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22/11/2018 19:16 CET | Actualizado 22/11/2018 19:16 CET

A los andaluzófobos: nunca seréis tan modernos como los jóvenes del sur

La generación andaluza que lo 'peta' y que desmonta los tópicos rancios y catetos.

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Soleá Morente

Todos a hablar de Andalucía. Llegan las elecciones y el sur se convierte en el epicentro. Y cuando se pone el foco debajo de Despeñaperros, vuelven a salir viejos tópicos, declaraciones-insulto, leyendas negras y estereotipos de ciudadanos incultos, subsidiados y catetos.

Porque sí, la andalucíafobia existe. Casi todos los ciudadanos del sur pueden relatar historias de cómo se han reído de su acento fuera, cómo les han pedido contar un chiste o les han dicho que era un exagerado. Además, de que te sueltan en la cara que no se trabaja y que todos son unos vagos. No es un insulto, hombre...

No solo en conversaciones privadas. Hasta, sin rubor, dirigentes públicos pueden llamar analfabetos a los niños andaluces o decir que llevan dos años de retraso educativo respecto a otros jóvenes de España. ¿Se acuerdan de Ana Mato o Isabel García Tejerina? Incluso se atreve Jorge Verstrynge a manifestar sobre los jóvenes andaluces: "Sólo les interesa el rebujito, la cerveza y las gambas".

Sí, sí, esto pasa en pleno 2018. Y los jóvenes siguen en el punto de mira. Estas declaraciones sí que demuestran una auténtica ignorancia de lo que pasa actualmente en el mundo. Porque precisamente son jóvenes andaluces los que están marcando la vanguardia actual, se arriesgan artísticamente y hacen cosas que nunca se habían visto en España hasta ahora. Una generación de veinteañeros y treinteañeros rabiosamente modernos.

Los que insultan y se creen por encima no se han enterado de que el trap es la música de la nueva generación. Criticada por muchos, que escandaliza a muchos burgueses, una mezcla sin prejuicios, que suena a extrarradio. Es lo que conecta con esos chicos que ya se han criado en la España de la crisis.

El trap suena a bloque de ladrillo visto y viste de chándal (qué horror pensarán muchos, son las reglas del siglo XXI). Y son varios andaluces los que marcan este sonido, con Granada como capital musical. Yung Beef es el rey de esto, canta al lado más oscuro de la vida, la droga y el triunfo de los que estaban llamados a vagar por las calles. Y es la voz más potente de este estilo. Si no lo conoces, es que te estás perdiendo lo que pasa en la España de hoy.

De la misma Graná como Dellafuente (repitan aquí en bucle la canción Marketing que cantan los dos). Y ahora pinchen play en Me pelea, todo un himno. "Me das más trabajo que una caja de taracea..." Sí, la técnica nazarí que domina las casas granadinas es hoy un símbolo trapero. La gorras y las gafas de sol de colores se mezclan en los vídeos con casetas de feria, caballos y vestidos de gitana. Suma y sigue: criada en las calles de Granada, La Zowi. Dueña y señora del trap patrio.

Esa generación veinteañera dispuesta a arriesgar, a no ser conformista, a llenar pistas fuera de Andalucía, como le pasa a Soleá Morente. Su música bebe del flamenco más puro para reconvertirlo en indie pop que fascina a todo el que lo escucha. A ratos suena a Las Grecas, otros a Jeanette, con toques de La Bien Querida y ecos de Los Planetas. Porque el flamenco es transgresión, revolucionario. Y también ha llegado hace poco José del Tomate para darle un nuevo aire a la guitarra con sus temas inspirados en Almería, de Plaza Vieja a Puerta Purchena.

Que los jóvenes andaluces sorprenden dentro y fuera: ¡toma Palomo Spain! Desde Córdoba surgió (y allí tiene su taller) el diseñador que ha venido a revolucionar el aburrido panorama de la moda española. Nadie se quiere perder sus desfiles, lleno de modelos con ropa que va más allá de lo masculino y de lo femenino. Y ahora hace, además, pareja artística con Rosalía, catalana pero que devora todo lo andaluz para engrandecerlo.

Porque en el sur no se da puntada sin hilo. Y junto a Palomo deja con la boca abierta Leandro Cano. Sus raíces, sus recuerdos familiares, su abuela, su pueblo de Jaén... todo para sobrepasar los límites y tener ya un hueco en la modernidad patria.

Los andaluces no serán tan buenos en el colegio como dice Tejerina. Pero los jóvenes saben escribir (y muy bien). Estos días está presentando su nuevo libro la almeriense Luna Miguel. No deja a nadie indiferente con El funeral de Lolita. Es una de las obras más esperadas del año, y con sus 28 años ya ha conseguido la portada de Babelia como unos de los rostros a seguir en nuestra literatura.

Miguel no está sola en el grupo de andaluces jóvenes que han venido para darle una sacudida cultural a nuestro país. El gaditano Jerónimo Andreu ha debutado con mucho ruido con su novela sobre lo que pasa en el Campo de Gibraltar: mafia, contrabando, drogas... bajo el título En el vientre de la roca. Anda, y hasta la nueva poesía pasa por el sur (en la que hoy se fijarían desde Rafael Alberti hasta García Lorca). Elena Medel tiene su universo y su flow.

Más para engullir: Lectura fácil, de la granadina Cristina Morales, acaba de ganar el Herralde, con temas como los desahucios, el machismo, el sexo y la precariedad económica.

De orígenes granadinos es también King Jedet, todo un símbolo de la nueva generación. Sin etiquetas, activista LGTB que triunfa con sus canciones y en las redes sociales. A los burgueses conservadores les escandaliza. Es pura verdad. Hace pocos días precisamente quiso hacer en su Instagram una reflexión sobre Andalucía. "Cuando me mudé a Cataluña algunos compañeros de clase se reían de mí por no hablar catalán y por ser andaluz (nací en Girona pero toda mi familia viene de un pueblo de Granada, el que considero mi pueblo, me crié allí muchos años)", relataba. "Le pedí a mi madre que tradujésemos mi nombre legalmente al catalán, de José Eduardo a Josep Eduard, para que me dejasen en paz cada vez que pasaban lista en clase. Me arrepiento cada día de haberme avergonzado de mi nombre porque lo eligieron mi Yaya y mi Avi pero era muy pequeño", escribía. "Gracias a Dios por mi familia, que vivan las raíces y que viva Andalucía", sostenía al final del emotivo mensaje.

También su infancia y su vida en Almería están presentes en la obra de Paco Bezerra, el dramaturgo joven más potente en España. Aquel niño de El Alquián describe minuciosamente hoy la sociedad actual con piezas como El pequeño poni, que retrata el drama del bullying.

Arde Andalucía y Arde Madrid. Y, detrás está nada más y nada menos que Paco León, sevillano y que ha acogido entre sus brazos a algunos de estos nuevos talentos andaluces. Como su hermana María León, el rostro de las actrices del sur capaces de protagonizar taquillazos como películas indies de bajo presupuesto. Como Belén Cuesta, una de las reinas también de la nueva modernidad y que triunfa con Paquita Salas. Y dos de las películas arty del momento, Animales sin collar y Quién te cantará, tienen en su cartel a la jienense Natalia de Molina -la actriz más joven que tiene dos goyas-.

Pues eso, a todos los andaluzófobos: nunca seréis tan modernos como los jóvenes del sur.

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