Cheikh Fall

Bloguero

Cheikh Fall se esconde detrás de su alterego digital Cypher007 en todas las acciones que realiza a través internet. En realidad, no se trata de un parapeto, ya que Fall no tiene ningún empacho en mostrar su auténtica identidad. Es más bien algo así como el traje de un superhéroe que le permite sentir que tiene el poder del mundo 2.0 en sus manos. Él prefiere plantearlo, en tono de broma, como su identidad de superagente al servicio de una nueva sociedad en la que la tecnología permite a los ciudadanos una participación más directa e influyente.

Fall nació en Dakar hace 31 años. Cypher007 lo hizo unos años después. Y esta identidad adquirió todo su sentido cuando el cibermilitante senegalés empezó a soñar esa sociedad en la que la tecnología se pone al servicio de los ciudadanos. Materializó ese sueño para hacer frente a las elecciones presidenciales que su país vivió entre febrero y marzo de 2012. En esos comicios la tensión subió en Senegal y se extendió entre los ciudadanos el temor de un posible fraude electoral. Cheikh Fall rumiaba desde hacía años la creación de una plataforma que permitiese a los senegaleses participar más activamente en los asuntos públicos y el reto de las elecciones le permitió conseguir los apoyos necesarios. Poco a poco Fall, que ese momento ya era más Cypher007, fue contagiando su entusiasmo y encontrándose con otros que compartían su confianza en las herramientas de la web 2.0 para la construcción de una nueva sociedad.

Bajo la sombra de las primaveras árabes, Fall prefirió matizar la fórmula en la que cree. Él habla de la “softrevolution”, para referirse a unos cambios que pueden ser perfectamente absorbidos por la sociedad sin traumas. Su propuesta es la ruptura, sino la transformación y, sobre todo, la explotación de todos los recursos de una tecnología que se desarrolla a una velocidad de vértigo. En ese contexto Sunu2012 fue el reto de esta utopía. Es la plataforma que Fall había ideado y que la asociación de blogueros senegaleses puso en marcha de cara a las elecciones, el nombre, en wolof, significa “nuestro 2012”, y pretendía transmitir la trascendencia de la cita, el espíritu de comunidad y el potencial (y también la responsabilidad) de la sociedad. Con Sunu2012 se ponía al servicio de los ciudadanos un espacio en el que se ofrecía toda la información para votar con conocimiento y en conciencia. Lo que era una plataforma multimedia mutó en un hashtag (una etiqueta de Twitter, la red de microblogging). Seguramente se trata de la mínima expresión de las tecnologías de la información, apenas una idea; pero a la vez es quizá la muestra del poder de lo más sencillo.

Bajo esta etiqueta, los tuiteros senegaleses mostraron al mundo las protestas que se produjeron antes de las elecciones, trataron de calmar los ánimos para mantener una amenazada paz social, animaron a sus compatriotas a participar, vigilaron los comicios y difundieron en tiempo real unos resultados oficiosos que ayudaron a conjurar el fantasma del fraude. Detrás de ese gesto mínimo de idear una simple etiqueta, se encuentra la convicción de que la sociedad puede ser la marque el paso, que no tiene porqué ser un conjunto de voluntades gregarias. Y realmente, esa etiqueta aglutinó, no sólo a los senegaleses que creían que se podían usar las redes sociales para conseguir un sistema más participativo y transparente, sino también a los medios nacionales, a la prensa e, incluso, a las instituciones internacionales. Cypher007 no estuvo sólo en ese proceso, pero lo que diferencia a este joven de los demás ciberactivistas senegaleses es su creatividad, su iniciativa y su carisma. En ese momento, Fall desplegó la madera de líder que tiene, de un nuevo modelo de líder, para ponerse al frente de los que fueron considerados “centinelas de la democracia”. Y en 2013 fue uno de los candidatos al premio Netizen, un reconocimiento impulsado por Reporteros Sin Fronteras y Google, para reconocer la labor de ciudadanos de todo el mundo que han librado un combate por la libertad de expresión en condiciones adversas y utilizando las tecnologías de la información y la comunicación.

Ahora, tras la experiencia satisfactoria de las elecciones, Cheikh Fall despliega su encanto y bromea con una sonrisa de satisfacción sobre su alterego de superagente. En esa actitud distendida afirma: “Ahora los políticos saben que alguien les vigila, que les controlamos, que la sociedad les controla. Y cuando llegue el momento, si hace falta, les exigiremos que cumplan sus compromisos”. En ese momento, su sonrisa franca se hace inquietante, al menos, para algunos.

Por CARLOS BAJO ERRO.