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06/08/2014 07:40 CEST | Actualizado 05/10/2014 11:12 CEST

¡A que te bloqueo!

¿Debe un político hablar de sus vacaciones y cosas cotidianas en sus perfiles en las redes sociales? No comparto que se hable sólo de política, porque puede dar la sensación de que somos unos bichos raros y no tenemos vida fuera de la política.

Existe un debate permanente de cómo y para qué deben utilizar las redes sociales los representantes públicos. Incluso distintos expertos aportan teorías opuestas.

¿Debe un político hablar de sus vacaciones y cosas cotidianas en sus perfiles en las redes sociales?

Hace unos días, coincidiendo con la llegada de agosto y el inicio de unas vacaciones en el extranjero, puse este comentario en una red social: "En modo vacaciones en pocos días a disfrutar de otras culturas, otros países, otros paisajes, sus gentes y su gastronomía. Seguro que seguiré aprendiendo, a la vuelta os cuento".

La mayoría de comentarios me deseaban felices vacaciones, pero algunos de los comentarios criticaban mis palabras bajo la justificación de la existencia en nuestro país de personas que, por la situación económica, no se pueden permitir unas vacaciones. Reconozco que el comentario me hizo dudar si había sido acertado escribir sobre mis vacaciones. Lo curioso es que el mismo día recibí una crítica en la misma red social que me reprochaba que hablara tanto de política.

Ante estas prácticas tan comunes de crítica al político, y más ahora, muchos deciden abandonar la red social, bloquear a los críticos y eliminar los comentarios no deseados. Seguramente esto sirva para ser más feliz y vivir una situación irreal donde la política y sus actuaciones no tienen críticas, pero impedirán que se pueda mejorar y se pueda tener un concepto más cercano de la realidad. Nunca de un halago se aprendió, y la crítica sirve para mejorar si somos capaces de separar el polvo de la paja y contextualizar los comentarios.

No comparto que los políticos utilicen las redes sociales solo para hablar de política, ni que se utilicen a modo de tablón de anuncios, sin entablar conversación. No comparto que se hable sólo de política, porque puede dar la sensación de que somos unos bichos raros y no tenemos vida fuera de la política. Ante esto conozco a políticos que tienen dos perfiles en algunas redes sociales, el personal y el político, práctica a mi modo de ver errónea, porque no podemos separar nuestro ser político de nuestro ser personal. Seguimos siendo la misma persona independientemente del ámbito donde actuemos.

Las redes sociales se han convertido en una magnífica oportunidad para los que nos dedicamos a lo público para escuchar, debatir y conversar con los ciudadanos, que nos permite acercarnos a personas que de otra forma sería imposible, aunque en ningún caso debe sustituir a la cercanía física.

En multitud de ocasiones he utilizado los perfiles en las distintas redes sociales y el blog, para intentar hacer un ejercicio de diseño y de construcción de políticas alternativas que poder defender en las organizaciones e instituciones en las que he estado presente, ejercicio que en la mayoría de ocasiones ha terminado en frustración. La mayoría de los ciudadanos te dan su opinión pero son muy pocos los que te hacen una aportación que permita construir una alternativa viable de ser presentada como iniciativa parlamentaria.

En esta sociedad en la que nos encontramos, es más fácil relacionarse con un mayor número de personas. Esto debe ser utilizado por los representantes públicos para diseñar entre todos políticas alternativas. Las nuevas prácticas de gobierno abierto ayudan a ello, pero sin la creación previa de una cultura de la participación va a ser muy complicado que se obtengan los resultados deseados, convirtiéndose estas acciones en gestos de cara a la galería, más que de apertura de la política.

Como políticos actuemos, en nuestra vida y en las redes sociales, con naturalidad, siendo conscientes que somos representantes públicos pero sin olvidar que ante todo somos ciudadanos y personas, con nuestras virtudes y nuestros defectos, y con una vida más allá de la política.