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17/03/2019 11:45 CET | Actualizado 17/03/2019 11:45 CET

'El notario', 'LACURA' y 'Novecento' o el solo teatral es tendencia

Bibiana Monje
"LACURA" de Bibiana Monje

Dos estrenos y una reposición ponen de moda en Madrid el solo teatral, es decir un actor o actriz solo en escena contando una historia. Llamado así para diferenciarlo de la exitosa stand-up comedy de la Chozita del loro y su sucesión de chistes contados, habitualmente, por chicos majetes, con aspecto de colegitas del barrio. No es el caso de El notario, LACURA y Novecento. Los tres tienen humor, pero lo suyo es contar historias, cuentos, convocar al público para que recuperen esa intensidad infantil de los sentidos y disfruten, se emocionen, rían y, quién sabe, si hasta lloren como solo los adultos sensibles saben hacer en el teatro, cuando reconocen en esa ficción, en esa fantasía, mucho más que la vida.

El notario, una tragicomedia que reconforta a sus espectadores

Este solo teatral que se puede ver en el Teatro Cofidis Alcázar lo protagoniza Pilar Massa una actriz que tiene un carrerón. El que le ha permitido asumir el riesgo personal e individual de embarcarse en una aventura que protagoniza y dirige para encarnar a Erasmia. Una mujer de pueblo, griega, de pocos recursos económicos que enviudó a los 22 años, en aquellos años de la postguerra, en el que las viudas se quedaban ya para vestir santos independientemente de la edad y de su turgencia. Es su historia y la de su yerno. Un zapatero remendón de palabra y compromiso notarial, de ahí su apodo.

Obra entrañable de suegra algo más que mosca cojonera, de alguna forma agriada por la vida que le ha tocado vivir, que se toma su tiempo para todos los que acuden al teatro la vayan conociendo a ella y al pueblo. De manera que con la simple puerta azul de Grecia que preside el escenario, su estar en escena, algo de música y la palabra, es capaz de hacer viajar al auditorio a un lugar lejano que en España se (re)conoce muy bien por ser nosotros mediterráneos. Ese sabor de pueblo, de motes acertados, de mitos de andar por casa sobre unos y otros, de tópicos sobre hombres y mujeres. El sentido común y todo eso que forma la comunidad de la que muchas veces abjuramos pero a la que, de alguna u otra manera siempre volvemos.

LACURA, el teatro terapéutico consecuente con sus tiempos

Obra que trae al Teatro Fernán Gómez Centro Cultural de la Villa de Madrid a la canaria Bibiana Monje. Ella es una de los mayores valores de su generación, y así lo cuentan los profesionales que la conocen. Se entiende muy bien el porque viendo LACURA espectáculo en tres actos con un prólogo y un epílogo que es deudor, de alguna manera, de la generación a la que pertenece.

Por eso no faltan las proyecciones, ni las pantallas, ni la caja de ritmos, ni los sonidos grabados, ni el micrófono, ni la metáfora acerca de los seres humanos como ordenadores a los que se les instalan apps o lo contrario. Aunque no hay que equivocarse. A ella todo eso le sirve exactamente igual que las simples gafas de sol movidas con una mano con las que interpreta a su madre, el delantal que se pone para representar a su abuela, la virgencita que estaba en casa o simplemente su cuerpo. Un cuerpo al que despoja del glamour couché y estilizado, en el que nuestra sociedad encorseta a todas las actrices que van triunfando. Eso, parece decir, no es ser actriz, no es ser una artista, sino la construcción socialmente aceptada de ello.

Ser actriz, autora y directora de veras, es lo que le permite a ella hacernos viajar a su querida Canarias. Y practicando la popular autoficción teatral de nuestros días contar, (re)crear su infancia y adolescencia, mientras reflexiona teatralmente, es decir, con todos los recursos que ofrece el teatro y que una pequeña producción como esta se puede permitir, sobre la familia, la educación y la confianza que es necesaria para amarse a sí mismo y a nuestros prójimos.

Una historia con humor y con amor. Una experiencia de cómo pueden evolucionar los solos teatrales tras todas las experimentaciones que ha vivido el teatro en estos últimos años, sin perder a su público. Y aunque viene de Canarias, no llega con una hora de retraso, sino con una hora de adelanto reivindicando que crear es (des)creer. Anunciando que la tragicomedia de terror que puede parecer la infancia y la adolescencia que cuenta en esta pieza, no lo fue. Pues ella la recuerda llena de felicidad, como llenos de felicidad salen los espectadores que acudieron a verla. Y si lo fue la suya ¿no lo será la nuestra en vez de creer todo lo contrario?

Off de la latina
Miguel Rellán en Novecento de Alessandro Baricco

Novecento, entre la interpretación y el cuento

Recupera el actor Miguel Rellán este espectáculo, que tanto éxito le dio, para la sala Off de la Latina que acaba de reabrir. Un espectáculo mínimo que se lo fía todo a la interpretación del actor y al texto, perteneciente al popular Alessandro Baricco. Y que hace que el público asistente, según sus gustos personales, le guste la obra por el actor o por el texto, cuando resulta más que imposible separarlos de lo bien que están ligados.

Obra que cuenta la historia de Novecento un individuo que nació y murió en un barco del que nunca se bajó. Músico, para más señas, el mejor jazzista que hubiera parido madre. Historia que nos cuenta el desgraciado de su amigo que una vez que dejó el barco lo perdió todo, hasta su amistad, por una mala cabeza, una mala suerte y muchas malas mujeres.

Una historia a la que Rellán se enfrenta enfundado en un traje arrugado y sucio desde la más pura indefensión en un escenario negro y completamente desnudo. Presenta el aspecto del que nada tiene y al que todo le falta. Con ese apariencia y la suave tensión corporal de su palabra pone en suspensión la incredulidad del espectador que desde el inicio se le entrega. Público que sigue la historia, el cuento, en silencio, bailando al son del ritmo que le marca el actor protagonista esta increíble y maravillosa historia clásica, que huele a película en blanco y negro de los años cuarenta.

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