio y tres millones de venezolanos desesperados han huido de su país en los últimos años. El éxodo es de tal magnitud que está provocando graves problemas no sólo en los países colindantes sino en casi toda América del Sur. Colombia acoge a casi un millón; en Brasil se están produciendo reacciones xenófobas; en Perú, Chile, Argentina, Ecuador la situación se hace insostenible. Venezolanos y nicaragüenses (estos una minoría) están provocando, muy a su pesar, los mismos conflictos que la inmigración masiva de refugiados sirios, libios, y de toda África, en realidad, ocasionan en Europa y despiertan a los demonios.

Loro viejo, dice un antiguo refrán español, no aprende idiomas; y este es el caso de Maduro. El último 'atentado' es de traca.

Érase una vez, la tarde del 4 de agosto de 2018, que estaba Maduro celebrando el 81 aniversario de la Guardia Nacional, en una de sus alocuciones para chupar cámara, ufano y engalanado como un pavo real con todos los oropeles del cargo cuando se escucha una fuerte explosión. Los guardaespaldas del valiente líder le rodean con sus negros paraguas metálicos desplegados, al punto de convertirlo por unos segundos en una especie de mariposa, gordinflona, eso sí; la formación militar se deshace y hay una desbandada en la que confraternizan a la carrera prudentes soldados con precavidos capitanes y otros jefes...

Cuentan las vigilantes 'redes' que policías y francotiradores de la escolta disparan al aire a un 'artefacto volador', y a las pocas horas, Maduro proclama solemnemente que se ha tratado de un nuevo atentado capitalista imperialista. Como las veces anteriores, se ordenan detenciones de dirigentes de la oposición, ya descabezada y minuciosamente desmembrada. Pasan los días, y silencio, mayormente porque nadie se lo cree, ni dentro ni fuera, y porque aumenta el aislamiento de la 'dictamadura'.

De los dos millones y medio de huidos que buscan refugio, y algo tan elemental como comida, hay un gran número de españoles y de descendientes

Y cobra fuerza la primera versión que se dio vía smartphones: había explotado una bombona doméstica a unas cuadras de distancia; el dron era de la televisión, y todo lo demás, cuento.

De los dos millones y medio de huidos que buscan refugio, y algo tan elemental como comida para los mayores y potitos y pañales para los bebés, hay un gran número de españoles y de descendientes. Entre ellos, cientos de miles de isleños (canarios). Estadísticamente es seguro. España, pues, no sólo tiene un compromiso humanitario sino una responsabilidad nacional.

Tiene que haber un pacto de Estado para buscar una solución y echar al dictador Maduro y su 'corte de los milagros' y reimplantar la democracia. Y en este acuerdo no debería faltar Podemos, porque si falta, el rebote para esta formación va a ser mucho más serio que los efectos secundarios de su ambigüedad con la unidad de España en Cataluña.

Menos mal que en Cataluña los golpistas y talibanes estelados están identificados: todos tienen un lazo amarillo.

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