BLOGS
22/08/2012 09:11 CEST | Actualizado 21/10/2012 11:12 CEST

Plagio

Una de las noticias de este verano que más me ha impresionado, y que ha pasado bastante desapercibida, es la de la suspensión temporal de las colaboraciones de Fareed Zakaria en la revista Time y en CNN, acusado de calcar un artículo de The New Yorker.

Una de las noticias de este verano que más me ha impresionado, y que ha pasado bastante desapercibida, es la de la suspensión temporal de las colaboraciones de Fareed Zakaria en la revista Time y en CNN, acusado de plagio. En su última columna había utilizado argumentos y palabras calcados de un artículo sobre el control de armas publicado en The New Yorker. El periodista ha admitido su error y se ha disculpado en un comunicado.

Mi admirado Fareed Zakaria. Precisamente hace unos días compartía yo con amigos y tuiteros su discurso en la ceremonia de graduación de Harvard de este año, un canto al optimismo, a las posibilidades del ser humano -y americano- y a las bondades de la globalización. Nacido en Bombay pero criado intelectualmente en Estados Unidos, este experto en relaciones internacionales que ha desarrollado buena parte de su carrera en prestigiosos medios de comunicación se ha convertido en los últimos años en una de las referencias del pensamiento global. Si su paso al frente de Newsweek durante diez años le colocó en una plataforma privilegiada, su programa en CNN, Global Public Square, es una cita obligada para los que quieran comprender el estado del mundo.

Así que no dejo de preguntarme, ¿qué necesidad tenía Zakaria de copiar a nadie? Ni idea. Pero en este circo en el que se ha convertido la relación política-medios, en el que el espectáculo está por encima de casi todo, los comentaristas políticos se ven obligados (o así lo creen ellos) a comportarse como auténticos deportistas olímpicos y a reaccionar más rápido, hablar más alto, y tratar de influir con más fuerza en sus audiencias. Mucho más en estos tiempos de dispersión, en los que ningún medio tiene garantizada la supremacía y en los que la competencia por un minuto de atención es feroz. De ahí el tener que buscar continuamente temas y argumentos con los que ser más originales y aportar ideas con los que ilustrar a lectores o espectadores, aunque en ocasiones, como esta, sin citar la fuente.

Es un fenómeno general, que en España se ha visto agudizado por la proliferación de las tertulias (un formato ágil y bastante económico), en el que predominan los todólogos, especialistas en nada -en política nacional, a lo sumo-, pero opinadores de todo, a menudo con una importante carga ideológica. Esto ha contribuido, en parte, a la escasa calidad del debate que existe en nuestro país.

¿Habrá pesado también en Zakaria cierta sensación de impunidad? El poder, la capacidad de influir a los demás con las opiniones propias, puede hace perder a menudo determinadas referencias. Es llamativo que el texto plagiado no procedía de ningún oscuro documento publicado por un desconocido think tank, sino de The New Yorker, una de las biblias de la intelectualidad estadounidense. No son muchos por otra parte los que han alcanzado ese grado de influencia -ya sea nacional o global-, pero a veces da la impresión de que la ejercen con cierta irresponsabilidad. Recordemos si no la reacción de los mercados hace pocos meses ante la simple mención del término corralito, referido a España, por el aclamado Paul Krugman.

Pese a todo ello, el papel del pensador, del intelectual, es hoy más necesario que nunca. Frente a la superficialidad y la inmediatez, facilitada también por la dispersión de medios, la crisis -económica, de valores, de nuevas propuestas- sólo puede ser combatida con una reflexión profunda que a su vez genere ideas sólidas y realizables.

PD: Cinco días después de haber apartado temporalmente de sus actividades a Fareed Zakaria, el grupo Time emitió un comunicado con el resultado de su propia investigación interna. Confirmaba que este episodio había sido un caso aislado en la carrera del periodista, causado al parecer por una equivocación en las notas de referencia, por el cual él había pedido disculpas públicas, y que a partir de septiembre retomaba su columna y su programa.