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17/04/2018 07:33 CEST | Actualizado 17/04/2018 07:33 CEST

No dejaré que ningún hombre me vuelva a decir cómo vestir

Hay un grado de posesión único en la pregunta: "¿Dejarías que tu chica vistiera así?".

He visto esta pregunta junto a fotos de mujeres en diversas redes sociales y, pese a lo controlador y extraño que resulta, es un aspecto muy normalizado en la cultura de las relaciones. Por mi experiencia personal, no hay nada que estropee tanto la idea de una relación heterosexual como la conciencia de que también se espera cierto recato por parte de la mujer.

No cedas ante los hombres que te digan cómo debes vestir

Cuando tenía 16 años, mi novio me vio con unos shorts de camuflaje por primera vez, deslizó su mano por mi muslo y me dijo: "De ahora en adelante, estos son solo para mí, ¿vale?".

Sinceramente, pensé que le había entendido mal, porque lo que me había dicho era una puta locura. ¿Os imagináis diciéndole a alguien que no puede llevar su propia ropa? Sin embargo, quería hacerle feliz, así que accedí y, cuando rompimos mucho tiempo después, juré que nunca volvería a ceder así ante nadie. Pero volví a hacerlo. Unos años después, ahí estaba intentando explicarle entre lágrimas a mi nuevo novio por qué debía permitirme vestir como me diera la gana.

La disonancia cognitiva es algo real.

Cuando te educan para concebir las relaciones como un indicador de tu valía, cedes ante las convenciones de género por miedo, aunque no estés de acuerdo. Eso es algo que nace de tu pareja, pero cuando lo alientan también las personas que están fuera de la relación, es aún más complicado rebelarse.

No dejaba de oír: "Ningún hombre quiere salir con una chica que viste como si no se respetara a sí misma", así que asumí que a las mujeres que visten como quieren no las consideran merecedoras de una relación ni de respeto. Consideré que era un pequeño sacrificio acatar las convenciones sociales para poder ser digna y amada.

En realidad, es un sacrificio del copón. Para empezar, la mitad de las prendas con las que mi novio no quería verme eran prendas normales y corrientes: shorts vaqueros de cintura alta o algunos tops que, si llevara sin sujetador, podrían dejarte estupefacto al hacerte descubrir que tengo un par de pezones. Incluso en las ocasiones en las que pensaba que estaba vistiendo con decoro, me resultaba imposible cumplir todos esos epígrafes arbitrarios sobre la respetabilidad que solo existen en sus cerebros.

Era irritante presentarme con un conjunto y recibir un enfado por ello, pero también resultaba infantilizante estar siempre mandándole mensajes para solicitar su aprobación.

Puedo respetarme a mí misma y, al mismo tiempo, llevar shorts

Es importante darse cuenta de que la ropa, sobre todo en el caso de las mujeres, está politizada. Las prendas de mi armario son un reflejo de mis creencias. Si llevo shorts en verano, estoy diciendo que estar cómoda en el calor me parece más importante que lo que puedan pensar de mí.

Si llevo un conjunto sexy cuando salgo de fiesta, estoy diciendo que no estoy de acuerdo con la represión de la sexualidad femenina. La gente puede ver cómo visto y decir que soy idiota, insegura, golfa o indigna, pero vestir como quiero me aporta una fuerza que prefiero por encima de sus críticas. Sin embargo, cuando priorizaba a mi pareja por encima me mi propia expresión personal (recalco lo de "mi propia"), me estaba desempoderando a mí misma.

El doble rasero que existe con el recato surge a menudo debido a la creencia errónea de que la mujer que expresa su sexualidad solo busca atención. Creo entender que ese hilo de pensamiento funciona más o menos así: "Me visto como una guarra para satisfacer a los hombres que me desean, así que voy a tantear las opciones que tengo para ponerle los cuernos a mi pareja". Por desgracia, esta forma de pensar da por hecho, de forma equivocada, que lo que me motiva para vestirme así son los demás en vez de yo misma, que mi objetivo es poner los cuernos y que buscar reconocimiento es una bajeza moral.

Literalmente, todos los seres humanos queremos atención, y si no lo crees así, ya puedes dejar de usar las redes sociales, dejar de hablar a no ser que te hablen primero y dejar de teñirte el pelo, porque adivina qué es lo que buscas con esos comportamientos. Más o menos la misma atención que busco yo cuando me pongo un top corto.

Me visto así para verme bien a mí misma, pero puedo disfrutar si otras personas también me ven bien.

La triste verdad es que el deseo de vigilar cómo visten las mujeres no es cuestión de atención. Si fuera el caso, las mujeres más recatadas ya estarían vacunadas contra la atención de completos desconocidos, algo que solo sucede en nuestros sueños más locos. En vez de eso, la expectativa de recato que pende sobre las mujeres que están en una relación es una cuestión de sometimiento y posesión, y ninguna de estas tiene cabida en una relación sana.

Las mujeres somos seres autónomos y nos merecemos un amor que nos trate como a tales, de modo que si un hombre se cree con derecho a decir cómo debería vestir su novia, yo voy a huir en la dirección contraria. Ojalá más mujeres hagan lo mismo.

Este artículo fue publicado originalmente en Bellesa.co, apareció posteriormente en el 'HuffPost' Canadá y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.

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