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04/02/2016 07:30 CET | Actualizado 03/02/2017 11:12 CET

Cuidarse para vivir más y mejor y ganarle el partido a 'la salud'

runnerHay que presumir y estar orgulloso de llevar una vida sana, tener hábitos saludables y defenderlo con contundencia. Parece que el que lo pasa bien es el que comete excesos, y que el que se cuida lleva una vida aburrida, según, naturalmente los que lo pasan bien. Nada más absurdo. Cuando actuamos contra nuestro cuerpo, firmamos un recibo contra nuestra salud que en algún momento la vida nos va a cobrar.

Foto: ISTOCK

Hay una frase de Aristóteles que hace referencia a lo importante que es mantener un cuidado de nuestro organismo y de nuestra salud: "Somos el resultado de lo que hacemos repetidamente. La excelencia, entonces, no es un acto, sino un hábito". En esta afirmación, dicha hace miles de años, Aristóteles ya expresa lo esencial que es mantener unos hábitos saludables a lo largo de nuestra vida, y si no los tenemos, iniciar un proceso de cambio para incorporarlos.

Hay infinidad de situaciones que pueden acontecernos a lo largo de nuestra existencia. La mayoría son imprevisibles y pueden alterar nuestra salud y nuestro bienestar a veces de forma desagradable e inmediata. Pero hay otras muchas que dependen de nuestra conducta y de nuestros hábitos, y por lo tanto, podemos evitarlas y, de paso, hacer que lo inevitable se supere o se tolere mejor. Como se diría coloquialmente, en relación a nuestra salud, "por nosotros, que no quede".

Con respecto no ya a la enfermedad, sino a la calidad de vida personal, debemos hacer lo posible para que, con nuestro comportamiento, ayudemos a prolongarla y, sobre todo, a mejorarla. No pensar de forma simple que, por vivir en un mundo civilizado y organizado, todo es obligación de las autoridades políticas y sanitarias, sin que nosotros tengamos responsabilidad alguna.

Podemos hacer mucho por nuestra salud y por disfrutar de un importante bienestar en el desarrollo de los años si simplemente adoptamos conductas muy simples. No se trata de hacer ningún sacrificio, no tenemos jamás que verlo de esa forma. Hay hábitos como fumar, usar cualquier tipo de droga o beber alcohol en exceso que no hay que adoptar nunca, ya que el esfuerzo y, en muchos casos el verdadero suplicio, supone alejarlos. Pero si no los dejamos entrar, no hay que esforzarse y sufrir para expulsarlos.

La importancia de la alimentación es básica. Ingerimos más de sesenta toneladas de alimentos en toda una vida y, en función de cómo los elijamos y de que las cantidades de los mismos sean moderadas, depende en gran medida nuestra salud presente y futura. En nuestra alimentación son esenciales las frutas, verduras, hortalizas, los frutos secos y frutas desecadas, el aceite de oliva, el pescado en general y el azul en particular, las carnes blancas y algo las rojas, los huevos, los lácteos, las legumbres, los cereales, los tubérculos y, por supuesto, el agua. Todos conforman un grupo de lo que podemos llamar "superalimentos" que tenemos que tener siempre a nuestro lado y alejarnos de todo tipo de modas novedosas, de incorporaciones exóticas y de productos que, de forma intencionada, nos presentan en las redes comerciales y de influencia con la única intención de que los consumamos, cuando todo lo que hemos descrito lo encontramos en la tienda más próxima.

Una alimentación sana contendrá todos los ingredientes para cuidar el corazón, el cerebro y evitar enfermedades como el cáncer.

Si mantenemos una alimentación sana como hábito, será muy fácil conseguir un peso correcto. Al mismo tiempo, cuidaremos nuestros órganos y mantendremos nuestra presión arterial, lípidos, glucosa y demás parámetros en valores estables. Esa misma alimentación sana contendrá todos los ingredientes para cuidar el corazón, el cerebro y evitar enfermedades como el cáncer. Si al poner en práctica una alimentación sana y saludable y una hidratación adecuada le añadimos el hacer ejercicio y dormimos adecuadamente, actuaremos retardando el envejecimiento y combatiendo el estrés y, por supuesto, todavía optimizaremos más el cuidado del corazón, el cerebro y todo el organismo en general.

Si a todo lo anterior le añadimos una actitud optimista, educamos la voluntad como motor de todos los cambios y cultivamos nuestra personalidad como expresión exterior de todo nuestro bagaje de conductas para no recibir influencias contraproducentes, habremos completado un círculo de excelencia en nuestros comportamientos que el organismo agradecerá con toda seguridad y muy posiblemente nos compensará con un vivir más y, sobre todo, mejor.

Hay que presumir y estar orgulloso de llevar una vida sana, tener hábitos saludables y defenderlo con contundencia. Parece que el que lo pasa bien es el que comete excesos, y que el que se cuida lleva una vida aburrida, según, naturalmente los que lo pasan bien. Nada más absurdo. Cuando actuamos contra nuestro cuerpo, firmamos un recibo contra nuestra salud que en algún momento la vida nos va a cobrar.

Tomando como ejemplo algo que me es muy familiar, como es el fútbol, y haciendo un símil de la vida con un partido, hay muchas personas que cuando son jóvenes piensan que todo el partido va a ser igual que los minutos iniciales y se meten constantemente goles en su propia portería abusando de su propio organismo y pensando que siempre van a poder remontar el tanteo en contra. Cuando se acuerdan, están comenzando el segundo tiempo de su vida y ya no hay forma de ganar ese partido, y desgraciadamente, esa victoria y trofeo que pensaban levantar, se convierte en una triste derrota. En el fútbol, como en la vida, "lo importante no es cómo empiezan los partidos, sino cómo terminan."

Así que quien tenga el tanteo a favor, que siga metiendo goles en la portería contraria a base de cuidarse, para ir con tranquilidad al segundo tiempo. Y quien vaya empatando o perdiendo, seguro que todavía puede ganar su partido. Así que ¡a no perder ni un minuto!, a cambiar de táctica y de jugadores. Y a remontar.

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