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08/12/2018 11:42 CET | Actualizado 08/12/2018 12:09 CET

¿Para qué le sirve el feminismo a España?

Hermione.
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Hermione.

Si Pablo Iglesias no hubiese hecho una referencia a Lord Voldemort y Harry Potter en su libro con Enric Juliana, Nudo España, puede que nunca me hubiese atrevido a hacerlo yo misma, al menos públicamente, claro. "...el mal no puede ser nombrado porque si lo nombras, se abalanza sobre ti". Y esto me llevo repitiendo desde el fatídico pasado 2 de diciembre. En Andalucía y en el resto del país, a todos los demócratas se nos encogió un poco el pecho, pero a las mujeres, y no os digo ya a las bolleras, directamente se nos puso el nudo en la garganta, sabiéndonos doncellas en una Gilead que ya no parece tan lejana, más aún cuando una mira a Europa.

Los trillizos de Aznar, la corriente franquista del PP, el fascismo, los neomachistas homófobos, racistas y falangistas; la extrema derecha, los otros, los malos; los que no deben ser nombrados, ya están aquí, ya han pasado, o, según a quién le escuchéis contar la Historia, en realidad, nunca se han ido. El pasado domingo vimos derrumbarse ante nosotras el muro de lo políticamente correcto: ahora vuelve a ser aceptable en nuestro país cargar contra las mujeres, los homosexuales, los pobres, los migrantes y las personas con discapacidad. Esta caída del muro ha hecho que incluso en nuestras filas, haya quien defienda que, precisamente, haber articulado nuestra posición en torno a la vindicación de los derechos de las mujeres, las personas LGTBI o de las personas migrantes, es, en parte, causa de la caída de ese muro. Haciéndome cargo del miedo que da este nuevo escenario político, ni media línea más voy a ocupar en deshacer tal argumento que cae por el peso de la revolución política y cultural que ha supuesto el 8 de marzo. Menos mal que ahora que los malos atacan, nos ha pillado organizadas. Feministas parecen, pues, todas las esperanzas que hoy podemos tener.

"El pasado 2 de diciembre a las mujeres, y no os digo ya a las bolleras, se nos puso el nudo en la garganta"

No escribo estas líneas para escudriñar los posibles errores de los míos en Andalucía. Tampoco para decidirme sobre si todos aquellos que apoyan a quienes no deben ser nombrados, efectivamente, compran el pack completo del mal; sino para compartir con vosotras una preocupación: la que nos ha caído encima, amigas, es terrible. Es un problema de época.

No sé cuánto tiempo llevamos diciendo muchas mujeres que el feminismo era la mejor oportunidad de la izquierda, que era el único dique de contención contra la barbarie. Ahora que todo esto se ha hecho realidad, casi me dan ganas de maldecir el contagioso poder de las palabras del que habla Butler. Siguiendo con las referencias sin pudor, por momentos, nos quieren hacer sentir como Aragorn al frente de la poca gente decente que queda en la Tierra Media, a las puertas de Mordor, en la batalla final, cuando ya hemos hecho todos los esfuerzos posibles y, sin embargo, nos queda por delante la más grande y compleja de todas las contiendas. No soy nada partidaria de ese lenguaje bélico y hoy más que nunca creo que no debemos ser fatalistas, pero lo que sí parece, siguiendo en el universo Tolkien, es que todas las antorchas se han encendido demandando ayuda y respuestas a las feministas de manera urgente e imperiosa, justo ahora que nosotras, en las mieles de nuestro triunfo, estábamos tan tranquilas debatiendo sobre la prostitución, quizás incluso cerca de morir de éxito.

Nosotras, mal que nos pese, seguimos estando fuera de todos los grandes espacios de poder. No había más que echarle un ojo a la foto de la Conmemoración del 40 aniversario de la Constitución, donde se conjuraron todos los poderes que conforman el Estado, o mejor dicho, todos los señores que lo hacen. Lo que también es cierto es que ahora tenemos más legitimidad que nunca para ocupar esos espacios, tanto que parece que estamos llamadas a salvar España. España necesita a las mujeres, el feminismo es en este momento el mayor remanente democrático del Estado. Hablar de feminismo debe ser hablar de España, pues ser patriota hoy es defender lo público y lo común, y defender lo público y lo común en condiciones dignas para todas y cada una de las personas de nuestro país, es, en definitiva, ser feminista. Sin mujeres, sin feminismo, no hay país posible. Quién iba a decirnos que, al final, seríamos nosotras las que podríamos salvar el Estado, un Estado que precisamente se ha podido conformar endeudándose sistemática e históricamente con nosotras: desde su Constitución a sus Gobiernos, pasando por sus presidentes, sus Jefes del Estado, su ordenamiento jurídico, su poder judicial. Todo sin nosotras.

Y qué hacer. Por tentador que sea recrearse en ese sin nosotras, parece que la urgencia de los tiempos nos llama a otra tarea. Cómo ser ese dique, cómo desarrollar esa esperanza, cómo articular y liderar ese proyecto democrático que debe profundizar en la igualdad de manera compleja, atendiendo a la redistribución y al reconocimiento necesarios para poder hablar de vidas dignas entendidas como aquellas libres, autónomas e iguales. Cómo establecer unas condiciones materiales tales para la mayoría que hagan que no sea el 99% quien se encuentre en constante posición negociación con el Estado de sus condiciones de vida, sino, al contrario, que sea el Estado, una garantía de esas condiciones. Cómo defender hoy esa democracia feminista de la que habla Alicia Miyares, cómo hacer que la ciudadanía deje de ser algo parcial, sino un derecho a tiempo completo para todas y todos. Cómo hacerlo hoy, que quienes no deben ser nombrados cabalgan ya por nuestra tierra, por tolkieniano que parezca, literalmente.

"Y qué hacer. Por tentador que sea recrearse en ese sin nosotras, parece que la urgencia de los tiempos nos llama a otra tarea"

Puede que sea el patriarcado quien arroja kilos de prudencia en muchos de los análisis que hacemos las mujeres, pero con ellos, con todos esos kilos de patriarcado, (y quizá, por ellos, me veo obligada a hacerlos desde el trap) me atrevo a dar dos claves:

Cuando estamos mal, lo paso bien. C Tangana

Creo que poca gente como C Tangana ha sabido resumir con semejante exactitud uno de nuestros grandes problemas. No nos podemos permitir aceptar un marco de derrota, por cómodas que puedan resultarnos esas coordenadas. Decía María Corrales en un artículo en Cuarto Poder, que aún hay tiempo: en boca de García Linera, una crisis orgánica se dibuja en cuatro fases: manifestación de la crisis; transición o caos sistémico; surgimiento conflictivo de un nuevo principio de orden estatal; consolidación de un nuevo Estado. En la definición de "nuevo principio de orden estatal" es donde el feminismo es más útil a España. Esta debe ser, pues, nuestra tarea fundamental.

Hace falta Corashe. Nathy Peluso.

El feminismo debe ser, por tanto, la centralidad del tablero político, pues será ahí donde los que no deben ser nombrados se queden arrinconados. Para ello, nuestras respuestas y nuestros debates deberán estar a la altura. Nos hacen falta coraje y audacia, pero también os harán falta a vosotros, compañeros, pues para que el feminismo sea útil a España debe llegar el tiempo de las mujeres, y las tareas políticas necesarias para ello son tan nuestras como vuestras.

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