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16/09/2013 07:30 CEST | Actualizado 15/11/2013 11:12 CET

Demasiadas palabras sobre Siria

Pese a las tremendas dificultades, todavía la retórica acompaña a la diplomacia y la opción de que Siria entregue sus armas sigue encima de la mesa, abriendo, por primera vez en muchos meses, un atisbo de esperanza a una futura solución. Una solución que, en cualquier caso, se prevé lejana

Buena parte de la opinión pública mundial, ¡incluso las bolsas!, han recibido con optimismo la propuesta rusa de que Siria entregue su arsenal químico y evitar así un ataque sobre su territorio. La verdad es que ese tomar por los pelos un comentario de John Kerry y erigirse en adalid de la diplomacia ha pillado por sorpresa a todos.

Los expertos, sin embargo, son bastante escépticos con la viabilidad de la solución. Unos no se fían de la sinceridad de Bachar al Asad; otros, de la de Estados Unidos. Al fin y al cabo, Sadam Hussein no tenía armas de destrucción masiva y le bombardearon, y a Gaddafi, que las tenía pero las entregó todas, acabaron bombardeándole también. Unos piensan que es solo una táctica ruso-siria para ganar tiempo y evitar una acción que parecía inminente; los rebeldes, por su parte, no quieren ni oír hablar del tema, pues confían en que un castigo militar les permita recuperar parte del fuelle perdido.

Pese a las tremendas dificultades, todavía la retórica acompaña a la diplomacia y la opción sigue encima de la mesa, abriendo, por primera vez en muchos meses, un atisbo de esperanza a una futura solución. Una solución que, en cualquier caso, se prevé lejana. Si, como ha anunciado Bachar el Asad, el régimen realmente desea sumarse a la Convención internacional contra las Armas Químicas, pasará mucho tiempo hasta que la entrega se pueda materializar y verificar. Si luego se pretende iniciar una negociación política, costará definir quiénes podrán participar, en un conflicto en el que no acaban de estar claros unos interlocutores que ni se reconocen entre ellos.

Pase lo que pase, una de las virtudes de la iniciativa rusa ha sido la de recuperar no sólo la esperanza, sino también el interés en todo el mundo. En realidad la re-movilización del interés comenzó con la amenaza de ataque por parte de Obama, con una calle global totalmente en contra, ya fuera en el propio Estados Unidos, en Europa o en los países árabes.

Porque si la guerra en Siria se ha enquistado sobre el terreno, corría también el peligro de hacerlo en las pantallas de los espectadores. Mientras políticos y diplomáticos discuten por los pasillos enmoquetados y se reúnen en pomposas salas, la situación no deja de deteriorarse cada día, y de tornarse más y más compleja. Es difícil para el ciudadano medio entender nada; es difícil saber quiénes son "los buenos" y quiénes "los malos".

Ante el goteo incesante de imágenes de muerte y destrucción, empezamos a volver la mirada a otro lado. Aunque pensamos que la Historia ha ido aprendiendo de los errores pasados -Ruanda, Balcanes...- , es posible que nos hayamos inmunizado contra el horror. Estamos desalentados por toda la hipocresía detrás de los dobles raseros y los intereses nacionales, y por la incapacidad de la famosa comunidad internacional de hacer algo para parar la sangría. Y atónitos ante el juego de freno y marcha atrás de líderes que amenazan, dicen que van a hacer pero no saben qué y luego no hacen, eso sí, siempre pensando en sus propios votantes.

Es paradójico, por ejemplo, cómo las televisiones de Estados Unidos han estado mostrando machaconamente las imágenes de los niños gaseados en Damasco, unos vomitando espuma, otros rígidos ya sobre el frío suelo de la morgue, mientras sus estrictas normas impiden que los editores muestren a los soldados norteamericanos heridos o muertos en combate. Barack Obama tenía que convencer a sus conciudadanos del deber "moral" de su país de atacar al régimen sirio.

Hace unos días, una de las principales redes de movilización global online, Avaaz, lanzó una campaña para pedir a Obama y a Rohani, el nuevo presidente de Irán, que se sienten a hablar y que reúnan a las distintas partes en conflicto. Putin y Lavrov se les han adelantado, pero todo ello es una muestra más de que el mundo ya es otro; que hay otros actores que tienen voz, voto y ganas de figurar en este nuevo escenario global; y que estamos asistiendo, también, a las correspondientes tomas de posiciones en una lucha por un liderazgo mundial ahora difuso.

De momento, palabras y más palabras, mientras en Siria, unos y otros siguen cometiendo atrocidades. Ojalá las palabras acaben culminando en el hecho concreto de la paz, aunque ese día parece aún muy lejano.

#CuandoElDescansoEsUnSueño