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23/05/2013 21:58 CEST | Actualizado 22/07/2013 11:12 CEST

Las tres voces de Angela

Culpable. Es el chivo expiatorio que necesita nuestro Gobierno. ¿Recortes? Son por Merkel, la inflexible, fíjense en su imagen: mismo peinado, chaqueta, collar, postura idéntica. ¿Austeridad? Es por Merkel, oigan su voz plana y aburrida: ni inflexiones ni pausas, ni énfasis. Ni un ápice de compasión.

Foto: Phazer Blast.

Inmóvil. Para los españoles Angela Merkel es esa persona que no cambia, que no se sale del camino y que no se aparta un milímetro de su ideología. Rectitud. Tan conservadora que lleva años con la misma imagen. La fluidez de sus discursos y la seriedad con la que se toma sus comparecencias públicas demuestran que es trabajadora: quiere hacerlo bien y se prepara a conciencia. En España los medios nos enseñan a una Angela Merkel seria y formal, la hija perfecta de un pastor luterano y una profesora de latín. Latín: lengua muerta, no cambia -por definición-. Luteranismo: el trabajo para redimir el pecado y la transparencia como signo, ni cortinas en las casas ni dobles fondos en los armarios. Así nos muestran aquí a Merkel, "la decisora". Pero ¿conocemos a la verdadera Angela? ¿Se comporta en Alemania igual que fuera? ¿Cuál de sus tres caras es la auténtica?

Voz uno. En la Unión Europea.

Razón. Ella siempre apela a la razón para explicarse desde el recato y discreción de su chaqueta. No hace aspavientos ni pausas enfáticas: no los necesita porque su argumento está tan claro que parece agua, un agua clara y cristalina tan limpia como su voz. No fuerza la garganta al empezar a hablar, sus inicios son siempre libres y suaves: curioso para el idioma alemán, proclive a la glotalización enfática. Nada hay de exageración en su estilo de habla, ¡perdería la compostura! No sonríe, aquí se habla de cosas serias. Su hipoarticulación refleja la complejidad y profundidad de las razones que hilvana con calma, ¿para qué más dinamismo? El uso raquítico que hace de sus posibilidades tonales -entre su tono más grave y el más agudo solo hay 138 Hz- refleja que confía en el poder de convicción de sus razones y que la emoción no aporta nada útil a un buen argumento. Típico del intelectual.

Una pista. Al acabar las frases es audible cómo exhala el aire que le sobra. Esto la proyecta como tímida y retenida: tal vez quisiera decir más cosas pero no se atreve. No se aventura a ser más expresiva, a comunicar más y mejor, ¡se saldría del camino! Todas sus frases tienen las mismas cadencias, y no hay más pausas que las imprescindibles para respirar, ¡este incómodo cuerpo humano otra vez aguando la fiesta a un brillante cerebro! Por otro lado, es más fácil rebatir el discurso de la emoción que el de la razón. Eso va a ser.

Voz dos. En el día alemán de la Empresa Familiar

Cómplice. Lo que dice es lo que ellos necesitan. Está tranquila y se muestra natural. Se escucha en su voz una sonrisa. Recalca sus palabras con pausas enfáticas y expresivas. Habla con sentido del humor y se detiene para disfrutar de las risas de los asistentes. Ante un auditorio entregado desgrana las ideas que ella y ellos comparten: que el trabajo es lo que sustenta a las familias, al país, a Europa. Está suelta, tranquila, distendida, y se esfuerza por contagiar su entusiasmo por medio de su voz, ahora más abierta, casi arriesgada: 203 Hz separan su tono más grave del más agudo. Es una voz dinámica que nos habla de una persona que no teme el trabajo duro. Igual que los empresarios que la escuchan, ¡qué bien! Como viven todos en el mismo universo, da rienda suelta a su optimismo con su mensaje a lo Viva la Gente, un mensaje con el que la hablante se identifica y se implica. Su emoción está comprometida: se oyen glotalizaciones, la entonación es más variada -no necesita leer, habla de lo que quiere hablar- y no todas las pausas son iguales.

Voz tres. En su partido, CDU, el Miércoles de Ceniza

Dinámica. Ahora sí. Esta es su salsa, su pasión. Muestra su auténtico yo, su yo central: una persona vehemente que se esfuerza por conseguir lo que cree que es bueno para todos. Busca el bien común y no se vanagloria de sus éxitos. Al contrario, se expone ante los suyos, no le preocupa quedar bien sino que se esfuerza por expresarse abiertamente, está segura de tener las mejores razones. Está convencida de que sabe cómo hacer que mejoren su país y su partido, y no escatima en esfuerzo: el descontrol de su voz nos deja escuchar cómo se deja llevar. Se oyen glotalizaciones que provienen del deseo de enfatizar una idea. Se oye cómo presiona su garganta para mostrar que hará toda la fuerza necesaria para conseguir que sus ideas triunfen, pero no por la fuerza sino porque está tan convencida de que son las buenas que es capaz de cualquier cosa. Se deja llevar por la emoción, y por eso la velocidad de su articulación varía según el momento del discurso, y por eso también se le agota el aire antes de acabar sus enunciados: tiene tanto que decir que no sabe cuándo parar. No lo piensa. Habla desde el corazón, desde las entrañas, en un discurso emocional, no intelectual.

Merkel en España

Culpable. Es el chivo expiatorio que necesita nuestro Gobierno. ¿Recortes? Son por Merkel, la inflexible, fíjense en su imagen: mismo peinado, chaqueta, collar, postura idéntica. ¿Austeridad? Es por Merkel, oigan su voz plana y aburrida: ni inflexiones ni pausas, ni énfasis. Ni un ápice de compasión. No se preocupa de llegar al auditorio porque no le importan los demás. Fíjense en su entonación repetitiva. Diga lo que diga, el mismo toniquete.

No nos enseñan a Angela, esa persona que se ríe, que salta con los goles de su equipo, que grita para mostrar su energía y su pasión. En España no sabemos quién es esa persona que cree en lo que dice y que según unas firmes convicciones, aunque no estemos de acuerdo con sus ideas. La voz de Angela Merkel es la de un líder fuerte, apasionado y entusiasta.

Pero no, en España la estrategia es mostrar a la hija del pastor luterano que le inculcó la rectitud como modo de vivir y de hacer política; la que no se despeina cuando toma las decisiones más difíciles porque es fría; la inflexible que opina que si los vagos españoles no hacen sus deberes perderán sus derechos como europeos de primera, y hala, uno menos. Cosas que pasan.

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