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22/10/2012 10:07 CEST | Actualizado 21/12/2012 11:12 CET

Con un par de... Elefantes

En el Museo Nacional de Ciencias Naturales se pueden admirar un par de elefantes y uno de ellos "con un par", el único que puede presumir de estos atributos. Y es que Luis Benedito nunca había visto un elefante vivo y le colocó unos testículos de dimensiones mastodónticas. Excepto que los elefantes tienen testículos internos, no externos...

Escribir sobre elefantes en estos tiempos nos lleva inmediatamente a pensar en coronas, pero no es solo de coronas de lo que va este post -que también- sino de mi reciente visita al Museo Nacional de Ciencias Naturales, del CSIC.

La historia empieza con una corona, pues el Museo Nacional de Ciencias Naturales fue creado en 1771 por Carlos III, el gran promotor de la ciencia en la historia de España, junto con el Real Jardín Botánico, ambos separados por unos 5 Km a lo largo del eje que une el Paseo Recoletos con la Castellana.

Aparte de colecciones de meteoritos, rocas, algas, animales y plantas, adquiridas a Pedro Franco Dávila, su primer director, el museo también contiene colecciones de pieles.

Uno de los primeros trabajos fue el montaje entre 1777 y 1778 del elefante indio (Elephas indicus); en una peana el esqueleto y, en otra, el ejemplar naturalizado (disecado) con la piel que aún puede admirarse en el Museo. Este ejemplar de Elephas indicus campeó por tierras madrileñas, más concretamente por el Real Sitio de San Ildefonso a donde llegó regalado a Carlos III -y es que los borbones siempre han tenido una debilidad particular por los elefantes- por el gobernador de Filipinas.

Muerto el Elephas a los cuatro años de su llegada -el clima madrileño era entonces mucho más frío del que conocemos ahora- el rey encomendó al naturalista Juan Bautista Bru que lo naturalizase. Afortunadamente el Elephas indicus naturalizado era demasiado grande y no desapareció durante el saqueo de las tropas napoleónicas en su retirada en 1813, y sigue en el museo.

El Elephas indicus está acompañado por su primo el elefante africano, Loxodonta africana, que se puede admirar a la entrada del Museo. Este es una adquisición mucho más reciente ya que fue una donación del padre de la actual duquesa de Alba en 1913. La piel del elefante, cazado en Sudán, llegó al museo en un fardo y correspondió a Luis Benedito, escultor taxidermista del Museo, su naturalización.

Fotograma del documental El elefante del rey, con una imagen del resultado del trabajo del taxidermista Luis Benedito.

Pero el elefante de Luis Benedito tiene una particularidad, y es que Luis Benedito nunca había visto un elefante vivo. Así que al disecarlo le colocó unos testículos de dimensiones mastodónticas, siguiendo el ejemplo del caballo de Espartero. Excepto que los elefantes tienen testículos internos, no externos... así que en el Museo Nacional de Ciencias Naturales se pueden admirar un par de elefantes y uno de ellos "con un par", el único que puede presumir de estos atributos.

No sorprende que el elefante africano haya sido sujeto de muchos cachondeos. El mejor de ellos quizás el documental El elefante del Rey, una historia fictícea de amor, celos y taxidermia protagonizada por el rey Alfonso XIII con el elefante como excusa, de José Ramón Lorenzo y con Juan Echenove en el papel de taxidermista (y su nieto). En esta pieza el Rey Alfonso XIII pierde la corona por culpa del elefante, y es que la mezcla de elefantes y borbones ha sido y sigue siendo explosiva.

El elefante del rey from Jose Ramon Lorenzo (montador) on Vimeo.

Me acordé de este par de elefantes al darme de bruces con el Loxodonta africana al entrar al Museo hace algunas semanas para hacer doblete: hablar sobre los cambios en medusas en el océano a mis colegas del museo por la mañana y sobre la Expedición Malaspina 2010 al público por la tarde. El Loxodonta presidía la entrada pero le habían colocado en una discreta diagonal con sus partes, que nunca tuvo en vida, contra la pared.

Me agradó visitar el museo de nuevo, con su mezcla ecléctica, pero efectiva, de animales naturalizados. Destaca entre ellos el grupo de abejarucos de los hermanos Benedito, que es una obra de arte, y de elementos expositivos de vanguardia en museística.

Esteban Manríque, el director actual del Museo, me contaba que este año habían subido notablemente, en más de un 20%, las visitas al Museo, particularmente en verano. Me interesó ese súbito despertar del interés madrileño por la ciencia, pero Esteban y sus compañeros, menos optimistas, opinan que ese aumento se explica porque el Museo es uno de los lugares más baratos en los que una familia madrileña puede pasar un par de horas disfrutando del aire acondicionado para evitar de los calores -o las lluvias- madrileños.

La crisis y los calores envían a los madrileños a los museos con sus elefantes. Espero que algo aprendan.

#CuandoElDescansoEsUnSueño