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15/01/2018 07:29 CET | Actualizado 15/01/2018 07:29 CET

Esta imagen refleja las consecuencias de la cultura del consumo masivo

"Vacíos por dentro y muriendo del exceso, nosotros, los humanos, hemos perdido la capacidad de discernir entre lo provechoso y lo tóxico".

Chris Jordan
En mis ocho viajes a las islas Midway ya he perdido la cuenta de los pájaros que he visto asfixiándose con mecheros, cepillos de dientes, tapones de botellas y demás basura de plástico.

Hice esta foto en las islas Midway (Estados Unidos) hace algo más de ocho años. Desde entonces, no han cambiado muchas cosas para las aves, pero yo aprendí algo que me cambió para siempre.

En este pequeño atolón está teniendo lugar una tragedia: decenas de miles de albatros bebés yacen inertes en el suelo con el estómago repleto de plástico. Sus padres confunden la basura flotante con comida cuando sobrevuelan el contaminadísimo océano Pacífico en busca de sustento. Vuelven a su pequeña isla cargando con multitud de trozos de plástico y, sin saberlo, les proporcionan a sus pequeños unas cantidades letales de estos materiales.

El hecho de que las islas Midway sean tan remotas hace que este fenómeno sea especialmente icónico: las islas se encuentran en el centro del Pacífico, rodeadas por 150 millones de kilómetros cuadrados de mar abierto en todas las direcciones. No hay ningún lugar con tierra firme en el mundo más alejado de cualquier continente.

Para mí, arrodillarme ante estas escenas es como mirar en un espejo macabro. Las islas Midway son el reflejo de las repugnantes consecuencias de nuestra cultura del consumo masivo. Vacíos por dentro y muriendo del exceso, nosotros, los humanos, hemos perdido la capacidad de discernir entre lo provechoso y lo tóxico, tanto para el cuerpo como para el espíritu, la política y la cultura.

En mis ocho viajes a las islas Midway ya he perdido la cuenta de los pájaros que he visto asfixiándose con mecheros, cepillos de dientes, tapones de botellas y demás basura de plástico. He sostenido en mis brazos sus cuerpos, aún suaves y cálidos, invadido por una mezcla de tristeza, rabia y vergüenza. Mediante esa experiencia tuve una revelación: comprendí la verdadera naturaleza del duelo.

Siempre había creído que el duelo era un sentimiento negativo, como el dolor, un sentimiento que había que minimizar y evitar. El duelo parecía parte de la oscuridad, una droga peligrosa de la que era mejor mantenerse lejos. Lo había mantenido a raya toda mi vida, lo concebía como una pendiente resbaladiza y traicionera que podía llevarme directo a un pozo de depresión, ansiedad e impotencia.

He sostenido en mis brazos sus cuerpos, aún suaves y cálidos, invadido por una mezcla de tristeza, rabia y vergüenza.

Los albatros me hicieron ver que el duelo no está en la misma categoría que la tristeza o la desolación. Es una forma de amor por algo que hemos perdido o estamos perdiendo. Si sentimos duelo por otros seres vivos es porque los queremos. Cuando sentimos duelo, no hay fondo. Caemos, pero no en un abismo de desesperanza, sino en un mar abierto cristalino, el enorme océano del amor que todo el mundo tiene en su interior. El duelo es un portal a la parte más íntima de nosotros mismos, el lugar donde reside la sabiduría y la compasión.

El duelo y el amor pueden concebirse como gemelos inseparables. Si mantenemos alejado el duelo, también le estamos cerrando la puerta al amor. Cuando acogemos el duelo, reconectamos con una parte esencial de nuestro ser que llevaba tiempo olvidada. De verdad creo que si pudiéramos reunir el coraje necesario para afrontar a escala mundial nuestro duelo por todo lo que estamos perdiendo en el planeta, lograríamos que regresara el amor y, junto a él, la generosidad, la alegría y la paz. Si cruzáramos todos a una ese portal, a saber cuántos problemas mundiales solucionaríamos en poco tiempo.

Viéndolo así, el mensaje que nos mandan estas aves no es solo de horror y tragedia, sino también de belleza y regeneración. Estos legendarios albatros nos están animando a tomarnos un instante para aceptar juntos el duelo, pero no como un ejercicio de vergüenza y castigo, sino como una forma de hallar el portal que nos servirá de guía.

El fotógrafo y artista Chris Jordan ha dirigido, escrito y editado Albatros, un documental que grabó con su equipo a lo largo de varios años en las islas Midway. El documental Albatros se pondrá a disposición del público esta primavera. Infórmate en www.albatrossthefilm.com.

Este post fue publicado originalmente en el 'HuffPost' Estados Unidos y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.

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