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25/09/2015 07:35 CEST | Actualizado 24/09/2016 11:12 CEST

Una nueva Cataluña

2014-09-12-catalunya.jpgarrimadas Queremos que la política mueva el foco del sentimiento hacia la razón, del populismo a la sensatez y del conflicto a la reconciliación. Si todos los catalanes que creen que ha llegado el momento de cambiar votan el día 27 de septiembre, el cambio llegará, y Ciutadans demostrará que otra forma de hacer política es posible.

Foto: EFE

Los catalanes tenemos la oportunidad de cambiar muchas cosas el próximo 27 de septiembre. Por primera vez en décadas, tenemos la oportunidad de tener un Gobierno que mire la política desde fuera del marco nacionalista impuesto por CiU, aceptado por el PSC e ICV-EUiA y ahora también por Podemos, y nunca combatido eficazmente por el PP.

Estas elecciones que se presentan como un medio para separar a Cataluña de España y de la Unión Europea, pueden ser el canto del cisne del monocolor político auspiciado por Pujol.

En Cataluña se da una circunstancia muy particular: al recuperar la democracia e iniciar la andadura del Estado de las Autonomías, se instaló un discurso político único, el discurso nacionalista. El nacionalismo permaneció latente durante el franquismo, básicamente porque la burguesía catalana hizo negocio durante la dictadura y se acomodó bien al régimen de Franco. Con la democracia, el nacionalismo de Convergència i Unió, comandado por Pujol, penetró en el núcleo duro de las instituciones, culminando así el plan diseñado por Pujol en 1991: colocar gente nacionalista en los principales ámbitos de influencia. Así, tenemos la enseñanza, los medios de comunicación, las asociaciones empresariales y sindicatos, los movimientos asociativos, los colegios profesionales, etc., es decir, todo ámbito relevante de la sociedad, dirigido en su mayoría -o por lo menos fuertemente influenciado- por la ideología nacionalista.

Paradójicamente, estas elecciones que se presentan como un medio para separar a Cataluña de España y de la Unión Europea, pueden ser el canto del cisne del monocolor político auspiciado por Pujol.

Se ha llegado a estas elecciones con una CiU rota: por un lado, CDC, y por otro, UDC. Eso sin contar sus quince sedes embargadas. Artur Mas, supuesto candidato a la presidencia de la Generalitat, permanece escondido en el número cuatro de su candidatura, de forma que solo habla en los mítines, pero no debate ni da explicaciones de su gestión, de los recortes en educación y sanidad, ni de los casos de corrupción de su partido. Es un supuesto candidato a presidente, antes apoyado por las clases medias y burguesas que escucha, desde su escondite, cómo otros de su propia candidatura harán coaliciones con la extrema izquierda rupturista para desalojarle y que gobierne otro.

El separatismo ha llegado hasta aquí mintiendo y negando la evidencia: que una Cataluña fuera de España estaría fuera de Europa.Ha llegado hasta aquí con la advertencia por parte de la banca de una catástrofe financiera en caso de independencia. Un posible corralito que, colándolo de rondón, reconocía el propio Consell Assesor de la Transició Nacional creado por Mas, aunque ahora quieran olvidarlo. Llegan, en fin, teniendo que calmar a su electorado independentista garantizándoles que podrán seguir siendo españoles tras la independencia, en el colmo de la inconsistencia argumentativa.

Afortunadamente, la presencia de Ciutadans garantiza que hay una alternativa. El PP y el PSOE han cometido graves errores en la gestión del problema secesionista, como pactar con CiU y con ERC a cambio de apoyos en el Gobierno de España. Han actuado de forma inmovilista pensando en sus intereses de partido, sin ofrecer a los catalanes y al resto de los españoles una idea ilusionante de una España moderna y reformada, que restaure la confianza de los españoles en la política y sus instituciones y deje atrás la política de bandos y la corrupción. Por ello, estos partidos han llegado a las elecciones con escasa fuerza, y las encuestas las relegan a cuarta y quinta fuerza, mientras que Ciudadanos consolida una potente alternativa a la lista secesionista, como segunda fuerza.

Queremos una nueva Cataluña, con un Gobierno que respete las leyes; que gobierne para todos sin excepción, sin preguntar a los ciudadanos si se sienten más o menos catalanes o españoles

Ciutadans, surgido hace nueve años de una plataforma civil para renovar la caduca política catalana, sale a ganar el partido. Queremos una nueva Cataluña, con un Gobierno que respete las leyes; que gobierne para todos sin excepción, sin preguntar a los ciudadanos si se sienten más o menos catalanes o españoles; que piense en las personas y en sus preocupaciones, y no en los territorios ni en las banderas. Una Cataluña en la que los gobernantes no se ocupen en beneficiarse de la corrupción y en esconderla, sino en levantar las alfombras y sanear la política. Una Cataluña, en fin, que recupere el dinamismo económico y cultural que tuvo, siendo la locomotora de una España fuerte y una tierra donde las personas puedan trabajar y desarrollar sus proyectos vitales. Una España en la que las estructuras administrativas y las competencias de las Comunidades Autónomas se conciban exclusivamente para dar un mejor y más barato servicio a los ciudadanos, y no para dar respuesta a supuestos derechos históricos, o para contentar a quien nunca va a estar contento.

Nos jugamos mucho. Queremos que la política mueva el foco del sentimiento hacia la razón, del populismo a la sensatez y del conflicto a la reconciliación. Si todos los catalanes que creen que ha llegado el momento de cambiar votan el día 27 de septiembre, el cambio llegará, y Ciutadans demostrará que otra forma de hacer política es posible.

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