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05/06/2018 07:25 CEST | Actualizado 05/06/2018 07:25 CEST

Rajoy, con el datáfono roto; y Sánchez, presidente equilibrista en la cuerda floja

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en La Moncloa.
EFE
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en La Moncloa.

La sociedad española, aunque tarde, empezó a penalizar la corrupción, a acabar con su aceptación social, con la pasividad ciudadana, tras comprobar que los corruptos no eran casos aislados, sino un tumor maligno que a falta de cirugía o quimioterapia estaba necrosando al cuerpo democrático. Las peores enfermedades comienzan con unas décimas de fiebre o unos microscópicos puntitos de sangre en las heces.

La gente empezó a comprobar las consecuencias de que se socavara el principio básico de la igualdad de oportunidades. Así que comenzó a agrietarse el granito del compañerismo mal entendido. Y eso se fue reflejando poco a poco en la aparición de movimientos de base, interclasistas, aglutinados por el cabreo ante dos hechos 'complementarios': la corrupción y el saqueo de lo público, y el frío y cruel desmontaje del estado social con la disculpa de las 'reformas estructurales' que, en síntesis –y sin negar que las reformas son algo natural, si se hacen desde la buena fe y el respeto a las reglas- pueden representarse en que los engañados tienen que pagar a los timadores, en el peor de los casos, o a los incompetentes, en el más favorable de los supuestos morales.

Engañados, y encima pagadores. Cornudos y apaleados

Pero así como los clientes de una tienda de aceite y vinagre, o de una mercería, o de un taller de chapa y pintura... no tienen que pagar la mala suerte de estos comerciantes, los clientes de la banca y aún los que no lo son, han tenido que pagar la mala cabeza cuando no la avaricia bancaria y de chiringuitos y chabolos financieros, que en su locura inventaron productos tan faltos de prudencia como de escrúpulos y honestidad, los llamados 'activos tóxicos', malabarismo financiero sin red, que al final han tenido que asumir todos los españoles. Engañados, y encima pagadores. Cornudos y apaleados.

En fin, que cuando todas las encuestas empezaban a coincidir en el mismo diagnóstico, la sociedad se había cansado de ser engañada y reaccionaba contra la corrupción o la incapacidad política, y aparecía una nueva voluntad cívica, una puerta abierta a la regeneración moral y política, en medio, es verdad, de discursos populistas y de una fuerte crisis del modelo autonómico, desbordado por los manejos separatistas muchas veces tiznados de nazismo, y de la 'rendición militar' de ETA, que ha pasado del activismo con la Magnum y la Goma 2 al activismo político... cuando todo esto ocurre y el Estado democrático creado en 1978 se enfrenta a su mayor desafío existencial, la estrategia política de Rajoy, con el datáfono roto, pasa por encerrarse en las Cortes y desenchufar el sismómetro que venía detectando un cambio profundo.

El respaldo que ha recibido Sánchez no garantiza ni la estabilidad territorial ni una gestión fructífera

Con la incógnita añadida, de que la aritmética parlamentaria solo tenía dos salidas a mano, de las tres posibles. La tercera, un gobierno sustentado en una reedición de urgencia de la fórmula del 'consenso' fue dejada de lado: el acuerdo del PSOE, con Ciudadanos y Podemos, y para los temas de Estado, con un PP en la oposición. Sería casi una perfecta reedición del eje político que permitió afrontar la Constitución también en unos tiempos convulsos en que España estaba zarandeada, en el paso de la dictadura a la democracia, por una maléfica conjunción planetaria: los crímenes de ETA, las acciones ultraderechistas salidas de las cloacas del Estado del Batallón Vasco Español o la Triple A -placentas del GAL-, el terrorismo amanuense del Mpaiac del tronado Cubillo, los manejos de Argelia para que la OUA declarase que Canarias era tierra colonizada, la piratería, secuestros y asesinatos del Frente Polisario que llevó el terror al banco pesquero canario sahariano, la rebelión de militares que añoraban el orden franquista, a lo que hay que añadir las acciones del Grapo misterioso...

La unidad y firmeza para sacar adelante la Constitución se hizo con el eje de UCD y PSOE y la colaboración, leal y firme, del PCE, principalmente, con apoyos tácticos menores y con una AP liderada por Fraga, con una gran carga del post franquismo en busca de la lancha salvavidas, que no aceptaba los elementos progresistas de la Constitución, pero que no la saboteó.

Hay una pinza real que condicionará la política de Sánchez

El respaldo, no todo bien intencionado, que ha recibido el dirigente del PSOE, Pedro Sánchez, en su aventurada jugada a base de carambolas, no garantiza ni estabilidad territorial ni una gestión fructífera. Los circunstanciales aliados del separatismo golpista no buscan, eso es de manual de estrategia, fortalecer al Gobierno central sino debilitarlo. Para el soberanismo, tan rentable es la debilidad negociadora de su contraparte, como el caos que con un poco de ayuda puede empeorar la crisis del Estado.

Hay una pinza real que condicionará la política de Sánchez: una manilla de la tenaza la tienen los rebeldes que buscan consolidar la República catalana por la vía de hechos consumados, y el nacionalismo vasco que ya vuelve a dar pasos en la cuerda floja y ahora defiende un doble rasero: habrá ciudadanos residentes y ciudadanos nacionales. En la práctica. Una doble nacionalidad.

La otra manilla de la tenaza la tiene Podemos, esa amalgama liderada por el siempre imprevisible y mudable Pablo Iglesias bis que, a pesar de su tránsito de la vivienda de barrio al 'casoplón' (en canario coloquial 'cachocasa'), no ha variado un ápice en su bolchevismo bolivariano y en su apoyo a los antisistema que pueden aumentar la debilidad de la democracia encarnada en la Constitución del 78.

Ni a Ciudadanos, ni a Podemos, les interesa un aumento demoscópico de la imagen de Sánchez y del PSOE

Tras el apoyo 'incondicional', cuando la moción no tenía probabilidades racionales de prosperar, la dirigencia podemita reclamó ipso facto cuando se consumó una presencia en el Gobierno. En los Ministerios se vive mejor.

La idea de Pedro Sánchez siempre ha sido confiar en su imagen y en la oportunidad de ser presidente del Gobierno para, con un poco de suerte, ganar credibilidad como gobernante y que los electores le vean como un hombre fiable para darle por fin el voto. Suárez tuvo esa fiabilidad porque consiguió mantener el rumbo con el invento del consenso, que en contra de lo que algunos piensan fue un mecanismo aceptado por sus aliados circunstanciales con fecha de caducidad: la aprobación de la Constitución.

Ahora, cuarenta años después, el objetivo del Gobierno debería ser superar el desbarajuste que atormenta a España. Frenar y recomponer el consenso autonómico; sentar bases duraderas, al menos para otros cuarenta años, en el engranaje; ajustar la Constitución preferiblemente como se ajusta la Norteamericana, a base de enmiendas que van señalando las grandes transformaciones históricas, sin modificar su núcleo, su alma, la idea de los Padres Fundadores; mantener el crecimiento mientras se acomete una mejor distribución de la riqueza que alivie la grieta social...caminar hacia la recuperación de la política de energías renovables, etc.

Cuando llegue a España la nueva crisis económica, cuyos vientos ya soplan en el mundo, se le achacará a Sánchez

Pero lo que queda de legislatura, que Sánchez tratará de agotar con el programa de regeneración ética y recuperación de la estabilidad, será un camino lleno de dificultades. El nuevo presidente parece un funambulista en la cuerda floja. Ni a Ciudadanos, ni a Podemos, les interesa un aumento demoscópico de la imagen de Sánchez y del PSOE; el PP se atrincherará y disparará a todo lo que se mueva; y los separatistas catalanes y vascos, lo mismo. El mejor Gobierno en Madrid, para ellos, es el que no existe; y en todo caso, el más débil. La política no es compatible con la poesía.

A los traspiés y chantajes previsibles se le sumarán los efectos de una nueva crisis económica cuyos vientos ya soplan en el mundo, pero que cuando llegue a España, esta se le achacará a Sánchez y el PSOE. Igual que Rajoy y el PP se han beneficiado de las ayudas del BCE y de la reactivación económica mundial, buen viento de cola, la llegada de Trump a la Casa Blanca ha acelerado, según varios indicios, el fin de la recuperación. George Soros, que vio venir la gran recesión, avisa que finaliza la bonanza. Pero hay más predictores de que se está incubando otro crac financiero global.

La UE no está en su mejor momento, está quizás en el peor

Los mercados empiezan a reaccionar ante la subida del precio del petróleo, el aumento de los tipos de interés, la aparición de populismos, el nacionalismo emergente... Las bolsas son muy frioleras. Como los fondos de pensiones. España, con el problema independentista, una clase media expoliada y una enorme brecha entre pobres y ricos que aumenta sin parar; Italia, en manos de partidos eurófobos; Polonia y Hungría, con gobiernos ultranacionalistas cuyo contagio se extiende como el sida por el Viejo Continente. La UE no está en su mejor momento. Está quizás en el peor.

Además, esto de los ciclos económicos es una maldición que ya fue entendida por el primer autor de la teoría de ciclos, Josué, cuando le explicó al faraón sus sueños de las siete vacas flacas y siete vacas gordas....

Viviremos pues, fuera del libro de Alicia en el País de las Maravillas, situaciones parecidas a las que escribía Lewis Carroll. Preparémonos para asumir los sustos y la cruda realidad que nos aguarda en la próxima esquina con la tranquilidad que da la experiencia y el Tranxilium.

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