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28/10/2018 08:59 CET | Actualizado 28/10/2018 08:59 CET

'Anastasia', 'El médico' o 'West Side Story', ¿cuál de los tres?

Antonio Hernández Nieto
Foto con los carteles de los musicales estrenados en octubre 2018 en Madrid.

La cartelera teatral madrileña se está llenando de musicales. Y es que al sempiterno El Rey León (¡8 años en cartelera!) en el Lope de Vega y a Billy Elliot, que también parece que ha llegado al Nuevo Alcalá para quedarse, se han incorporado otros tres (en orden alfabético): Anastasia en el Coliseum, El médico en el Nuevo Apolo y West Side Story en el Calderón. Y los que quedan (33y El jovencito Frankestein) ¿No sabes cuál ver (y en cual invertir la pasta que tanto te cuesta ganar)? A lo mejor los párrafos siguientes te ayudan a tomar una decisión.

Spot de 'Anastasia' proporcionado por Stage Entertainment.

1. Anastasia, el musical que no defrauda

Es una producción hipercuidada como corresponde a un producto comercial de calidad. Nada se ha dejado al azar. Y eso se nota cuando uno se sienta en el patio de butacas. Desde la música al libreto, desde la orquesta a los cantantes-actores y bailarines, pasando por los decorados y el vestuario.

Todos son buenos, cuando no realmente buenos, para el registro de los musicales. Como es el caso de Jana Gómez, la titular del primer reparto para el papel de Anastasia. No solo da el perfil del personaje y sabe actuar, sino que el día del estreno, ante profesionales, productores y entendidos, provocaba el silencio absoluto cuando cantaba y un estallido de aplausos cuando acababa. O Silvia Luchetti, una clásica del musical español, que brilla en el rol cómico y en los dos números musicales que tiene junto a Javier Navares.

Y a todo lo anterior hay que sumarle una historia de esas que le gustan al público. Por las que, ya sea a escondidas o no, leen revistas como el Hola o miran de reojo Corazón, Corazón. La historia de una princesa venida a menos. La de una Romanov destronada por los bolcheviques, que, desde el punto de vista del imaginario colectivo, serían los malos por excelencia del siglo XX si no fuera porque lo de los nazis es difícil de superar. Una historia que flojea un poco, aunque poco, en su segunda parte.

Un cuento que permite poner en escena la espectacular opulencia de los zares. La belleza rígida y gris de los edificios soviéticos y sus miserias bajo rojas banderas al viento. Y un París, siempre romántico y chic de principios del siglo XX. Un musical que no pretende ser otra cosa que un musical como los de siempre aprovechando las posibilidades que ofrece la tecnología del siglo XXI. Algo que hace realmente bien con el ojo puesto en asombrar y hacer disfrutar a grandes y no tan grandes.

Nacho Arias
Escena de 'El Médico', el musical basado en la novela de Noah Gordon.

2. El Médico, ¿un musical con futuro?

Este es el musical del que todo el mundo habla y por el que los espectadores siempre preguntan al crítico que lo ha visto antes que por ningún otro. La razón principal es la expectación que se ha creado a su alrededor por ser español y haberse criado en España. Una baza muy bien jugada porque han sabido darle a este producto español la imagen de un musical importado, como suelen ser la mayoría de los que llegan a la cartelera. Por el que sacar pecho en el entorno internacional.

A lo que se añade que se basa en el conocido best-seller de Noah Gordon (que lo ha apoyado con su presencia en el estreno) que enganchó a los autores del musical cuando comenzaban su adolescencia y a millones de otros adolescentes y adultos a lo largo de muchos años por lo que el autor, y su familia, se convirtieron en millonarios. Fue y sigue siendo tan popular que hasta se ha hecho una película con dos buenos actores Stellan Skarsgård y Ben Kingsley.

Historia medieval de un niño londinense y huérfano, con ciertos poderes, que descubre que su vocación es ser médico. Lo que le impulsa a viajar desde la cristiana Europa a la infiel Persia en busca de Avicena para conseguir su sueño (lo de buscar y conseguir los sueños es algo muy típico de un musical.)

Con una música que está bien, sin tener ningún hit, pero escrita por alguien que conoce de lo que compone y sabe utilizarlo. Con unas letras musicales y diálogos mejorables. Con un elenco dispar, cada uno bueno en lo suyo pero que no siempre funcionan en conjunto. Con un equipo artístico formado por grandes nombres del teatro español (¡hasta Alfons Flores de la Fura del Baus como escenógrafo!).

Con todo eso, sería ese alumno al que un profesor querría suspender por el resultado. Y, sin embargo, le aprueba. Incluso le da algo de nota porque se da cuenta que ha estudiado, que conoce la materia, la domina, pero que ha tratado de hacer el más difícil todavía sin conseguirlo. Y eso ha hecho que por partes, sobre todo, por la primera parte, se disfrute y se entienda peor lo que se ve en la segunda parte.

Un musical al que le puede pasar lo que a Los miserables, cuyo original no acababa de funcionar pero, como había material, fue cogerlo la maquinaria del West End londinense, "arreglarlo" aquí y allí, y convertirlo en lo que es y ha sido en la historia de los musicales.

Spot de West Side Story proporcionado por Som Produce.

3. West Side Story, jugar la baza de la música de Bernstein

Este es musical más el clásico de los tres. Clásico en muchos sentidos. Lo es por su música, compuesta por Leonard Berstein, uno de los compositores de música clásica más reconocidos e influyentes del siglo XX (solo hay que recordar las retransmisiones de sus conciertos para jóvenes desde el Carnegie Hall). De hecho cuando grabó este musical en disco eligió para los papeles principales a la soprano Kiri te Kanawa y al tenor José Carreras.

Clásico porque es uno de los musicales clásicos, cuyas canciones se siguen tarareando desde que se estrenó a finales de los 50 del siglo XX. Clásico en su historia, el Romeo y Julieta de Shakespeare trasladado a la vida de barrio y bandas del Bronx neoyorquino. Incluso clásico también en su concepción, de hecho adapta y mantiene las coreografías originales de Jerome Robbins.

Es ese clasicismo lo que seguramente esté ampliando el tipo de público que está yendo y llenando el Calderón. Sin embargo, tiene problemas de casting tanto en el elenco como en el cuerpo de baile. De nuevo, es la disparidad lo que impide que se vea como un conjunto. Además de confiar mucho en la carísima tramoya que enlentecen/entorpecen las transiciones (¿es necesario ver la estructura del puente?) y poco en la magia del teatro. Esa que solo necesita la presencia de un actor, un cantante o un bailarín diciendo, cantando o bailando bien, sin más, para llevarte a Nueva York o a la luna.

Pasa un poco como en El Médico habría que recordar a su equipo artístico que menos es más. Sin embargo, saben que tienen una baza. Una baza que han sabido jugar bien. La baza es la música de Bernstein. Y esta sí que la han cuidado. Al menos el día del estreno oficial el director musical hizo sonar la partitura de este compositor con la calidad que se merece tanto el autor como el público. Eso salvó la velada para muchos y también explica el entusiasmo de otros por este montaje.

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