BLOGS
22/02/2014 09:55 CET | Actualizado 23/04/2014 11:12 CEST

Sexo y Martinis

Los "efectos colaterales" de Sombras de Grey ya se han hecho notar. Una buena parte de las editoriales han buscado su trozo del pastel erótico desembarcando en las estanterías y on-line autoras y títulos a la caza del tesoro literario, o desempolvando viejas colecciones eróticas para lectores y lectoras selectas de la literatura vaginal y testicular.

A estas alturas nadie le puede negar a E.L. James haber provocado uno de los alborotos literarios más sonados de los últimos cincuenta años. Sus Sombras de Grey ha despertado por igual pasiones y odios y eso siempre es una buena señal en el barómetro mercadotécnico. La cola todavía la seguimos arrastrando (y lo que te rondaré morena) a la espera del estreno de la versión cinematográfica. Una adaptación que como acostumbra a suceder en estos casos encenderá la clásica discusión sobre las relaciones peligrosas entre cine y literatura. Un debate que siempre intento ver sin ningún prejuicio o mirada ortodoxa y que en muchos casos se ha saldado con el descubrimiento de una excelente película a partir de una novela o relato mediocre. Hasta las traiciones más señaladas- y para algunos más lacerantes- como en el caso de la novela Desayuno en Tiffany's de Truman Capote, en mi caso, se aceptan con el mayor grado de placer a la vista del balance final.

Desayuno con diamantes, la adaptación para la pantalla de la novela de Truman Capote.

Los "efectos colaterales" del best-seller de E.L. James ya se han hecho notar. Una buena parte de las editoriales han buscado su trozo del pastel erótico desembarcando en las estanterías y on-line autoras y títulos a la caza del tesoro literario. O desempolvando viejas colecciones eróticas en su momento para lectores y algunas lectoras selectas de la literatura vaginal y testicular. A la nueva ola de la literatura erótico-romántica-femenina, entre otros reconocimientos, hay que agradecerle este principio de normalización del género hot. Un éxito sin duda apoyado en el advenimiento de la era digital. No es lo mismo, pongamos por caso, leer Las once mil vergas de Guillaume Apollinaire en tapa dura y a la vista de todos mientras te tomas un café en una terraza que hacerlo discretamente en el soporte digital. O si, en el caso, que se prefiera dar alguna pista o señal al auditorio.

Lana Turner y el melodrama, una pareja de éxito.

Misterio, sexo, romanticismo, sexo, pasión, clases sociales, sexo, aprendizaje e iniciación, amor y -sexo- y desengaños son, entre otros, los ingredientes para una fórmula conocida y de la que, sin ir más lejos, el melodrama de Hollywood dejó las mejores muestras en la década de los cuarenta y cincuenta. Y aunque la censura no permitía muchas audacias, bastaba ver a Lana Turner en bañador y turbante paseando por la playa o por la piscina para entender que el amor tenía mil caras. Y que los gigolós suelen preferir las señoras maduras, rubias y a ser posible, de perfecta permanente.

Jodi Ellen Malpas, la nueva emperatriz de la novela erótico-romántica.

Jodi Ellen Malpas, escritora británica, es la autora del último fenómeno literario, una trilogía, Mi hombre -no sabemos si en tributo a aquel Mon homme de La Mistinguette- formado por tres volúmenes, Seducción, Obsesión y Confesión, el último en llegar a las librerías. Aquí los protagonistas son una diseñadora de interiores, Ava O'Shea, que encuentra y por supuesto tiene su coup de foudre fulminante, con un supuesto propietario de un hotel de lujo en la campiña inglesa, Jesse Ward, que acabara siendo su atracción fatal. A pesar de que, de entrada, la propuesta presente un cierto déjà vu, hay que decir que la historia te encadena - por utilizar una terminología ad hoc- y acabas metiéndote en esta "educación sentimental" de alto voltaje. Y las escenas de sexo, desde luego, no te dejan nunca indiferente, que me parece que siempre es una buena señal en estos casos. Me imagino lo que podría haber sido esta historia en manos de uno de aquellos maestros del melodrama como Douglas Sirk o hasta un Vincente Minnelli en su grado de mayor estilización. O si lo prefieren por el lado más "pop", con aquel Russ Meyer y su celebrada obra de culto, El valle de las muñecas, para fruidores del melodrama trash.

Desde otro ángulo literario y femenino- y muy recomendable- hay que señalar la presencia en el mercado editorial de unas de las heroínas más divertidas de la literatura del siglo XX. Me refiero a Tia Mame, la protagonista de la novela del mismo título creada por Patrick Dennis y que desde su publicación en 1955 no ha dejado de sumar socios y fans en su club. Entre la pantalla y el teatro, Tia Mame ha contado, entre otros, con los rostros de Rosalind Russell, Lucille Ball y Angela Lansbury, la protagonista del musical Mame de Broadway, y seguramente la Tia Mame más recordada. No sé si en el futuro el personaje de Patrick Dennis tendrá otras reencarnaciones en el teatro o en la pantalla. Aunque ya sabemos de las dotes camaleónicas de Meryl Streep a la hora de apropiarse de los personajes, la verdad, no me la imagino de momento como la extravagante y adorable dama neoyorquina. Pero despues de verla en August: Osage County ya sabemos que ella siempre es capaz de casi todo. Le basta solo una peluca.

Portada de la edición española de la novela Tia Mame de Patrick Dennis.

Entre estas heroínas y aprendizas aventajadas de aquella Wanda de La venus de las pieles de Sacher-Masoch, de momento me sigo inclinando por estas otras heroínas, sin duda mucho más desinhibidas y deliciosamente descerebradas en cuestiones de vida y de sexo. Ese tipo de damas que al tercer Martini ya están bajo la mesa. Y al cuarto, debajo de su anfitrión. Que diría Dorothy Parker.

Angela Lansbury protagonista de la comedia musical Mame.