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02/12/2015 07:19 CET | Actualizado 01/12/2016 11:12 CET

Corrupción, política, mentira y cachondeo

Por más escándalo que haya provocado Luis Bárcenas, seguirá habiendo conservadores en España. Por más escándalo que genere el caso de los ERE en Andalucía, seguirá habiendo socialistas, y por más escándalo que haya provocado Jordi Pujol, en Cataluña seguirá habiendo nacionalistas. Los escándalos no invalidan las ideas políticas. El problema está en los dirigentes que se escudan tras las ideas, tras el partido, tras los votantes.

Foto: EFE

Los políticos, como colectivo, son tan honrados como los electricistas, los abogados o los periodistas. Sucede que, en España, los jueces no investigan a "los políticos" como colectivo. Los jueces investigan maquinarias de corrupción creadas desde las cúpulas de los partidos políticos, las instituciones, o ambas cosas a la vez. No investigan a "los políticos". No investigan a infelices que cayeron en la tentación. Investigan maquinarias, presuntamente creadas desde las direcciones de los partidos.

Por supuesto, también hay casos de corrupción individual. Y casos de amiguismo, desvío de poder o fraude. Como hay electricistas, abogados o periodistas corruptos. Pero en la investigación de los casos más conocidos, el caso de los ERE, el caso Bárcenas-Gürtel, la trama Púnica o el caso PalaudelaMúsicaPujoltresporciento, se intenta descubrir el funcionamiento de maquinarias destinadas a extraer dinero público para trasvasarlo a bolsillos privados. Estos bolsillos son los propios partidos políticos o redes de particulares próximos al poder.

El encargado de dirigir la maquinaria general aprovecha la lógica opacidad de su trabajo para distraer dinero en beneficio personal. A ése suele ser al que atrapan. Al que maneja el efectivo. Pero no es que ése se haya corrompido. Es sólo el encargado de la máquina.

En el caso de los ERE: los jueces sostienen que el Partido Socialista, a través del Gobierno de Andalucía, creó un sistema para disponer arbitrariamente de dinero público. Con la aprobación de un determinado procedimiento administrativo, según la juez Alaya y según el Tribunal Supremo, se pretendían evitar controles y facilitar que personas o grupos privados afines recibieran dinero público. No es que el procedimiento fuera un error o un descuido; según los jueces, se pretendía algo ilegal. O, mejor dicho, legalizar el uso clientelar del dinero público. No se acusa a los máximos dirigentes políticos de quedarse personalmente con el dinero, sino de haber consentido, o promovido, un sistema de reparto arbitrario del dinero público con el fin de perpetuarse en el poder.

En el Palau de la Música nos encontramos el caso de las constructoras melómanas: si una constructora quería encontrar facilidades para obtener un contrato con el Gobierno catalán de CiU debía pagar un patrocinio al Palau de la Música. ¿Qué tiene de raro un cartel colgado de una farola que dice: "Construcciones Paquito patrocina La primavera de Vivaldi"? Lo que nadie sabe es el precio desmesurado que 'Construcciones Paquito' ha pagado por ese patrocinio. Coincidentemente, 'Paquito' obtiene la adjudicación de las obras para la construcción de un túnel.

Una parte del pago de patrocinio iría a pagar efectivamente el concierto. Otra parte se habría distraído en el bolsillo del gestor del Palau. Otra parte iría al partido político. Construcciones Paquito recupera el sobreprecio del patrocinio al presentar la factura a la administración, gobernada coincidentemente por el mismo partido que supuestamente habría cobrado la comisión.

En el caso Bárcenas, la máquina de extraer dinero público, según la investigación judicial, se crea en la dirección del partido político: han atrapado al tesorero, gerente, exsenador y miembro de la máxima dirección del partido. Junto a él, implicados otros tesoreros de toda la historia del partido: treinta años de (presunta, todo presunto) corrupción sistemática. Este es un caso excepcional. El juez tiene en sus manos una lista con pagos y cobros, entradas y salidas de dinero negro, con sus perceptores con nombres y apellidos. Lo nunca visto: la caja negra de la máquina de delinquir. Dinero negro presuntamente obtenido por comisiones a cambio de obras públicas en todos los niveles administrativos, en toda España.

¿Cómo confiar la Presidencia del Gobierno al máximo responsable del partido en la era Bárcenas? Con un presidente de Gobierno obligado a mentir o disimular la verdad por su pasado será muy difícil devolver la confianza en la política y los políticos.

El presidente del Gobierno está personalmente implicado en el caso. Su nombre aparece en la lista. Envió mensajes de aliento al tesorero procesado. El colmo de los colmos. Tres preguntas de respuesta imposible: ¿fue esa máquina una iniciativa personal de un tesorero pícaro, que durante años abusó de la buena fe de todos sus compañeros de dirección, cuatro secretarios generales, dos presidentes? ¿Tan incompetentes son que no notaron nada raro? ¿Y esos incompetentes dirigen la maquinaria del Estado?

En todos los casos, la negligencia es la hipótesis más favorable para los altos responsables políticos. Como no pueden admitir connivencia ni tolerancia, se ven obligados a admitir negligencia, con el consiguiente bochorno (y cachondeo) general.

La corrupción promovida, consentida o disimulada por los dirigentes políticos no invalida las ideas que representan sus partidos políticos. No invalida las ideas conservadoras, nacionalistas, liberales o socialdemócratas. Lo que es demoledor para la política y para la democracia no es el cachondeo, ni las denuncias, ni siquiera la corrupción. Lo que es demoledor para la democracia es la falta de explicaciones, las explicaciones marcianas, o las mentiras.

La antipolítica está en la mentira, en el atrincheramiento de los dirigentes que se escudan en las siglas y obligan a toda la organización a cargar con la responsabilidad. Eso provoca que aparezcan partidos políticos cuya principal oferta es la decencia y la verdad, y que plantean el debate político como un debate moral: partidos buenos frente a partidos malos, partidos decentes contra partidos corruptos, partidos sinceros frente a partidos mentirosos, como si la bondad, la sinceridad y la honradez fueran una opción política.

Por más escándalo que haya provocado Luis Bárcenas, seguirá habiendo conservadores en España. Por más escándalo que genere el caso de los ERE en Andalucía, seguirá habiendo socialistas, y por más escándalo que haya provocado Jordi Pujol, en Cataluña seguirá habiendo nacionalistas. Los escándalos no invalidan las ideas políticas. El problema está en los dirigentes que se escudan tras las ideas, tras el partido, tras los votantes. ¿Podría seguir gobernando el PSOE de Andalucía si lo dirigieran los gobernantes de la década de los ERE? ¿Podría seguir siendo Pujol president de la Generalitat hasta que un tribunal se pronuncie?

El rey Juan Carlos entendió que la credibilidad de la monarquía mejoraría con un cambio de personas. El PSOE de Andalucía ha renovado mayorías apartando a las personas del tiempo de los ERE. Convergència está sufriendo las consecuencias de no saber cómo apartar a Artur Mas, pero desde luego los Pujol no tienen responsabilidad política alguna. ¿Cómo confiar la Presidencia del Gobierno al máximo responsable del partido en la era Bárcenas? Con un presidente de Gobierno obligado a mentir o disimular la verdad por su pasado será muy difícil devolver la confianza en la política y los políticos.

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