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06/05/2018 10:28 CEST | Actualizado 06/05/2018 10:28 CEST

Infertilidad: cómo afrontar el Día de la Madre

Justin Case via Getty Images

El Día de la Madre: las redes sociales nos bombardean con imágenes de familias felices y sonrientes, con declaraciones de amor para "la mejor madre que un niño podría tener"; las tiendas se llenan de tarjetas, flores y regalos estupendos, la bandeja de entrada del correo está a rebosar de mensajes de ofertas para este día tan especial... Parece no haber escapatoria para todas aquellas madres para las que nunca va a existir el Día de la Madre.

Antes de continuar, quisiera aclarar que para nada estoy en contra de rendirles homenaje a nuestras madres. Es más, estoy totalmente a favor de celebrar este día y me encanta que podemos mostrarles nuestro afecto y cariño. Hay que dar las gracias esas madres incansables que siempre trabajan entre bastidores por el bien de su familia, y este día es una buena oportunidad.

Sin embargo, también quiero empatizar con aquellas personas que sienten tanto sufrimiento ese día. Aquellas personas que lo perciben como un día de pérdidas y sueños rotos, pues trae consigo un sentimiento de dolor, ya que nunca podrán celebrarlo. Este día tan maravilloso de alegría y celebración no es igual de feliz para todos.

Antes sentía pavor cuando se acercaba el Día de la Madre. Para mí era una ocasión para recordarme una vez más aquello que quiero y no puedo tener. Era un día en el que no me atrevía a meterme en Facebook, lloraba y me preguntaba cuándo (o si algún día) iba a recibir una tarjeta por parte de mi propio y ansiado hijo. Un día en el que me sentía excluida de la sociedad porque, al igual que muchas otras personas que quisieran ser madres, pertenezco a una pareja infértil.

La infertilidad es complicada, y es una batalla a la que nos enfrentamos día a día. Hay días especialmente malos en los que el mero hecho de levantarnos de la cama por la mañana y enfrentarnos al mundo nos cuesta horrores. Y, por supuesto, nunca sabemos cuándo nos va a tocar un día de esos. Hay semanas que no tenemos problema en admirar las fotos de los hijos de nuestras amigas, ni en escuchar las anécdotas de los colegas de trabajo con sus hijos. Pero hay semanas que no podemos, y cada vez que escuchamos a alguien contar una historia del lío que armó su hijo, o que no han dormido bien la noche de antes, queremos gritar que es injusto, porque nosotras daríamos lo que fuera por tener una mala noche si eso significaba tener un hijo.

No obstante, nosotros, cada uno a su manera, aprendemos a lidiar con la situación y a actuar como personas "normales". Aprendemos a disimular el dolor y dominar nuestro sufrimiento y elegimos, de ser posible, exponernos solo a ciertas situaciones en las que no tengamos que enfrentarnos a nuestra pérdida. Y así es como vivimos y sobrevivimos, tratando, día a día, de seguir adelante pese al dolor que siempre llevamos con nosotros. Por eso, lo días malos, nos resulta muy complicado gestionar nuestras emociones y sentimos que caemos en un agujero negro de depresión, del que llevábamos tiempo intentando salir. Para el resto del mundo solo es un mal día, pero para nosotros es un día en el que nuestros fallos, nuestras esperanzas y nuestros sueños mutilados y nuestros hijos perdidos se nos aparecen. Para nosotros, el Día de la Madre es un recordatorio de que nunca tendremos la oportunidad de sentir cómo se mueve un bebé en nuestro vientre.

Yo ahora soy madre, fue un milagro que conseguí gracias a la fecundación in vitro y tras muchos intentos. Sin embargo, pese a haber conseguido mi sueño, sigo teniendo una sensación agridulce en el Día de la Madre. Por supuesto estoy encantada de ser madre: siempre había soñado con ser capaz de concebir a un hijo, y estoy muy agradecida por ello. Pero para mí, este día es un recordatorio de lo dura que puede ser la vida y de que no existen garantías para que todas esas mujeres que sueñan con ser madres.

Por todo esto, me gustaría pedir a los lectores que en el Día de la Madre no solo pensemos en las madres que conocemos, sino que también nos acordemos de todas aquellas mujeres valientes que conviven con la infertilidad día a día o que no tienen hijos porque no pueden. De aquellas mujeres que ansían tener hijos, pero les es imposible. Con un poco de empatía podemos ayudar más de lo que pensamos.

Este artículo fue publicado originalmente en el 'HuffPost' Reino Unido y ha sido traducido del inglés por María Ginés Grao.

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