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05/03/2018 14:12 CET | Actualizado 05/03/2018 14:12 CET

Voto en el SPD: el arrojo de un partido largamente centenario

EFE

La buena noticia del 4 de marzo es que la Unión Europea ha sorteado con éxito las principales curvas del ciclo electoral que empezó en enero 2017 y que estaba cargado de incertidumbres. Los militantes del Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) fueron los encargados de cerrar la puerta a la inestabilidad con un amplio voto favorable al avanzado acuerdo de coalición con la democracia cristiana, abriendo muchas posibilidades de éxito a la profundización política europea que tanto Berlín como el París de Macron han situado entre sus prioridades.

No todo es perfecto en la vida y menos en la política, pero la relectura del contenido de ese acuerdo de gobierno deja pocas dudas sobre su apuesta por más UE con propuestas como el fortalecimiento del Parlamento Europeo, la mejora del gobierno de la zona euro, el aumento del gasto comunitario con una mayor aportación alemana al presupuesto, el reforzamiento de los fondos destinados a la estabilización económica y la convergencia social, la introducción de impuestos sustanciales a las transacciones financieras o un sistema para gravar de forma justa a las grandes empresas de la sociedad de la información. Medidas a las que habría que sumar las que aumentarán la demanda agregada alemana, con el consiguiente efecto positivo sobre el crecimiento económico en la eurozona.

Teniendo las elecciones europeas en 2019 como referente, Alemania y Francia están ahora en condiciones de proponer los cambios que la UE necesita

Teniendo las elecciones europeas en 2019 como referente, Alemania y Francia están ahora en condiciones de proponer los cambios que la UE necesita. No será fácil darlos, teniendo en cuenta que muchos de ellos requerirán una unanimidad que será muy complicada de conseguir con gobiernos como los de Budapest y Varsovia en el poder. Pero conviene no olvidar que en el pasado también se superaron obstáculos que impedían caminar hasta donde la UE ha llegado, que es bastante lejos.

Otro problema en esa dirección hacia la unión política europea lo va a representar Italia, con unos resultados electorales que vuelven a situarla en un escenario de bloqueo. Sí, puede decirse que eso ya ocurrió en 2013 y pese a todo el país ha culminado uno de sus lustros más estables de la mano de Paolo Gentiloni. La gran diferencia ahora es que las urnas han fortalecido sustancialmente a opciones como el Movimiento 5 Estrellas o la Liga Norte, cuyos postulados no son precisamente ni europeístas ni moderados. De la habilidad de los partidos más responsables y del Presidente de la República, Sergio Mattarella, dependerá la formación de un gobierno que no frene el crecimiento económico ni se convierta de un problema para Europa.

Los militantes del SPD han sido realmente audaces al decantarse por un programa favorable a la gran mayoría ciudadana y que su partido ganó a pulso en las negociaciones

Pero volvamos a los militantes del SPD, cuya disyuntiva no ha sido sencilla ni simple a la hora de votar en un proceso democráticamente impecable, que ha hecho honor a la historia del partido más veterano del movimiento obrero europeo. Al pronunciarse a favor del contrato con la CDU, han evitado una enorme turbulencia en su país, en Europa y en el Mundo, sin exagerar lo más mínimo. De hecho, solo imaginar la conjunción de un rechazo al acuerdo con los complejos resultados registrados en Italia provoca sensación de vértigo.

Sin embargo, seríamos muy injustos si valorásemos la decisión de los afiliados socialdemócratas alemanes solo en términos de evitar lo peor. Así vistos, darían una imagen conservadora, cuando, en realidad, han sido realmente audaces al decantarse por un programa favorable a la gran mayoría ciudadana y que su partido ganó a pulso en las negociaciones -hasta el punto de que lleva más la impronta del SPD que de la CDU y por entrar en un gobierno de coalición que les dará muchos más quebraderos de cabeza que el haberse quedado en la oposición. Han pensado que lo primero implica riesgos, pero también enormes oportunidades europeas, alemanas y partidarias; y que lo segundo garantizaba únicamente una precaria supervivencia política basada en el hipotético desgaste del otro gran partido del país, con un ganador claro: la derecha extrema.

Ese arrojo es el que hay que reconocer a los militantes del partido de Willy Brandt. Esperemos que dentro de cuatro años también se lo agradezcan los electores alemanes. Por el bien de todos los europeos, españoles incluidos.

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