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16/11/2018 15:46 CET | Actualizado 16/11/2018 15:50 CET

Andalucía y sus fantasmas

Las pesadillas que azotan a los partidos y candidatos del 2-D.

Rodríguez y Maíllo
EFE
Rodríguez y Maíllo

"Dicen que es verdad, que se oye hablar, en las noches cuando hay luna en las murallas, alguien habla. Nadie quiere ir, en la oscuridad, todos dicen que de noche está la Alhambra embrujada, por el moro de Granada..."

Andalucía está ya de campaña electoral. 6.541.722 de electores votarán el próximo 2 de diciembre el futuro de la comunidad. Una tierra con un universo político propio, con elementos comunes con el resto de España pero también con particularidades y sentimientos que la hacen muy diferente.

Ahora a todos les toca sonreír, posar, hacerse selfies, azotarse verbalmente. Pero a la vez, todos los candidatos y sus partidos arrastran sus propios fantasmas. Aquellos miedos que salen cuando están solos por la noche en hoteles, entre mitin y mitin, cuando apenas se puede dormir por la adrenalina.

Porque las elecciones también son momentos de introspección, de mirar hacia adentro, de replantearse las cosas, de reafirmarse o de negarse. Unos comicios en los que el PSOE parte otra vez como favorito, la única comunidad autónoma que nunca ha cambiado de color político, siempre fiel.

Pero el PSOE y Susana Díaz también arrastran sus espectros nocturnos. La presidenta ya no es hoy aquella estrella emergente que ganó en 2015 y que soñaba más allá de Despeñaperros. Ese aura de imbatibilidad quedó destruida en la cruenta batalla de las primarias, de la que ella salió con la imagen de la mala de la película.

Díaz arrastró al PSOE andaluz a una guerra de la que salió perdedor. Ese socialismo del sur que daba miedo al resto de España por su poderío. Porque el PSOE-A siempre fue el corazón del partido, el que hacía latir a la organización. Pero San Vicente y Ferraz rompieron, y todavía no se ha restablecido plenamente ese puente que unía al socialismo en toda España. Corazón partío. San Vicente necesita esa victoria de "banda ancha" para borrar el fiasco interno.

EFE
Susana Díaz

La presidenta andaluza no quiere mucho a su lado a su fantasma Pedro Sánchez: compartirán solo dos jornadas en campaña (Chiclana y Torremolinos). Eso sí, los dos se han conjurado para intentar el mejor resultado. En otros tiempos, Sánchez soñaba con quitarle a Díaz también el trono andaluz -circulaban nombres desde Bibiana Aído hasta María Jesús Montero-, ahora necesita afinazarla para conservar su casa también de La Moncloa. El presidente intenta que se evapore ese fantasma que azuza la derecha de que no está ahí por los votos de los ciudadanos.

El PSOE-A busca una victoria amplia para borrar la imagen que arrastra desde las primarias y Sánchez los necesita para afianzarse en La Moncloa

Otra ánima también ronda por las sedes del socialismo andaluz: el 30%. No, no es una comisión por obras. Es la barrera psicológica de la victoria. El PSOE-A siempre fue una de las grandes máquinas electorales de este país: un partido que conseguía en 2004 tener más del 50% de votos en las autonómicas y que en 2015 se quedó en un 35,4%. Una tendencia a la baja, marcada por la aparición de los nuevos partidos pero especialmente por los casos de corrupción y el abandono paulatino de apoyo de las grandes ciudades y de los municipios de costa. El PSOE se vanagloria de ese voto rural, de los pequeños y medianos municipios, pero pierde cada día más ese papel de partido cohesionador de clases y lugares.

Y ese fantasma de los casos ERE, Faffe y de cursos de formación, que parece que ya no tienen tantos efectos en las papeletas, pero que ha dejado una imagen manchada para muchos años del partido dentro y fuera de la comunidad. Además de borrar el pasado de sus principales dirigentes en las últimas décadas, como Manuel Chaves y José Antonio Griñán, en el banquillo de los acusados. Ese retrato de malgasto de dinero, putas y cocaína que exprime la derecha a lo largo de todo el país.

Ay, esa derecha... En el PP tienen pesadillas estos días, las encuestas vaticinan un resultado sonrojante. Malamente, como diría Rosalía. Un Partido Popular con ese grillete de no haber logrado nunca haber desbancado al PSOE durante cuatro décadas -Javier Arenas todavía no se ha recuperado de su victoria en votos en 2012 frenada por el pacto del PSOE con Izquierda Unida-. Las mismas explicaciones todos los años: redes clientelares, PER, gran conglomerado de empresas públicas... pero el PP no ha conseguido un relato que atraiga verdaderamente a los ciudadanos del sur.

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Casado

Porque sí, señores, todavía recorre parte de Andalucía la memoria colectiva del fantasma del señorito andaluz. Bien vestido, con sombrero, que nunca ha vareado un olivo. Y tampoco le ayuda mucho a Juanma Moreno que desde Madrid su compañera exministra Isabel García Tejerina diga que los niños andaluces van dos años por detrás de los de Castilla y León.

Moreno está entre susto y muerte, sabiendo que la noche del 2-D puede ser su tumba política. Ahora come en el McDonalds con Pablo Casado -de quien dice ser buen amigo desde sus años como cachorros de Nuevas Generaciones-, pero en verano apostaba todas por Soraya Sáenz de Santamaría (y fue efectivo en Andalucía). Hoy siente el aliento de los 'casados y cospedalistas' esperando el mal resultado: Esperanza Oña, Juan Ignacio Zoido, José Antonio Nieto...

El 2-D puede ser la tumba política de Moreno, y Casado se ha colocado en el precipicio

Pero el propio Casado también se ha autocolocado al borde del precipicio diseñando una campaña en la que estará once de los quince días, recorriendo las ocho provincias, con caravana propia paralela a la de Moreno. Algunos de los suyos creen que se expone demasiado. Ese heredero político de Esperanza Aguirre y sus "pitas, pitas" sobre Andalucía. Ahora tiene que batallar él mismo. Es hora de testar si existe el efecto Casado que ha vendido Génova.

Y es que al PP se le ha pintado una aparición maligna en color naranja. Ciudadanos sube y sube en las encuestas... ¡Acariciando ese sorpasso! Pero el buen rollo que venden los de Albert Rivera no lo es tanto por dentro, confesando algunos en privado que Juan Marín no es precisamente el candidato más potente ante esta oportunidad de oro. Después del éxito en Cataluña, ahora sueñan con hacer historia quitándole a los socialistas el Palacio de San Telmo ("¿Dónde vas Alfonso XII, dónde vas triste de ti?"). La sensación es que con una Arrimadas estarían ya el 3-D en la Junta ("Donde va, lo peta", dicen los suyos).

¿Qué pasará en Cs cuando todos cojan el AVE el día después?

Por si acaso, los naranjas se han traído a todo el equipo de fuera de Andalucía, desde Inés Arrimadas -jerezana pero adoptada en el Parlament-. Albert Rivera -de madre malagueña pero con ansias monclovitas-, y José Manuel Villegas -de orígenes almerienses pero encantado en los pasillos del Congreso-. Y es que la campaña de Cs huele más a capital que a Albaicín. Pero a partir del 3 de diciembre serán espectros rondando fuera de la comunidad. ¿Quién se sabe el nombre del resto de candidatos de Cs en Andalucía? ¿Qué pasará el día después en Cs cuando todos cojan el AVE?

De repente, al PP y Ciudadanos les sale otro duende oscuro al galope: VOX. La ultraderecha empieza a aparecer en las encuestas y el CIS pronostica incluso que entrará en el Hospital de las Cinco Llagas con un escaño por Almería. La derecha arde.

EFE
Ciudadanos

En la intimidad de la noche Adelante Andalucía piensa qué hacer después del 2-D. Llevan años fulminando con sus palabras a Susana Díaz y su entorno, han criticado hasta la saciedad a esos jóvenes que se criaron en las Juventudes Socialistas. Pero ahora se tendrán que enfrentar a este fantasma seguramente: ¿dejar que gobierne ese PSOE-A o abrir la puerta a que lo hagan Cs y el PP? Todavía resuenan aquellas palabras suyas de que con Díaz "ni muerta". Ojo, que desde Madrid, Pablo Iglesias les ha dicho a sus compañeros que la presidenta de la Junta no es lo mismo que Pedro Sánchez. Por cierto, que el líder morado es el peor valorado por los andaluces.

Pero primero se tienen que enfrentar a otro de sus miedos: ¿se traducirá en votos y poder esa confluencia entre Podemos e Izquierda Unida? ¿Crecerán o será simplemente una suma? En las últimas generales, Alberto Garzón y Pablo Iglesias se creyeron el sorpasso bajo el pacto de los botellines. Pero la teoría no se convirtió en práctica en las urnas.

Cada día crece la sensación en Andalucía de que los partidos se lo pondrán muy duro a Díaz para la investidura, por lo que podría haber hasta una repetición electoral. ¿Y quién saldría ganando? La experiencia de las generales de 2015 dice que la primera fuerza y que nadie apoyó (lo que sucedió con Mariano Rajoy). ¿Ir a otras elecciones para que Díaz se haga más fuerte? ¿Qué precio tiene el apoyo de Podemos? ¿Cómo quedaría la imagen de Teresa Rodríguez dejando gobernar a su gran rival? ¿Y la imagen de que Madrid impone algo a Podemos Andalucía tras meses de enfrentamientos?

Muchos de esos fantasmas desaparecerán y otros se harán carne el próximo 2 de diciembre, cuando voten los andaluces. Una comunidad, que según el último CIS, donde el 58,4% de los ciudadanos desearía que gobernase un partido diferente al PSOE, pero que, a la vez, sitúa a este partido como el que le despierta más simpatía.

Cae la noche, entre mitin y mitin. Llega el insomnio. Andalucía, sus políticos y sus fantasmas.