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15/04/2018 10:57 CEST | Actualizado 15/04/2018 10:57 CEST

'Future lovers' o donde viven los monstruos

Mario Zamora

Future lovers es la nueva obra que La Tristura ha presentado en los Teatros del Canal. Una obra que procede del taller que hicieron dentro del Festival Surge de 2017 cuyo resultado presentaron en el Teatro de la Puerta Estrecha. Una obra hecha del regreso al pasado de uno de sus personajes protagonistas. Un pasado que es hoy, el mismo día, sea el que sea, que esté leyendo este artículo. Así es la magia del teatro. Con decirlo en escena, y decirlo bien, se vuelve a hoy, todos los espectadores y los actores vuelven a hoy y se sitúan en presente.

¿Qué sucede en ese presente? Un grupo de adolescentes celebran a las afueras de una gran ciudad, en uno de esos lugares elevados y todavía sin urbanizar que las rodean, el cumpleaños de uno de ellos. Beben, bastante; fuman, menos; comen chuches; escuchan música (¡qué selección musical tan alejada de lo que se vende en los telediarios y en el prime time!); bailan; y hablan. Sobre todo hablan para pasmo de los que ocupan las butacas.

En ese hablar, el estereotipo de millenial, o la etiqueta comercial con la que quieran clasificarlos para venderles una vida y todos los complementos que van con ella, desaparecen. Sí, son seres de carne y hueso. Seres que desean, como todos, amar y ser amados. La simple vulnerabilidad que nos hace humanos, independientemente de la edad. Y hablando declinan amar: amar, amarse, amarnos. No hay posibilidad de otra cosa y el miedo que da.

Mario Zamora
Escena de 'Future Lovers' de La Tristura

Es ese y no otro mensaje el que coge al espectador de esta obra, lo coge por sus partes, lo acongoja. Algo que se consigue por el cómo está hecho. Esa reflexión que todo artista consciente hace sobre la materia con la que trabaja, esa reflexión que le permite gestionar lo que sucede en escena para un público que ha sido convocado a encontrarse. Encontrarse a sí mismo en presencia de otros. Ya que en un mundo sin Dios ni religión como el que se está construyendo, no hay otra cosa que los otros seres humanos para medirse y para mediarse. Esos distintos e iguales que yo a los que uno es capaz de amar en su doble acepción de amistad y de amor.

Terreno salvaje que, gracias al miedo, a la cobardía, se civiliza. Se domestica una naturaleza hecha de músculos, sangre, huesos. Un cuerpo que necesita el contacto con la piel de otros, su sudor, sus gritos, la palabra y los susurros en esa larga noche oscura de fiesta que es vivir, no sus sucedáneos. En el que también hay tiempo para el abrazo con el árbol y poner los pies (descalzos) sobre la tierra.

Y sabe, sabe una vez más, que esos monstruos que ve son sus amigos los miedos, que nunca le abandonarán. Unos miedos que tratará de evitar porque piensa que pretenden coronarlo el rey de los monstruos, como a Max en Donde viven los monstruos el clásico libro infantil de Maurice Sendak, cuando lo que realmente hacen es indicarle cuál es el camino a casa. Un camino hecho de días y noches, semanas, meses y años. Un camino que atravesará mares y bosques. Un camino que llevará a la sencilla sopa caliente de un mundo futuro que, como persona que habrá crecido, habrá domesticado. Aunque eso no impedirá que siga declinando el verbo amar: amar, amarse, amarnos. Porque sabemos que tenemos una vida, y esa vida es para vivirla amando.

(Aviso: Future lovers volverá a los Teatros del Canal el 1 de junio de 2018. Un solo día. Y con Cine, otro de sus aclamados espectáculos, del 16 al 20 de mayo de 2018)

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