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13/01/2016 06:59 CET | Actualizado 13/01/2017 11:12 CET

Messi y Cristiano: larga vida a nuestro fútbol

messicristianoMessi y Cristiano han revalorizado su deporte del mismo modo que Michael Jordan globalizó el baloncesto, Tiger Woods el golf o Lance Armstrong, mentiras aparte, el ciclismo. La lógica se extravía en una supremacía que año tras año se cita en Zürich a la espera de un veredicto conocido. O gana Messi o gana Cristiano, con la misma certeza de que después de un día viene otro.

Foto: EFE

El lunes vi la gala del Balón de Oro a través de una pequeña ventana silenciada del ordenador. Por allí iban pasando los mejores jugadores y entrenadores del mundo hasta que alrededor de las ocho de la tarde, Kaká enseñó la tarjeta con el nombre del ganador y Messi se levantó. "Lo lógico", pensé con la necedad del que solamente es capaz de ver el árbol.

El triunfo de Messi tiene tanto de lógico como de antinatural; de pronosticado como de inexplicable. Nada mejor que la presencia contrastante de Kaká, el último representante de los mortales antes de que el premio fuera un monopolio argentino-portugués, para explicar el futbol contemporáneo. Messi y Cristiano han revalorizado su deporte del mismo modo que Michael Jordan globalizó el baloncesto, Tiger Woods el golf o Lance Armstrong, mentiras aparte, el ciclismo. La lógica se extravía en una supremacía que año tras año se cita en Zürich a la espera de un veredicto conocido. O gana Messi o gana Cristiano, con la misma certeza de que después de un día viene otro.

No hay peor desprecio que racionalizar sus logros y entenderlos como algo natural. Su simultaneidad es una regalo de la historia para tantos aficionados que conocieron las gestas de Di Stefano, Pelé, Cruyff y Maradona gracias a los libros de historia, a los recuerdos de abuelos cuentistas y a los vídeos de YouTube. Cristiano está sin duda a la altura de los más grandes y Messi ya camina por encima. Quizás la grandeza de su legado pueda explicarse al imaginar qué sería el uno sin el otro: Messi tendría ocho Balones de Oro y Cristiano siete.

Generar ilusiones y expectativas es tan humano como relativizar el presente. El futuro atrae y se abre, el presente perece y se cierra. Ya se sabe que para vender el producto hay que actualizar el catálogo, y Neymar ya fue señalado como el príncipe heredero. El futuro es suyo, dicen. Quizás. Sin fecha de caducidad para Cristiano y Messi, éste dos años más joven que el portugués, el relevo no parece próximo. Que la inmediatez y la impaciencia no resten valor a una época prodigiosa. Larga vida a nuestro fútbol.