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16/11/2018 13:23 CET | Actualizado 16/11/2018 13:25 CET

El chaleco de Juanma

El candidato del PPA, Juanma Moreno, en el inicio de la campaña del PP andaluz a las elecciones del próximo 2 de diciembre.
EFE
El candidato del PPA, Juanma Moreno, en el inicio de la campaña del PP andaluz a las elecciones del próximo 2 de diciembre.

Partamos de un hecho incontrovertible: cuando una campaña electoral tiene que tirar del departamento de ideas geniales, es que la cosa no pinta muy bien.

Normalmente se recurre a este oscuro departamento en las últimas horas de la campaña, agotadas ya todas las posibilidades serias y realistas de proyectar a tu candidato. Nunca en el arranque de campaña. Nunca.

El drama suele comenzar -créanme, he estado presente- con una inocente frase: "Yo creo que", que son las tres palabras que dispuestas en ese orden han arruinado más campañas electorales en todo el mundo.

Hoy, al ver en directo el arranque de campaña del PP en Andalucía y a Juanma Moreno embutido en un chaleco lleno de bordados con su nombre, el logo de su partido y algunos sortilegios más, me ha venido inmediatamente a la cabeza la última vez que escuché esa infausta letanía en una campaña: "Yo creo que...", antesala de horrores sin cuento.

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Si ya lo tenía difícil el pobre Juanma en una campaña que se le ha puesto cuesta arriba antes de empezar, los excesos marketinianos, y más si vienen copiados de lejanas latitudes sin siquiera pararse a contextualizarlos mínimamente no solo no le ayudan, sino que le perjudican.

Porque miren, esto de los chalecos electorales, de donde viene es de Latinoamérica, y allí tienen cierto sentido, ya que además de mostrar liderazgo y dar a conocer el logo de la candidatura -que después se repite en la papeleta de voto-, acercan estéticamente a unos candidatos normalmente de clase media-alta a los votantes menos favorecidos.

Traer a España este tipo de estética electoral no solo es arriesgado, sino que tengo la impresión de que es bastante suicida, ya que, además de que no se corresponde con la cultura simbólica y política del votante tradicional de centro-derecha de nuestro país y ser carne de memes sangrientos en las redes sociales, introduce un elemento de distorsión en un candidato que si algo no necesita son pantallas entre su programa y los ciudadanos andaluces.

Y bueno, muchos de ustedes dirán: oye, pero ha funcionado, la gente está hablando del chaleco, y yo les responderé con voz grave y cadenciosa: Efectivamente, de lo que hablan es del chaleco, no del candidato.

La comunicación y el marketing político de nuestro país ha entrado en una deriva suicida. Que alguien detenga esto.

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