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02/07/2018 07:29 CEST | Actualizado 02/07/2018 07:29 CEST

Fjallraven Kanken: tiempos del cliché (el mito nórdico)

https://www.fjallraven.com

Basta con decirles Kanken, pues el resto de su nombre es impronunciable en español. Se trata de las mochilas de origen sueco que empezaron a verse cada más seguido en las espaldas del ciudadano occidental. Primero en una élite, generalmente progresista, ya que eran demasiado caras para una mochila de trajín diario y con ínfulas de vida austera anti capitalista. Hoy cuestan la mitad - aún demasiado (al menos en sudamérica) para un bolso de tela de parka – y ya aparecieron las copias.

El fenómeno se explica porque el objeto pasó a ser una mitología; si el relato de los noventa se llamaba McDonalds, hoy se llama Kanken: el mito nórdico.

Fue tras las revueltas de principios de esta década, como Occupy Wall Street, el movimiento de los indignados en España o nuestra "primavera chilena" con el movimiento estudiantil de 2011, que se cristalizó la sospecha de que la globalización a la sombra yankee era una trampa y comenzamos a querer ser finlandeses. Pero de estos estallidos que reivindicaban derechos sociales, nos quedaron algunas reformas inacabadas, Donald Trump y un cliché sueco. Eso es finalmente Kanken, el señuelo de lo nuevo, pero envasado en algo que ya está escrito.

Un cliché le cae como anillo al dedo a la angustia que acompaña los momentos de cambio

Un cliché le cae como anillo al dedo a la angustia que acompaña los momentos de cambio. Frente a la caída de un sentido u ordenamiento, la respuesta estereotipada da una orientación. Es lo que ocurre en la vida individual cuando a nuestras crisis les respondemos con palabras ajenas. Fórmula que por un lado brinda alivio al agujero que abre la angustia, pero lo cubre con un espejismo-cliché que convoca otra zozobra: la maldita ansiedad. La trampa del cliché es que por un lado se quiere tanto, pero por otro, para nada; por eso es un entretenimiento a las ansias y un fracaso garantizado.

Cliché son las imágenes repetidas tras un despecho amoroso, que replican un repertorio estándar para evitar las particularidades del dolor propio. También lo son las salidas que, frente al encuentro con la muerte y sus metáforas, se vuelven fetichistas, es decir, concentran toda la incertidumbre de lo abierto en un sentido único y sobrecargado: ir tras la chica joven, hacerse budista, operarse la nariz o subir la montaña. Quizá la peor forma de los clichés es aquella que está ahí para ahorrase la pregunta – y el deber – de inventarse una vida, reduciéndose al consumo de tecnologías para encontrarse a sí mismo. Puro Kanken, lo nuevo impropio.

Las revoluciones se dan en los lugares más inesperados

Si el autoengaño del cliché se soporta, incluso de manera colectiva, es porque es una defensa, un nudo que amarra los hilos sueltos. Por ejemplo, irónicamente en momentos en que la familia deja de tener como protagonista el autoritarismo patriarcal, aparece otro padre feroz: los manuales de crianza. Asimismo, la proliferación hasta el absurdo de literatura de autoayuda, revelan la ansiedad de comprar el método para aprender a vivir. Con la espiritualidad ocurre algo similar. Algunos se ríen de la fe en Dios del mundo que cae, pero en un dos por tres establecen unas relaciones inéditas para explicar el universo completo, relacionando la menstruación con el signo astrológico, el aloe vera y los meteoritos. Dicen que Einstein se pasó la vida intentando encontrar la relación entre el modelo de la relatividad y el cuántico, pero resulta que la espiritualidad Kanken lo hizo en un parpadeo.

¿Creemos realmente en esos artilugios? La eficacia del cliché es que hace repetir algo, aunque no se crea en ello.

Kanken es lo que no cambia nada. Es la indignación fácil, la periodista de TV enojada, la linealidad del odio a los que hay que odiar. ¡Tan fácil que es hoy ser héroe o villano! Basta apretar las teclas sabidas.

Hoy los padres simbólicos de la cultura tambalean y en su lugar aparece otro poder: lo dicho, lo que cierra, el estereotipo. Estamos en tiempos de cliché. Mientras que la belleza, la creación, el humor y el amor existen sólo ahí donde puede haber algo de vacío, de duda, para que una nueva escritura brote. Las revoluciones se dan en los lugares más inesperados.

Este artículo se publicó originalmente en www.latercera.com