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01/04/2016 07:05 CEST | Actualizado 01/04/2016 07:05 CEST

La distancia: dime desde dónde miras y te diré qué ves

chicasPara cualquier persona aficionada al teatro, al buen teatro, La distancia, que se acaba de estrenar en el Teatro Galileo de Madrid, es un must. Un espectáculo que uno no se puede perder por su dramaturgo y director, Pablo Messiez, por la actriz Estefania de los Santos y porque está basada en Distancia de rescate, de Samantha Schweblin, una de las mejores novelas publicadas en 2014.

Foto de los ensayos de La distancia cedida por Smedia - © Quique Mari

Para cualquier persona aficionada al teatro, al buen teatro, La distancia, que se acaba de estrenar en el Teatro Galileo de Madrid, es un must. Un espectáculo que uno no se puede perder por su dramaturgo y director, Pablo Messiez, que tan buenos ratos teatrales está proporcionando al espectador. Por la actriz Estefania de los Santos, por sí sola un motivo para ver esta obra, sobre todo, si todavía no la conocen. Porque es una obra basada en Distancia de rescate de Samantha Schweblin una de las mejores novelas publicadas en 2014 y que se ha respetado escrupulosamente.

¿Aún hay más? Sí. Hay más. Hay tema. Tema para hablar y discutir. Porque ¿cuál es la distancia que deja entre su hijo y usted? Sobre todo si el niño es pequeño. Y esa distancia, ¿le permite ser realista en cuanto a los peligros que le acechan? ¿Sabría identificar y nombrar dichos peligros? O ¿se pierde en los detalles, en lo poco importante, y no ve, no sabe ver, lo que está ocurriendo?

Todas ellas son preguntas inquietantes, ¿verdad? Suficientes para que tanto la autora de la novela como el autor de la obra puedan crear una atmósfera de terror, de pánico, de angustia en ausencia de sangre o sustos. Donde el personaje de la bruja, curandera o santera, resulta hasta casi simpática frente a los niños que se ven en escena. Chavales que ,en espíritu, no en aspecto, parecen sacados de la película Los chicos del maíz, basada en el relato del mismo título que Stephen King incluyó en su libro El umbral de la noche. Película que, por cierto, lleva el subtítulo de pesadilla adulta. Y, tal vez, es así como los personajes adultos de esta obra de teatro ven y viven lo que hacen sus hijos de tan cerca como los miran.

Foto de los ensayos de La distancia cedida por Smedia - © Quique Mari

Todo ello en una localización idílica para la mayoría de ojos contemporáneos. Esos campos verdes de las casonas de campo que se dibujan eficazmente en escena con marcos metálicos y una alfombra de césped verde cubriendo el suelo. Espacios amplios que no se tienen en las ciudades. Pueblos alejados con los que sueñan los urbanitas esperando encontrar una naturaleza perdida. En los que cualquier paranoia fructifica. En los que tener trabajo y vestirse para acudir a él es ya, de por sí, una fiesta. Y da estatus. Donde lo evidente no lo es tanto si alguien no toma distancia y mira. Si alguien, aunque sea un niño, no nos hace tomar distancia y mirar con sus preguntas impertinentes.

Eso es lo que hace Pablo Messiez y todo el elenco de la compañía Bacantes Teatro. Lo hacen de forma sutil. De forma que si usted no quiere, no averigua la distancia a la que se encuentra. Que le permite quedarse en la superficie. Y, tal vez, sienta extrañeza y los personajes le resulten ajenos. Pero piénselo, ¿por qué ha establecido esa distancia con ellos? Sí, todo es una cuestión de distancias. La distancia subjetiva que le separa del escenario. La distancia subjetiva que le permite proteger a los suyos y protegerse. Todas ellas distancias que esconden la realidad.

¿Es real la realidad? preguntaban los psicólogos de Palo Alto. A lo que Campoamor les había dejado una respuesta unos años antes en forma de ley: "Nada es verdad/ni es mentira/todo es según el color/del cristal con que se mira". Esta obra, parece decir que también, que depende de la distancia desde la que se mira. Y que en objetivar esa distancia nos va la vida. La nuestra y la de aquellos a los que se ama.

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