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16/12/2018 10:16 CET | Actualizado 16/12/2018 10:16 CET

'Apocalipsis' y 'Circo Price en Navidad', el ying y el yang del circo

Navidad y circo es un tándem tradicional. De tal forma que el circo vuelve a las ciudades, sobre todo si son grandes, por Navidad. Es como esa vuelta a la casa familiar o ese encuentro con aquellos que se sienten cercanos pero no se sabe porque uno los ve de año en año por estas fechas. Este año, en Madrid, hay varios circos. Entre ellos está Circo Price en Navidad para ir con la familia, llevar desde los niños a las abuelas, y acertar hasta con uno mismo y si se va en pareja. Y el otro, Apocalipsis en la Caja Mágica, más adulto, digamos que para ir con los amigotes con los que sueles juntarte en la barra de un bar, circo ruidoso, oscuro y todo lo políticamente incorrecto que se puede ser en estos tiempos.

Ambos comparten esquema, estructura. En el sentido que, desde que irrumpió el Circo del Sol en nuestras vidas, todos se construyen alrededor de un hilo conductor. Una historia a partir de la que imaginar desde el atrezo a la escenografía, desde la música hasta los diálogos de las escenas que se hagan entre los distintos números e incluso las presentaciones de esos números. El objetivo es ilustrar una historia con una temática concreta.

Circo Price
Víctor Ortiz Wilbur y Carla Pulpón en Circo Price en Navidad

En ese esquema, Circo Price en Navidad, recurre al famoso cuento dickensiano de Mr. Scrooge, para recuperar la alegría de Tristán. Un hombre de hoy en día intolerante a la lactosa (¿solo a esto?) que come comida gluten-free y light llena de superalimentos. Una persona sola y solitaria encerrada en ese círculo vicioso de trabajar (mucho) y dormir (poco) en lo que se le va toda su energía para vivir y disfrutar.

Será buscando la alegría de este personaje en su pasado, su presente y su futuro que los espectadores se alegrarán de haber ido. Por Tristán interpretado por ese payaso acróbata llamado Víctor Ortiz "Wilbur" que sabe jugar en escena sus recursos físicos dotándose de un espíritu chaplinesco para hacer reír y emocionar. Por Carla Pulpón esa maestra de ceremonias, un poco hada Campanilla, que con el nombre de Cometa viene a tratar de romper el círculo. Por unas conocidas canciones pop gospelizadas bien interpretadas por la Gospel Factory con los que apetece levantarse a cantar y bailar. Y por sus números bailados, con un trabajo físico tan bien ejecutado y equilibrado que a veces parecen un número circense más.

Aunque, claro está que siendo un circo, destaca por los números circenses. Impecables y con fuerza, incluso los más modestos, porque están hechos con humildad, sin arrogancia y con imaginación. Entre los que destacan tres que harán las delicias del espectador: el ejercicio de barra, que en vez de estar fija al suelo flota en el aire; el número del diávolo de Guillaume Karpovwiz de una simplicidad apabullante pero de una inteligente belleza y habilidad que ríete tú del Circo del Sol; y el hermoso número final de danza vertical, combinado con el góspel del espectáculo, que hace estallar al público cuando acaba.

Circo de los Horrores
Suso Silva con parte del elenco de Apocalipsis

Si el anterior un era un circo amable, un circo blanco, Apocalipsis es un circo negro, oscuro. El reverso o el yang del anterior. Es y tiene sin duda una vocación adulta, tal vez de adultos que siguen manteniendo cierto espíritu adolescente y masculino, en cierto modo macho, aunque también gustará a ¡uh! ¡ah! las chicas que son guerreras. Para los que disfrutan con las pelis de Mad Max o los blockbusters de terror apocalíptico que se puede ver en los multicines de los centros comerciales de las afueras, en los polígonos.

Plagado de chistes que rozan el mal gusto y la incorrección política, pero nada alejados de los que se oían en las antiguas revistas y cabarets, también juegan una historia. Lo hacen desde que se atraviesa la puerta, no esperan a que uno se siente en las butacas. La historia de que el público debe encerrarse en la zona cero (que resulta ser el circo). Fuera de allí se ha instalado el apocalipsis, el cambio climático ha cumplido toda y cada una de sus amenazas, los virus mortales campan a sus anchas, y la democracia representativa de derechos ciudadanos ha sido sustituida por clanes jerarquizados, bandas o tribus urbanas sometidos a un regente. Una distopia futurista que quiere llamar, con ruido, a salvar al planeta. Pueden parecer malos chicos de barrio con sus motos, sus chupas de cuero, su mala hostia, pero tienen corazón, un corazón muy grande.

Espectáculo musical pensado como si fuera un concierto de heavy metal, incluidas las baladas, para un gran auditorio con grandes pantallas y unos vídeos apabullantes, sin duda lo mejor del espectáculo. Al que no le acompaña la música ya que no se llega a apreciar por el volumen al que se emite. Motivo por el que tampoco se aprecian muchas de las cosas que dice el gótico maestro de ceremonias, Suso Silva, premio Nacional de Circo 2003, ni los chistes de los payasos, ni la voz de los cantantes. Ruido que encaja perfectamente con los números acrobáticos con motos que se ven en escena, y que añaden más ruido, olor a taller mecánico o gasolinera y mucha especificidad.

Dos circos superficialmente distintos que, seguramente por imagen y música, atraerán a públicos en apariencia muy diferentes.

Un circo que además de buenos números circenses, como el de los saltimbanquis mongoles, o el del trapecio, incluye el ya clásico número de la Compañía de los Horrores. Esa celebración del orgullo de ser calvo que hace que en la platea haya multitud de calvos. Imagina uno que deseando ser elegidos y sacados a escena para que Suso haga delirar a las masas del auditorio comiéndose un calvo.

Dos circos superficialmente distintos que, seguramente por imagen y música, atraerán a públicos en apariencia muy diferentes. Sin embargo, ambos apelan a lo que de común tienen esos públicos: celebrar la alegría de estar y sentirse vivos en una sociedad llena de riesgos. Ya sea la vida sedentaria y la comida que la acompaña, ya sea el cambio climático y sus consecuencias. Circos pues de esperanza y confianza en el ser humano.

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