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11/06/2012 11:57 CEST | Actualizado 11/08/2012 11:12 CEST

El euro y la hora de la política real

El caso de Grecia es paradigmático. Pese a los sucesivos rescates la situación va a peor, con la angustia añadida del incierto resultado electoral que podría incluso enfrentar a un eventual Gobierno radical con el resto de socios europeos.

La crisis económica actual nos está haciendo despertar de la ensoñación en la que hemos vivido durante años. Cuando todo iba bien, al menos en apariencia, nunca nos paramos a preguntarnos si la Unión Europea marchaba por el camino adecuado, si la deseable integración se hacía a un ritmo razonable o si nuestro modelo político, económico y social era sostenible a largo plazo.

En los últimos años, la realidad nos ha ido poco a poco despertando hasta que hemos percibido de golpe el extremo al que hemos llegado; hasta el punto de que ahora todos los indicadores económicos y sobre todo esos 24 millones de parados en la UE nos hacen cuestionarnos el modelo actual y su piedra angular, que es el euro como moneda común.

Creo sin embargo que no debemos caer en la tentación de hacer tabla rasa y de volver atrás creyendo que cualquier tiempo pasado fue mejor. No es cierto. El euro ha demostrado durante la última década que puede ser la palanca para hacer de la UE la región más próspera del planeta.

No creo que nos fuera mejor volviendo, como dicen algunas voces, al dracma griego o a las respectivas monedas nacionales. En un mundo globalizado como el actual, difícilmente va a competir mejor un país europeo en solitario (incluso aunque sea uno de los más potentes como Alemania o Francia) que si lo hacen juntos los 17 países que integran ya la zona euro.

Pero para ello hay que hacer reformas profundas en la estructura de la unión económica y monetaria que hemos ido construyendo en torno al euro. Hasta ahora hemos ido haciendo pequeñas reformas y poniendo parches que funcionaron mientras la crisis no parecía tan profunda.

Pero ya no sirven. El preocupante caso de Grecia y las dificultades de otros muchos países para responder a esta crisis indica que los desequilibrios internos de la zona euro deben corregirse con urgencia. Una sola moneda requiere una política económica y fiscal mucho más armonizada y requiere instrumentos apropiados que nos permitan funcionar como un bloque y no como varios.

Pero para avanzar en esa dirección necesitamos la vuelta de la política con mayúsculas, es decir, necesitamos que los actuales lideres tengan la capacidad y el coraje de ver más allá de la última norma aprobada o de las próximas elecciones, que eviten la táctica pura y que quieran tomar decisiones con la visión suficiente para dar un salto cualitativo hacia delante que permita construir sobre terreno seguro.

No creo que haya que caer en el derrotismo ni en el pesimismo exagerado. Pero hay que actuar ya, identificando los problemas reales y tomando decisiones concretas que nos permitan avanzar y dejar de marear la perdiz. El caso de Grecia es paradigmático. Pese a los sucesivos rescates de la UE la situación va a peor, con la angustia añadida del incierto resultado electoral del 17 de junio que podría incluso enfrentar a un eventual Gobierno radical con el resto de socios europeos. Esta degradación en la situación interna de un país a consecuencia de la crisis económica es lo que debemos evitar porque otros pueden seguir el mismo camino.

En definitiva, la respuesta al laberinto en el que nos encontramos se llama más Europa. Debemos sumar y no excluir opciones. Las políticas de austeridad y crecimiento, sobre las que tanto hemos debatido en las últimas semanas, son ambas necesarias y pueden ser complementarias. A ello deben sumarse otros instrumentos financieros y fiscales que permitan funcionar a la zona euro como lo que hemos pretendido que sea desde hace años: una unión económica con un verdadero mercado único que ofrezca más oportunidades y genere riqueza y empleo.

También debemos reforzar, e incluso reorientar si es necesario, el papel de instituciones ya existentes como el BCE o el BEI. Lo que queda de junio puede ser clave por las elecciones griegas y por las sucesivas cumbres de las cuatro grandes economías de la zona euro (el 22 de junio en Roma) y del conjunto de la UE el 28 en Bruselas. Confío que Europa superará y saldrá reforzada de estos cruciales desafíos que estamos afrontando.

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