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04/06/2013 03:24 CEST | Actualizado 03/08/2013 07:12 CEST

Gobernar con el botón "Me gusta"

Muchos hablan ahora de sustituir nuestro sistema democrático actual representativo por una democracia directa, motivados por la falta de soluciones efectivas a sus problemas actuales, pero ¿es posible y conveniente esta solución? Al igual que creo que la democracia directa llevaría aparejados más problemas y defectos que la actual, sí apuesto por una democracia participativa, en la que se implique a los ciudadanos en la elaboración de las normas, planes y estrategias.

Muchos hablan ahora de sustituir nuestro sistema democrático actual representativo por una democracia directa, motivados por la falta de soluciones efectivas a sus problemas actuales, pero ¿es posible y conveniente esta solución? Una democracia donde sustituyéramos los representantes públicos por un botón al estilo Facebook, para indicar si me gusta o no me gusta cada una de las decisiones a tomar. A lo largo del artículo intentaré hacer un análisis que nos permita sacar conclusiones.

Una de las primeras pruebas a las que se tendría que enfrentar este nuevo sistema sería la elaboración de unos presupuestos. Tendría que ser inicialmente el Gobierno quien elaborara ese presupuesto y a partir de ahí serían los ciudadanos los que decidieran las modificaciones que tienen que sufrir. Creo impensable plantear un presupuesto en blanco y que los ciudadanos lo elaboraran desde cero, al no tener la información suficiente para llevarlo a cabo. Habría que decidir ingresos, qué impuestos serían necesarios, a quién se aplicaría y en qué cantidades, además de hacer una estimación a futuro. Una vez que se conocen los ingresos es hora de avanzar en los gastos. Se deberían incluir primeramente aquellas partidas fijas que tienen las administraciones: nuestro sistema educativo y sanitario se llevaría una gran parte de ello, además de otros que no se pueden eliminar ni recortar. En la actual situación de crisis económica nos podríamos encontrar que con los gastos fijos ya sobrepasamos los ingresos previstos, ante esta situación solo quedarían dos caminos: o aumentar los ingresos, que no siempre funciona a través de la subida de impuestos como estamos viendo ahora, o reducir los gastos. ¿Cuántos ciudadanos estarían dispuestos a proponer subidas de impuestos o recortes en conceptos que les afectan? Como se puede ver, son muchas las variables que intervienen como para conseguir poner en marcha un proceso de participación directa para elaborar los presupuestos; los procesos de presupuestos participativos puestos en marcha en determinadas poblaciones de todo el mundo se han reducido a que los ciudadanos decidieran sobre el destino de determinadas partidas.

Una vez descartada la democracia directa para la elaboración de unos presupuestos, podríamos plantearla para la elección de los distintos cargos de un Gobierno: ministros, secretarios de Estado, directores generales... Abrir un proceso de selección en el que alguien que quisiera optar a un puesto se inscribiría en una lista previamente y serían los ciudadanos a través de su voto los que decidieran quiénes son los elegidos para cada uno de los cargos. Hasta aquí todo parece razonable pero, ¿se imaginan a la hora de gobernar? Cada miembro tomaría las decisiones que considerara más oportunas sin seguir lógica de grupo. Además, el presidente no tendría ninguna capacidad de maniobra sobre las decisiones del grupo al no ser responsable de elegirlos, ni de cesarlos. Por esto es lógico que el presidente decida su equipo y cuando se valore la gestión se valore la de todo el equipo siendo el presidente el responsable de lo bueno y lo malo.

En este mismo sentido algunos pensarán que no son necesarios los representantes sindicales, eliminando de esta forma la negociación colectiva de los convenios y sustituyéndolas por negociaciones individuales, dejándole la responsabilidad de negociación individualmente a cada trabajador de sus condiciones. Esto llevaría a una situación de desigualdad entre los trabajadores, teniendo más posibilidades los que tienen una mayor capacidad de negociación. Desembocaría, por supuesto, en mayor poder del empresario que podría imponer sus condiciones al encontrarse enfrente a la debilidad de la individualidad frente a la fuerza de los colectivos.

En una democracia directa tendrían mucho más poder determinados lobbies con grandes recursos económicos que a través de campañas podrían imponer sus tesis, como se demostró en California, donde en una votación popular para que las petroleras pagasen impuestos por la extracción, ganaron las petroleras gracias a una campaña puesta en marcha por estas.

Al igual que creo que la democracia directa llevaría aparejados más problemas y defectos que la actual, sí apuesto por una democracia participativa, en la que se implique a los ciudadanos en la elaboración de las normas, planes y estrategias, además de todos los asuntos que les afecten, sometiendo a consulta determinados temas de calado y en todo caso cuando suponga un incumplimiento sustancial del programa electoral, pero sin llevarlo a la consulta permanente que solo supone renunciar a la delegación que han hecho los ciudadanos a través de su voto.

Debemos definir un proceso y sistemática de participación permanente que defina cómo llevar a cabo ese proceso de participación, a quién consultar, cómo aportar, cómo incentivar la participación... Un sistema que haga partícipes a los ciudadanos en nuestra democracia y no solo cada cuatro años a través del voto.