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04/01/2017 07:01 CET | Actualizado 04/01/2017 07:01 CET

Por qué se supone que tenemos que odiarnos en enero

PHOTOALTO/ODILON DIMIER VIA GETTY IMAGES

¿Cuántas publicaciones en plan "Año nuevo, vida nueva" has leído en redes sociales esta semana? ¿Y cuántas publicaciones has leído cuyo autor NO intente venderte nada?

En principio, está bien dedicar un momento del año a la reflexión y al cambio, pero, a grandes rasgos, ¿cuántos dejamos todas las decisiones importantes para el 1 de enero? Ninguno. Sería contraproducente a unos niveles ridículos. Pero, por alguna razón, cuando se trata de salud y bienestar, muchos vamos posponiendo el problema hasta que el calendario del marketing nos dice que tenemos que darle prioridad.

Como fundadora de una marca que se dedica principalmente a la venta de prendas deportivas, soy consciente de que debería estar presionándoos para GASTAR, GASTAR Y GASTAR. Enero es un mes en el que es necesario odiarse más que en ningún otro momento del año, para ser extra proactivo a la hora de enmendar todas las cosas que se han hecho mal. Y la forma más fácil de sentirse proactivo pasa por tirar el dinero con el problema detectado.

Da un paso atrás y analiza lo que estás haciendo y por qué. ¿El año pasado te propusiste cambiar lo mismo? En caso afirmativo, ¿por qué tienes que volver a proponértelo? ¿Qué hiciste mal y cómo puedes abordarlo? ¿Por qué no tomaste la decisión en abril, en junio o en noviembre del año pasado si era tan importante? Si el problema está relacionado con la salud -física o mental-, ES importante.

Tendemos a descuidar nuestro propio bienestar, hasta que pasa algo que nos obliga a reaccionar. Por eso, uno de los propósitos de Año Nuevo más habituales es perder peso. La salud está al final de la cola durante los otros 11 meses del año; porque no tenemos tiempo o no estamos motivados o porque el trabajo, el dinero y la familia van primero. Luego llega enero y los medios de comunicación se llenan de planes de 30 días para deshacernos de lo que hemos cogido en las fiestas y, de repente, nos lo recuerdan. Y nos lo recuerdan de la peor forma posible: porque lo más importante no es el cambio sostenible ni el aprecio por el bienestar como la piedra angular fundamental de la vida, sino la penitencia chapucera impulsada por la culpabilidad y la inseguridad.

En una época del año en la que las empresas quieren que seamos impulsivos e irracionales, tenemos que ser instrospectivos y lógicos. El problema no es "me sobran algunos kilos"; el problema es "no estoy contento conmigo mismo y no he sido capaz de hacer algo al respecto". Así que no deberíamos hacernos la pregunta "¿en qué zumo detox voy a malgastar el dinero en enero?", sino "¿qué me ha impedido cuidarme?". Si nos hacemos las preguntas adecuadas, podremos tomar una decisión lógica y planificar un cambio sostenible.

Al hacernos la pregunta adecuada, nos quedará claro que no tenemos por qué esperar hasta enero; y que si volvemos a recaer en los malos hábitos en unos meses, no deberíamos esperar hasta el próximo enero para actuar. También nos daremos cuenta de que no basta con ponerle una tirita -en forma de gimnasio caro o de un par de zapatillas nuevas- al problema, y de que eso es justo lo que quieren que pensemos.

La motivación es importantísima, pero tenemos que asegurarnos de que nos tomamos nuestro tiempo para identificar qué cosas son las que nos motivan. Por cierto, será algo que nos haga sentir empoderados y no esclavizados. Si dejamos que una campaña de marketing oportunista tome las decisiones por nosotros, nos sentiremos esclavizados incluso antes de empezar.

Os deseo un 2017 lleno de éxitos y de cosas que os hagan ser felices y estar sanos.

Este artículo fue publicado originalmente en la edición de Reino Unido de 'The Huffington Post' y ha sido traducido del inglés por Lara Eleno Romero.

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