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08/03/2019 07:29 CET | Actualizado 08/03/2019 08:09 CET

No usar ni que nos usen

Vincent West / Reuters

El 8-M las mujeres paramos para darnos voz, a nosotras y a este planeta que habitamos y que agoniza.

Las ecofeministas sabemos que el respeto a la tierra no es posible sin el respeto a las mujeres. Que el ecologismo que necesitamos ha de ser también feminista. Por eso es necesario apoyar las movilizaciones y huelgas del día 8 de marzo.

La huelga de consumo dirige nuestra denuncia hacia el sistema productivo. Nuestra fuerza como consumidoras puede hacer visible nuestra oposición a las actividades económicas que están deteriorando nuestras condiciones de vida.

Nos negamos a apoyar empresas que fortalecen los estereotipos de género (que nos imponen una moda sexista o nos "invitan" a hacernos cargo de la lavadora o los pañales). Nos negamos a apoyar a quienes usan trabajo precario de mujeres (como hace buena parte de la industria textil). Nos negamos a comprar productos que dañan nuestra salud con tóxicos. No queremos dar un euro a quienes se aprovechan de trabajo infantil, torturan animales, a quienes se benefician de la explotación de territorios y pueblos del sur.

El consumo es un problema profundamente feminista, porque la destrucción y deterioro de los recursos naturales se ceba de forma especial en las mujeres. Cada vez más informes muestran este hecho cuando hablan del cambio climático o de la pobreza energética. También al referirse a los efectos de muchos tóxicos relacionados con la salud reproductiva. Las feministas nos queremos enfrentar a estos negocios. Lo hacemos por nosotras pero también por toda la población vulnerable.

Estamos diciendo basta al igual que la tierra dice basta. Nosotras no podemos cargar con más obligaciones y dobles jornadas, el planeta no puede con más basura. Ya no sirve esconderla en una remota isla del Pacífico o barrer la suciedad de nuestras realidades domésticas debajo de la alfombra. Exigimos compromiso, respeto, conciencia, integración e igualdad por parte de los hombres, de la sociedad, de la clase política y del sistema económico. Al igual que la tierra clama por lo mismo, por que entendamos y respetemos sus ciclos, por que asumamos la conciencia de sus límites.

Paremos de cuidar, de ir al trabajo, dejemos de asistir a nuestros centros de enseñanza, y paremos de consumir el día 8 de marzo.

Queremos que se aprenda a valorar y admirar la diversidad de nuestros cuerpos al igual que la diversidad en los ecosistemas. No es saludable este modelo único de mujer que nos vende la publicidad, no lo queremos y lo rechazamos, al igual que rechazamos los monocultivos o la masiva desaparición de especies. Clamamos por una educación ecofeminista que nos abra los ojos a la riqueza de lo diferente.

Nuestros cuerpos y mentes son agredidos, maltratados y violados por el sistema patriarcal neoliberal al igual que la humanidad esquilma sin pudor ninguno los recursos de la tierra, sin entender las consecuencias de ello. Los graves conflictos por los recursos están a la vuelta de la esquina y queremos pararlos antes de que sea demasiado tarde. Aún hay una posible solución y podemos repartir entre todas para tener vidas dignas de ser vividas. Son las vidas y no los beneficios monetarios los que han de colocarse como prioridad.

Cierto es que hay daños irreversibles y al igual que no podremos recuperar a las compañeras asesinadas por causa de las múltiples violencias de género, hay especies y bosques irrecuperables o activistas medioambientales que perdimos en la defensa de los derechos de la tierra. Pero ahora que le hemos puesto conciencia, hagamos que todo esto no sea en vano, ahora que aún estamos a tiempo.

Paremos de cuidar, de ir al trabajo, dejemos de asistir a nuestros centros de enseñanza, y paremos de consumir el día 8 de marzo. Es el símbolo de un comienzo. Repensemos nuestros actos en adelante. Queremos convivir, no usar. Ni que nos usen. Vivir con dignidad en el respeto a la tierra.

Somos muchas aquí fuera, con diferentes colores de piel, diferentes cuerpos y diferentes capacidades, somos diversas. Todas igual de válidas y necesarias como cada especie animal y vegetal que hacemos desaparecer.

Este post ha sido escrito por Patricia San Gregorio y Marta Pascual, integrantes de la Comisión 8-M Madrid y la Comisión de Ecofeminismo de Ecologistas en Acción.