BLOGS
12/12/2018 17:43 CET | Actualizado 12/12/2018 17:44 CET

No es que no queramos hijos, es que no nos los podemos permitir

EFE
Camarera en España

Nos quedamos sin gente en España. La natalidad ha alcanzado la cifra más baja de toda la historia desde que se empezó a contabilizar en 1941. Y nos hemos llevado las manos a la cabeza. ¡España se vacía! Pero ahora en serio, ¿a quién le sorprende que no tengamos hijos los millennials? Porque, desde luego, lo impactante habría sido que la cifra de nacimientos hubiese crecido aunque fuese un punto porcentual.

Los primeros afectados somos los jóvenes: la crisis de expectativas y el nivel de frustración han ido aumentando a medida que nos acercamos a los treinta y los vemos cada vez más negros y difíciles. Lo único que queremos es vivir, al menos, en las mismas condiciones que nuestros padres. Parece fácil llegar a esas aspiraciones pero para muchos de nosotros son, de momento, inalcanzables y lejanas. Vivir sin saber qué sería de ti si no tuvieses a tu familia es una sensación horrible.

Cómo vamos a tener hijos si somos una generación cuyo salario medio ronda los 800 euros al mes (en unos meses, si es verdad que suben el SMI será de ¡900 pavazos! ¡Guau!), que vive un país donde los alquileres tienen precios desorbitados y no hacen más que subir, donde el transporte también es caro (56 euros cuesta el abono normal en Madrid) o donde abundan los falsos autónomos que llegan a pagar hasta 250 euros de cuota al mes.

¿En serio creéis que nos podemos plantear criar a un hijo si apenas podemos emanciparnos, poner la calefacción en casa o comprar comida de calidad?

Cómo vamos a tener hijos si los que vivimos solos tenemos que prepararnos el arroz y la pasta para la última semana del mes porque no llega para alimentos frescos. Si nos pensamos dos veces el poner la calefacción aunque sean los días más fríos del año y preferimos un par de sudaderas. Las mismas personas que nos pasamos una hora en el supermercado porque es mejor comparar precios e ir a por la marca más barata. Los que nos levantamos de una terraza si la cerveza cuesta más de dos euros porque nos parece una barbaridad. ¿En serio creéis que nos podemos plantear criar a un hijo si apenas podemos emanciparnos, poner la calefacción en casa o comprar comida de calidad?

Haced vuestras cuentas. Pongamos que cobramos 900 euros al mes, lo cual es ya desorbitado —tengamos en cuenta que, ahora mismo, en nuestra generación, ser mileurista es igual a ser uno de los privilegiados—. Que 400 se te van en el alquiler de UNA habitación con facturas incluidas en una ciudad como Madrid o Barcelona (un estudio de 30 metros cuadrados para ti solo ya puede subir a 700 euros). Te quedan 500 euros al mes para comer y moverte.

Se trata de una de las múltiples consecuencias de la crisis económica que estalló en 2008 y que nos hemos comido con patatas. Las pensiones actualmente son irrisorias, ni siquiera nuestros padres podrían ayudarnos a criar a un niño. Las ayudas públicas son pocas y la mayoría de nosotros no hemos sido capaces de emanciparnos. Algunos sólo tenemos trabajo a tiempo parcial, otros somos pluriempleados sin tiempo... Y los más afortunados vivimos al día con 1000 euros al mes y haciendo piruetas. ¿Sabéis lo que es tener una boda y que sólo eso te descoloque tus cuentas del resto del año por el dinero del regalo? U otro ejemplo: tener mascota y que se ponga enferma un mes significa no poder salir a cenar o hacer algún regalo de reyes. Vivimos al día y, muchos, si no fuese por nuestros familiares, no saldríamos adelante. ¿De verdad resulta tan raro que no tengamos hijos?

Muchos de nuestros trabajos consisten en prácticas mal pagadas o puestos de falsos autónomos en los que no se tiene derecho a paro y, en ocasiones, ni siquiera se firma un contrato. Es decir, te pueden echar un día y te quedas con una mano delante y otra detrás. Porque claro, con esas cifras, ¿quién puede ahorrar para tener el famoso colchón del 'porsiacaso'? Somos el colectivo con más posibilidades de encontrarnos por debajo del umbral de pobreza económica.

Irse a vivir fuera del hogar familiar es uno de los primeros pasos del proceso de transición a una vida adulta

Irse a vivir fuera del hogar familiar es uno de los primeros pasos del proceso de transición a una vida adulta. ¿Sabéis cuantas personas de 16 a 29 años lo consiguió en el segundo trimestre de 2017 en España? El 19,4%. Ni un 20% de los jóvenes ha logrado salir de casa de sus padres.

Es irónico que algunos de los peor parados sean aquellos que han estudiado más: carreras, másteres, idiomas... Y 900 euros —como mucho— al mes. Después de pasarte años y años estudiando. Entrando en el mercado laboral con 25 y sin ningún ahorro detrás. Por no hablar de aquellos que, por una cosa u otra, no han accedido a estudios superiores y se mueven en un limbo entre trabajos en mal pagados, pagados en negro y precarios. Queremos crecer y no podemos. Queremos ser adultos pero no nos dejan. ¿Cómo vas a iniciar tu transición a la adultez teniendo que pedir dinero a tus padres para el cine a los 25 años? ¿De verdad? ¿Es tan sorprendente que no tengamos hijos?

Y lo peor de todo es que, cuando consigues un trabajo, se espera de ti que eches mil horas, en un país a la cola de Europa en conciliación laboral. Y las horas para estar con el pequeño son escasas, a no ser que renuncies a tu carrera laboral, como hacen seis de cada diez mujeres españolas al ser madres. Por no decir todas esas mujeres en edad fértil que sienten la presión de no ser contratadas por si van a tener un hijo pronto e incluso toman la decisión de no tenerlo para que su puesto de trabajo no peligre.

¿Os acordáis de ese personaje de las películas americanas que pintan de parásito que vive en casa de sus padres a los 30? Pues ahora ese personaje somos todos nosotros: sin empleos decentes, sin dinero, sin casa y muy posiblemente sin ninguna pensión. No es que no queramos tener críos (que algunas no los quieren, claro), es que no nos lo podemos permitir.