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20/01/2018 09:07 CET | Actualizado 20/01/2018 09:07 CET

Hemos normalizado el sexo doloroso, y eso es un problema

El sexo no tiene que ser doloroso. El placer de las mujeres es tan importante como el de los hombres.

Getty Images/iStockphoto

Menudo cacao mental hay por el mundo en el tema de la sexualidad femenina.

Desde la creencia de que las mujeres que no tienen el himen intacto "no son vírgenes" hasta la asociación inventada entre la estrechez vaginal y el número de parejas sexuales que ha tenido esa mujer... Todos estos mitos no hacen sino insinuar que tener relaciones sexuales con penetración les hace un flaco favor a las mujeres. Durante mucho tiempo, ni siquiera se pensaba que las mujeres pudieran tener orgasmos, motivo probable por el cual el orgasmo femenino se considera actualmente esquivo y difícil de lograr.

Puede que uno de los mitos más peligrosos que hemos aceptado como sociedad es que es normal o aceptable que una mujer sienta dolor durante la penetración. Lo hacemos de muchas formas: convirtiendo el primer encuentro sexual de una mujer en una experiencia de la que debe esperar que duela o también fomentando una cultura en la que a las mujeres se les anima a "recibir". Son formas un tanto extrañas de hablar sobre una experiencia que debería ser positiva para ambos.

Que quede claro: el sexo no tiene que ser doloroso

Como les sucede a muchas mujeres, perder mi virginidad fue algo incómodo. Iba con la idea de que iba a sangrar, y que, desde luego, no me iba a gustar. Al ver que no sangraba, me pregunté si era normal. ¿No se suponía que mi himen iba a reventar o algo por el estilo?

Había interiorizado el mito de que el himen era como una burbuja mágica que protegía mi virginidad, y resulta que es totalmente falso. Aunque muchas mujeres sí que sienten cómo se les desgarra el himen la primera vez que practican el sexo, hemorragia incluida a veces, muchas otras ya se lo habían desgarrado ellas mismas al usar tampones o masturbarse con los dedos. Algunas mujeres nacen con tan poco tejido que parece que ni siquiera tienen himen. Además, el himen no suele cubrir todo el orificio, ya que hace falta algo de espacio para que pueda salir la sangre de la menstruación.

Las mujeres que nacen con un himen completamente cerrado suelen requerir una pequeña cirugía para eliminar el tejido que sobra.

Todo lo anterior viene a decir que la virginidad y el himen son unos grandes incomprendidos.

Ojalá mi pareja sexual y yo hubiéramos comprendido lo que es realmente la virginidad. Tal vez le habría pedido que fuera más despacio, o habría intentado relajarme más.

En aquel momento, bocarriba y sin soltar una sola gota de sangre, viví una experiencia tan normal como la de cualquier otra persona.

Tenía entendido que una primera vez dolorosa era el precio que había que pagar para ser una mujer sexual. Echando la vista atrás, ojalá mi pareja sexual y yo hubiéramos comprendido lo que es realmente la virginidad. Tal vez le habría pedido que fuera más despacio, o habría intentado relajarme más. Incluso nuestra segunda vez fue una pesadilla. La tercera y la cuarta vez también nos costó disfrutar.

Dile que vaya más despacio, que no hace falta acabar "hecho polvo"

Como mujer, me doy cuenta de que el hecho de habernos animado a "recibir" también ha influido en el papel que me toca en el dormitorio. La idea es que, independientemente de lo incómoda que me sienta, es una virtud aguantar sin quejarme. En cambio, nunca he oído que le aconsejen a los hombres que sigan si les duele. En demasiadas de mis experiencias sexuales he permitido que los hombres me percutieran la cérvix pese a que la presión me resultaba incómoda. Ahora les digo a mis parejas sexuales "más despacio" o "no tan profundo". Aunque se lo tenga que repetir varias veces, me merezco unas relaciones sexuales placenteras.

Debemos tratar el dolor como un indicador de que algo no va bien del todo y, aunque signifique hacer cambios en la forma de practicar sexo, también supone ser conscientes de que el dolor puede indicar una afección más importante. Existen problemas de salud como el vaginismo y la vulvodinia y, si las molestias de la mujer no se toman en serio, pueden persistir sin ser diagnosticadas. Al insistir tanto en que las mujeres tienen que "recibir" puede haber cierto sentimiento de vergüenza a la hora de explorar la disfunción sexual femenina. Podemos llegar a sentirnos como fracasos por el simple hecho de vivir en nuestro propio cuerpo.

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Mujeres: No existimos para complacer a los hombres.

Hombres: Qué gilipolleces dicen estas feminazis lesbianas de hoy en día.

Las mujeres deberían disfrutar del sexo tanto como los hombres

El sexo no tiene que ser doloroso. No es normal concebirlo así y normalizarlo es extraño y problemático. Nuestro placer es tan importante como el de los hombres. Por suerte, basta con desaprender algunos de los mitos que giran en torno al cuerpo femenino para empezar a fomentar experiencias sexuales que sean satisfactorias para todos.

Este artículo fue publicado originalmente en Bellesa.co, apareció posteriormente en el 'HuffPost' Canadá y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.