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13/03/2019 07:25 CET | Actualizado 13/03/2019 07:25 CET

Las artistas visionarias (3)

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Paralelamente a las artistas victorianas, nació en 1862 en Estocolmo Hilma at Klint, otra de las artistas más sorprendentes de la historia. Por sus excepcionales cualidades, desde su época juvenil pintó y expuso retratos y paisajes de estilo naturalista. Su historia está muy relacionada con la de Georgina Hougthon, ya que al morir su hermana de tan sólo 10 años, se afanó en el estudio sobre la supervivencia del alma después de la muerte y comenzó a leer con avidez los textos de la célebre teósofa rusa Madame Blavatsky.

Inició sus estudios en una de las pocas instituciones académicas europeas que aceptaban la formación de mujeres, la Real Academia de Bellas Artes de Estocolmo. Hilma con cuatro compañeras que participaban de sus mismas inquietudes, entre las que se encontraba la artista Anna Cassel, formó el grupo de Las Cinco. Organizaron sesiones de espiritismo jugando a la Tabla Parlante, o Güija, para contactar con seres fallecidos, astrales o con supuestos extraterrestres, pero en otras una de las componentes del grupo hacía las funciones de médium, mientras las demás realizaban pinturas y dibujos comunes, canalizando de forma automática los mensajes de los que ellas llamaban "los maestros".

Con esta acción el grupo se anticipó a los "cadáveres exquisitos" que se popularizaron varias décadas después en el movimiento surrealista. Las Cinco se reunían semanalmente en sesiones esotéricas pintando en estado de trance o semiinconsciencia. Según explicó la propia Hilma en sus diarios, establecían esos contactos con habitantes de otros planos astrales, unos seres superiores que les indicaban la importancia de los dibujos que realizaban, insistiendo en la obligación de conservarlos.

Una vez disuelto el grupo, Hilma decidió continuar su camino artístico y espiritual en solitario y en el más absoluto de los secretos, mientras públicamente seguía realizando retratos y paisajes que eran muy apreciados.

A día de hoy se hace necesaria una revisión objetiva y rigurosa de la historia del arte que ponga en valor el trabajo que desde hace siglos vienen haciendo mujeres artistas.

Murió en un accidente aéreo cuando estaba a punto de cumplir 81 años, en su testamento dejó escrito que la serie de pinturas que había realizado bajo inspiración espiritual no debían descubrirse hasta veinte años después de su fallecimiento. Sus cuadros, todos de gran formato, permanecieron casi abandonados en un cajón de madera en un depósito de Estocolmo durante más de cuatro décadas. Cuando finalmente se pudieron contemplar, la sorpresa fue total. Nuevamente, al igual que Georgina Hougthon, las obras que realizó se adelantaron en el tiempo a las de Wassily Kandinsky, Piet Mondrian o Kazimir Malevich, que a día de hoy aún son considerados como los precursores del arte abstracto.

En el continente americano también existen ejemplos, concretamente en México, mucha de la producción de la autodidacta Chelo Amezcúa reproduce mundos ocultos en dimensiones superpuestas, en las que trabajaba incansablemente siempre durante las noches y ayudada por energías externas.

Al margen de las experiencias que movieron a Hildegard Von Bingen, Ángeles Santos Torroella, Séraphine Louise, Georgina Hougthon, Magde Gill, Hilma at Klint o Chelo Mezcúa hacia la plástica, a día de hoy se hace necesaria una revisión objetiva y rigurosa de la historia del arte que ponga en valor el trabajo que desde hace siglos vienen haciendo mujeres artistas.

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